miércoles, 5 de agosto de 2026

 CEUTA, INVASIÓN Y AUXILIO

 





La invasión de Ceuta por unas 50 mil personas procedentes de Marruecos ha puesto en evidencia la inexistencia de gobierno en España. No es, por desgracia, la primera demostración de desgobierno ante una situación muy grave, pero sí la primera que no motivó la naturaleza sino la acción directa o indirecta de un país vecino, Marruecos, que desde 1956 reclama la ciudad española de Ceuta (y Melilla) como propia. Somos vecinos y como tales hemos de cuidar nuestras relaciones, pero ninguno somos súbdito del otro. Ni lo somos de ningún otro país, poderoso o no.

Quien debiera ser el gobierno (al que pagamos por ello y le cedemos que nos administre) ha declinado cualquier tipo de responsabilidad: ni en su prevención, ni en las consecuencias. Estamos por tanto de acuerdo: no gobierna España.

Si no renuncia formalmente y desaloja de inmediato nuestras propiedades y persiste en seguir cobrando y manejando nuestras rentas y patrimonio, incurrirá inmediatamente en cualquier delito penal que suponga la apropiación de bienes ajenos.

Para mí es indiscutible que quienes cobran y actúan por lo que no hacen, hay que cesarlos y juzgarlos.

Lo que nos sitúa en otro problema. Somos un pueblo de difícil gobierno (debe estar en nuestra sangre). Personalmente opto por gobernarnos a nosotros mismos (democracia), para lo que debemos hacer un importante ejercicio previo que demuestre que somos capaces.

Tengo más que dudas de que el “sistema representativo mediante partidos políticos” en que expreso mi voluntad emitiendo un voto a una “lista de nombres cerrada, en bloque, elaborada por cada partido”, responda a mi concepto de democracia. Es más, me atrevo a asegurar que no me siento representado: es el que venimos usando y, sin duda, no da ninguna opción a que el ciudadano vote a “su” representante (ni siquiera sabe nada de más del 90% de quienes están en las listas), por lo que, naturalmente, no responde ante su votante. Se añade que demostrado está que los participantes en un partido político no son capaces de colaborar con los de distinta formación: ninguno defiende nuestro “interés común”; defienden todos “sus” particulares intereses personales o gremiales. Se añade otro factor no despreciable: los ciudadanos no somos iguales ante la ley, los “políticos” gozan de unas especialísimas prerrogativas (y, recientemente, también sus familiares).





Planteo por tanto tres problemas de compleja o delicada solución:

1- Quienes ostentan hoy el título de gobernantes de España deben cesar de inmediato. Creo que no lo harán voluntariamente. Es más, estoy convencido de que acudirán a todo, bueno, regular y malo para no dejar el poder que les dan nuestros dineros y patrimonio y nuestra representación oficial (“gobierno de España”, ahí es nada).

    Luego, hemos de encontrar aquellas fórmulas jurídicas que permitan echarlos por la fuerza (una de las “grandezas” del Derecho es su “flexibilidad”, que no hace tantos años permitió pasar de un tipo de régimen, al contrario, dentro de la ley) sin quebrantar “nuestro Estado de Derecho”. Juristas nos sobran (titulados e indocumentados) y algunos excelentes.

2- Propongo un sistema realmente democrático, no sometido a los partidos políticos, que permita a cada ciudadano elegir a quien sus entendederas mejor le dirijan y permitan, por tanto, premiarle o cesarle conforme cumpla con su mandato: el ciudadano debe mandar sobre el gobernante, lo contrario es aberrante desde un punto de vista democrático.

3- Nuestras fuerzas de seguridad y ejército tienen la obligación, por ley y por honor, de “repeler la invasión”, como garantes que son de la soberanía nacional. Se concreta en identificar a todos los invasores y “reintegrarlos” al país desde el que nos invadieron:: Marruecos. Claro que, la atención y cuidado de los menores requerirá del esmero, delicadeza y especial consideración que su edad exige, pero, o tienen familia en Marruecos, o el gobierno de ese país deberá de hacerse cargo de las pesquisas necesarias y, en su caso, de la obligada protección.

 

CM

5-8-2026

 


martes, 4 de agosto de 2026

 EN GADIR COMENZÓ TODO

 







Sobre 1.100 a.C., unos fenicios procedentes de Tiro fundaron la más antigua ciudad de Occidente: GADIR (Cádiz), “recinto amurallado”, sobre un archipiélago de pequeñas islas (Erytheia y Kotinousa). Allí levantaron un célebre templo dedicado al dios Melkart (el Hércules de los griegos).

Los fenicios, los grandes navegantes del Mediterráneo, eran un pueblo comerciante que encontraron el lugar idóneo para aprovisionarse y comerciar con cobre, plata, plomo, oro y estaño, al tiempo que era la puerta de entrada al océano Atlántico.

El impacto en el territorio fue formidable, introduciendo:

-      La metalurgia del hierro,

-      La escritura alfabética,

-      Técnicas agrícolas,

-      El urbanismo.






Pacíficamente comerciaron y se mezclaron con los tartesios, inicialmente establecidos en las márgenes del río Tartessos (Betis para los romanos y hoy Guadalquivir). La civilización Tartesia fue una de las civilizaciones más antiguas de las que los griegos tuvieron conocimiento. Establecida originalmente en el oeste de Andalucía y extendida después hacia Extremadura y Portugal, tenía una importante ganadería, agricultura y minería. Las élites tartésicas, de la mano de los fenicios, adoptaron el lujo, la escritura, la moda y costumbres funerarias de Oriente.

 






Emigrantes fenicios fundaron en el norte de África la ciudad de Cartago a finales del siglo IX a.C. La ciudad se independizó tras la caída de Tiro en 574 a.C. y desarrolló un poderoso Estado rivalizando con Ciudades-Estado griegas y, siglos más tarde, con la República Romana. La hegemonía en el Mediterráneo enfrentó a Roma y Cartago en las tres “Guerras Púnicas”. En la segunda, el prestigioso cartaginés Aníbal ganó varias batallas, pero el general romano Escipión el Africano llevó la guerra a África, y ganó la definitiva batalla de Zama en el 202 a.C.






Gádir (Gades romana) pasó a manos de la República Romana tras la Segunda Guerra Púnica (201 a.C.) y vivió una época de gran esplendor y riqueza gracias a su alianza con Roma y el comercio marítimo. Julio César otorgó la ciudadanía romana a sus habitantes que llegaron a tener cientos de miembros “equites” (caballeros). De la época quedan restos del Teatro Romano del siglo I a.C. con capacidad para unas diez mil personas. Gran parte de su economía dependía de la pesca y de la afamada salsa de pescado llamada “garum”, exportada a todo el imperio. El Acueducto Romano transportaba el agua de los manantiales situados a 75 kilómetros.

 





Los visigodos no eran gente de mar ni tenían interés alguno por la navegación. La consecuencia es que Gadir (Gades Romana) perdió su interés estratégico y comercial. La ciudad se encogió y se amuralló para protegerse de la constante piratería de la época.

Abruptamente, en el 711 pasó a llamarse Qādis. Bereberes y árabes al mando de Tariq derrotaron al ejército visigodo del rey Rodrigo.






Tras la batalla, Qādis adquirió importancia como puerta de entrada militar de África a la península Ibérica. En 712, Musa desembarcó con un importante contingente militar que marchó hacia Sevilla y Mérida. En 716 se estableció de forma definitiva la administración del territorio, bautizado como Al-Andalus.

El poder islámico priorizó los asentamientos agrícolas e interiores. Qādis quedó como una pequeña villa fortificada, pesquera y defensiva de la costa. Se desmantelaron los restos monumentales de la antigüedad. Bajo el dominio almorávide y almohade (siglos XI al XIII), la ciudad recuperó su dinámica comercial y relevancia defensiva.

 






La ciudad permaneció bajo el poder musulmán durante cinco siglos hasta que fue tomada por la Corona de Castilla en 1.262, en el reinado de Alfonso X el Sabio, y repoblada principalmente con oriundos de Santander, Laredo y Castro Urdiales. Cambió su nombre por el de Cádiz, que se ha mantenido hasta la actualidad. Comenzó a crecer y prosperar y se impulsó el puerto convertido en clave para el comercio atlántico. La antigua mezquita mayor se transformó en la primera iglesia catedral y se estableció de nuevo la sede episcopal. Fue muy afectada por la piratería norteafricana y la proximidad del estrecho de Gibraltar, altamente conflictivo. Fue punto de partida de la exploración y conquista de Canarias. Se aumentaron las murallas y fortificaciones.

La mayoría de la población era cristiana, además de mudéjares (musulmanes bajo dominio cristiano) y judíos.

La vida cotidiana giraba entorno a la pesca y un incipiente comercio (atún, sal y aceite) con ciudades andaluzas y del norte de África. El puerto emergió como alternativa al puerto de Sevilla.

 







En el siglo XV fue ganando protagonismo. Y el Descubrimiento de América le supuso a la ciudad un papel determinante como puerto atlántico de primer nivel.

Cádiz se transformó en un gran puerto atlántico, clave para el comercio con el Nuevo Mundo. En 1.717 fue designada sede definitiva de la Casa de la Contratación: centro del comercio y finanzas con América. Ello impulsó su edad de oro económica y cultural. Los ricos comerciantes construyeron torres para vigilar la llegada de sus barcos cargados de mercancías.

En defensa de su riqueza se construyeron fuertes murallas y defensas contra muy diversos ataques. En arquitectura se construyeron casas señoriales y palacios. Llegó a ser tal la riqueza del tráfico con América desde 1.520 que los barcos se organizaron en flotas. Estas flotas salían con destino a Vera-Cruz (México) y Cartagena de Indias (Colombia). Fueron conocidas como “Flotas de Indias”. Rivalizaba con Sevilla por el monopolio de ese comercio. Al ser cada vez mayor el tonelaje y calado de los buques, a lo largo del siglo XVII, el puerto de Cádiz fue desplazando al de Sevilla. Gran parte de su patrimonio civil y religioso procede de esa época.






Además del enorme tráfico comercial se produjo un profundo intercambio cultural con América. Tal relación tuvo gran relevancia durante las Cortes de Cádiz (1.810-1.814) con destacado papel de los diputados americanos.

El modelo gaditano de ciudad portuaria alcanza su apogeo demográfico y económico entre 1.760 y 1.790. Aunque en 1.778 se produce la liberación del comercio español con América, el puerto de Cádiz continuó siendo durante décadas el de mayor movimiento mercantil de la Península.

Pero a partir de 1.790, los bloqueos del puerto, la invasión francesa, la salida de importantes comerciantes y la disolución de compañías extranjeras o mixtas, a más de las guerras de independencia americana, impidieron mantener la ciudad en los niveles de renta y empleo logrados en el siglo XVIII. El tiempo de las glorias vinculadas al modelo monopolístico y al comercio hispanoamericano habían acabado.

Cádiz aguantó el asedio de las tropas francesas entre 1.810-1.812, defendida por doce mil soldados españoles más tropas británicas y portuguesas.







La “Pepa”, primera constitución liberal y democrática se aprueba en Cádiz en 1.812, convirtiéndose la ciudad en símbolo de la libertad en España con la aportación de ideas nuevas: soberanía nacional, división de poderes y derechos de los ciudadanos. Mantuvo un fuerte carácter progresista y revolucionario durante todo el siglo.

Tras el desastre colonial de 1.898 inició su decadencia. A lo largo del siglo XX pasó de un puerto en declive a buscar nuevos espacios de crecimiento. La retirada de parte de las murallas permitió la expansión de la ciudad que fue desordenada por la escasez de suelo y porque la propiedad del mismo no estaba siempre clara.

En 1.947 explotó el polvorín de la Armada (200 toneladas de explosivos) que produjo 152 muertos, más de 5 mil heridos y dejó sin vivienda a un gran número de personas y obligó a un retorno de una importante población al casco antiguo con la consiguiente aglomeración.

La ciudad alcanzó su pico demográfico en 1981, casi 157 mil habitantes. Hoy entorno a 110 mil.







El motor industrial fueron los astilleros y el puerto con la posterior reconversión del sector naval. Se redujo el peso militar en la ciudad, abriéndose espacios culturales y administrativos. El turismo toma un peso fundamental en su economía.

La inversión pública lleva décadas siendo el motor económico de Cádiz. Las principales contribuciones a la producción:

      17,5% del PIB, los recursos marinos

      8,9% el turismo costero y náutico

      6,8% la construcción y reparación naval.







Gádir, Gades, Qādis o Cádiz, siempre asomada al mar, siempre en el mar, depósito de las más variadas y ricas culturas, alma comerciante y libre seguirá siendo, esta “condenada” a ser, la ciudad del mar, de las mil culturas, de la hermandad americana y de la libertad.



© Fátima Martinez


© Fátima Martínez


Mientras, sigamos aturdiéndonos contemplando cómo el sol se acuesta cada día en el horizonte del mar, camino de las Américas.

 

CM

3-8-2026