SALUD DEMOCRÁTICA
Y HONOR ESPAÑOL
La Tiranía nace de la Democracia cuando el pueblo confunde la Libertad con el Libertinaje y el desprecio con las leyes (Platón).
Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma es sólo de Dios (Calderón)
Tengo repetido que considero que, en términos sociales de soberanía, la sociedad (el “pueblo”) es la única titular de la misma. Sería la esencia de la Democracia. Otra cosa es la forma más clara y eficaz con que la sociedad (el pueblo), ejerza su soberanía.
Tengo también repetido que el modo de ejercerla mediante un sistema de representación a través de partidos políticos que elaboran listas electorales cerradas (para obligar a que al votante le represente un partido y no individuos), mediante un sistema interno de poder piramidal que hace que las tales listas electorales las apruebe el jefe de cada partido, es un método indeseable: el ciudadano queda tan alejado (e ignorado) del ejercicio de su soberanía que, en la práctica, queda sustituido, suplantado por unas organizaciones que, además, cínicamente reconocen que los “programas electorales” (el compromiso contractual del representante), están “hechos para no cumplirlos”. ¿Qué queda pues de aquella “soberanía social” (o popular) ?: un puro “paripé”.
El supuesto soberano (ciudadano) ni elige a “su” representante (no le puede premiar, recriminar o despedir) ni suscribe con él un contrato válido, porque no está sujeto a cumplimiento. Ni tampoco evita que el partido político votado pacte con otro que repugne al votante hasta la naúsea. El sistema electoral permite y considera legales a agrupaciones, partidos, en cuya esencia está tener a España como enemigo, lo que no impide que la represente: ¡representar (y cobrar la representación) al enemigo! Incongruencia brutal y fatal.
La perversión del sistema democrático es tal que digo rotundamente que en España carecemos de un régimen democrático. No existe impedimento alguno para que el gobernante elegido por los partidos actúe contra el interés común de la sociedad (del pueblo).
¿Qué es en realidad el régimen político de España? Quizás algo muy parecido a una dictadura de partidos políticos que pueden tener como meta la destrucción de España (sea en directo o colateralmente).
Queda por tanto la sociedad (el pueblo) marginado totalmente de la soberanía, salvo la teatralizacion del voto ciudadano cada cuatro años.
La cuestión por tanto queda reducida a una lucha por el PODER entre los partidos políticos legales (aunque sean totalmente ilegítimos).
En tal lucha toman relevancia los escaños, o sea, el número de “representantes” que, mediante la curiosa técnica de la ley D’Hondt (fórmula ingeniosa que traduce en escaños los votos obtenidos) determina los diputados y senadores siempre agrupados por partidos. ¿Qué relación final existe entre el votante y el escaño?: tiende a cero, o cero absoluto. ¿Qué relación hay entre cada votante y el presidente del gobierno, elegido por los escaños del Parlamento?: cero.
Como el sistema no está ideado para la participación real ciudadana sino para que alguien detente el poder, la soberanía real sobre el Estado mediante los mecanismos de partidos y fórmulas matemáticas ya dichas, ignoremos desde ahora a la sociedad (al pueblo), no solo ajena al sistema político, sino desarmada en la práctica para corregir sus posibles excesos o ataques contra la libertad de los ciudadanos, de la sociedad (del pueblo).
De hecho, ya tenemos asumido como normal que el del poder, el presidente del gobierno tenga que esconderse en los espacios públicos de la voz (insulto incluso) de la sociedad (del pueblo). Lógicamente le importa un comino porque su poder no se lo entrega la sociedad (el pueblo), aunque sí le moleste la “mala imagen” que los vídeos puedan dar (por ejemplo, que le identifiquen como “el galgo de Paiporta’ por su ligereza al salir huyendo de las doloridas protestas ciudadanas).
En el sistema, repito, solo importa el número de escaños dominados, escaños aliados y escaños con capacidad de influir en el poder. De hecho, que un partido obtenga el mayor número de votos ciudadanos es absolutamente indiferente para el sistema político que nos rige y somete. O que, quien jamás haya ganado una votación, se logre instalar en el poder con pretensión de omnímodo.
También significa que 1 diputado (de un total de 350) y 2 senadores (entre 266) que tiene Ceuta, son políticamente DESPRECIABLES. Y se pone trágicamente de manifiesto cuando en esa ciudad de España sufrimos una súbita y pavorosa invasión extranjera de más de 70 mil personas y el poder político decide no hacer nada.
Lo aparentemente inexplicable (dejación del deber de control y defensa de fronteras y de garantizar los derechos y la seguridad de los ciudadanos), creo que sí puede tener explicación aún siendo profundamente maligna:
a) Desprecio total a una comunidad que sólo puede aportar 1 diputado y 2 senadores. Confirmación de que una comunidad “vale lo que pesa en escaños”.
b) Permisión, o incluso participación de un gobierno impopular en unos hechos que procuren progresivamente sorpresa, miedo, angustia, tensión y violencia física de gravedad suficiente que justifique al jefe del gobierno dejar en suspenso la convocatoria de elecciones generales. Amarrar el poder.
No es menos cierto que hay apariencias sobradas de que el actual poder político esté realizando las manipulaciones legales necesarias para modificar el censo electoral (al amparo de la “ley de nietos”). Escuché a un comunicador poner en boca del gobernante que “si estos electores no me quieren, busco a quienes me quieran y les hago electores”; es muy probable que no anduviera descaminado. Esta hipótesis puede perfectamente correr en paralelo, son alternativas a la suspensión electoral por causas que el jefe del Gobierno estime graves. Entraríamos de lleno en el campo de la alta traición.
Hemos vivido ya la experiencia de que el jefe del gobierno marchó a disfrutar de sus vacaciones porque no consideró que el asalto e invasión de 80 mil extranjeros a una ciudad española de 80 mil habitantes revestía un grado de gravedad que mereciera suspender sus vacaciones y que congelase toda actuación del Estado hasta darlas por acabadas en un mes. Sus acólitos y perrillos diversos asumieron y calcaron el comportamiento, a excepción de alguna pequeña pantomima de visitas fugaces de perrillos que no restaron un ápice de angustia y encarcelamiento a la ciudadanía asaltada y sometida.
¡Ah, el ejército de España, acuartelado, salvo escasísimos pelotones desarmados y ultrajados por invasores violentos sin capacidad para defenderse ni a sí mismos! Algún descerebrado tuvo éxito social hace tiempo pretendiendo la histórica transformación de un ejército militar en una organización humanitaria. El caos mental de algunos prende a veces en partes amorfas de la sociedad, sin capacidad de discernir entre una mula, una mesa camilla y el reflejo en el agua de un rayo de luna.
Hoy, un mes y medio tras la invasión, se estima (¡sin datos!) en más de 15 mil invasores extranjeros ocupando la ciudad de Ceuta:
en hacinamiento totalmente descontrolado
absoluta falta de seguridad
sanidad colapsada y empeorando
insalubridad total
tráfico evidente de hachís (potente psicótico)
centro de tráfico de drogas el el barrio El Príncipe
sin plan (conocido) de permanencia
Estoy totalmente con don Juan José Vivas, el presidente de Ceuta: luchar y salvar a Ceuta es luchar y salvar a España.
El gobierno de España ha ido cegando casi todas las salidas hacia la normalidad de Ceuta. Parece que pretenda dejar como salida única la violencia. Urge que la Justicia tome cartas en el asunto, juzgue y, en caso de coincidir con mi propio juicio, condene como corresponda a quienes han atentado y siguen atentando contra la sociedad (pueblo) española, poniendo fin a lo que lleva un inequívoco camino de destrucción social de España.
Para eso no es obstáculo ni cortapisa el que nuestro sistema político no sea democrático. Pero sí es imprescindible tener el coraje donde se debe para preservar el honor, la dignidad y buena salud de nuestra sociedad (pueblo).
CM
15-9-2026


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