sábado, 8 de agosto de 2026

 CULTURA EUROPEA

 





Algunos de los del “patinete mental” (los progres puros) han impuesto que la historia de Europa, y, por tanto, la de España, nació con la Revolución Francesa. Antes, la nada.

Es natural que las jóvenes generaciones, víctimas de tan excéntrica “educación”, tengan serias dificultades para asirse a vínculos colectivos más allá de un horizonte inmediato. O incluso que no existan argamasas de unión grupal con una cierta estabilidad.

Claro que importa el sólo hecho de que sea una concepción basada en la mentira. Pero, además, deja a los “nuevos europeos” en una perplejidad profunda cuando su naturaleza les impulsa a plantearse “porqués” que carecen de respuesta.





“Libertad, igualdad y fraternidad” es un lema profundamente atractivo que ofrece una propuesta de convivencia ideal. La Revolución Francesa de 1789 tomó el lema de “Anenturas de Telémaco”, libro publicado por   François de Salignac, teólogo católico,  en 1699. Paradójicamente, sin embargo, ha conducido a simplificaciones y falsedades que impiden una conciencia común.

Para progresar hacia la libertad, parece evidente que los logros materiales son fundamentales. Pero no suficientes. Porque, al no existir una meta, la lucha por la libertad se vuelve sometimiento, ausencia de libertad. Es innegable que disponer de todos los bienes materiales que el ser humano precisa, es una condición para ser libres. Pero hay una doble vía para llegar a la meta.

Una conduce a un pozo sin fondo: más casa, más automóvil, más viajes, más ropa … Sin meta posible, sólo puede proporcionar ansiedad (excitación por el “más”), o frustración (por no conseguirlos). Como la vida terrena material es finita, mortal, limita el “después”, resulta necesariamente una vía negativa.

La otra vía consiste en contener, limitar la necesidad material. Si verdaderamente se consigue no necesitar más bienes de los que se tienen, se eliminan de verdad tanto la ansiedad de querer más bienes como la frustración de no conseguirlos. Le encuentro un único inconveniente, aunque paralizante: un escepticismo que puede frustrar la natural curiosidad humana y por tanto el verdadero progreso cultural y científico. Y por el camino se extravía la capacidad de elaborar criterio personal.

Resumiendo: esa libertad “desnuda” no es alcanzable por los humanos. Deja un camino limpio, desbrozado, para justo lo contrario, el sometimiento.

La biología se ocupa, inexorable, de negar la igualdad. Muy al contrario, la biología establece la más sugestiva desigualdad. Imaginemos la hipótesis más fantasiosa: que todos los humanos fueran idénticos en la línea de salida, todos clónicos de un desconocido patrón. La igualdad solo se mantendría con la condición de que no diese inicio la carrera. Porque, tan sólo iniciada aquella, afloraría de inmediato la desigualdad. Ni los desarrollos físicos ni los intelectivos son iguales. La biología se impone. Sólo la acción humana puede compensar parcial y mínimamente las desigualdades biológicas. Aún así, la acción humana debería realizarla un humano “puro”, tanto que no sería humano. La acción humana aporta siempre, un interés personal que, favoreciendo a uno hace inevitable perjudicar a otro.

En resumen, esa “igualdad” pura tampoco puede conseguirla el ser humano.

Los lazos fraternales nunca son idénticos ni entre los hermanos biológicos. Los afectos exceden los meros márgenes de la biología. Además, ¿quiénes serian aquellos padres comunes que procurasen no sólo idénticos sentimientos y emociones hacia y de todos los hijos, sino que llegasen a transmitir a éstos interrelaciones semejantes? No estoy conforme conque los humanos seamos lobos unos contra otros (“Lupus est homo homini”, frase de Plauto, tomada por el filósofo Hobbes en su teoría del contrato social), pero en la misma medida considero que no es cierto que el hombre sea bondadoso hacia el hombre por naturaleza (“homo homini benignus non est”, más o menos).

Como conclusión, tampoco creo que de la naturaleza humana emane la “fraternidad”. De nuevo sería la acción del hombre la que intervendría para evitar o, al menos, aliviar “desamores”. Y de nuevo vuelve a surgir la pregunta: ¿quién sería ese hombre interviniente?

 




Arrimando el ascua a mi sardina: defender que Europa comienza con la Revolución Francesa es, más que nada, una gran estupidez, muy propia de las “mentes del patín”. Sobre todo, es mentira.

Europa crece sobre tres pilares (Jaume Aurell):

-      La moral de Jerusalén,

-      La unión de mito y logos de Grecia,

-      El sentido jurídico Romano de la existencia.





Las raíces cristianas fueron decisivas para forjar la identidad de Europa, continente y civilización única. Europa es la única civilización que tuvo una Edad Media que dio la oportunidad de madurar todo el legado clásico y religioso y ponerlo en práctica. Fue la única civilización capaz de diferenciar la política de la religión (“dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Evangelio de Mateo 22:21). Y la que posibilita comprender el debate entre Fe y Razón. El Tomismo (santo Tomás de Aquino) ya planteó que Fe y Razón no se oponen: vienen de Dios, forman una profunda armonía y buscan una sola verdad. La Razón usa la lógica para entender el mundo natural y la Fe acepta las verdades que Dios reveló.

El ser humano “trascendente”, más allá de la existencia inmediata, se conecta con realidades más amplias, como valores, creencias y propósitos. Es un ser espiritual que está vinculado a Dios. Desde esta dimensión humana, ser creado a la imagen y semejanza de Dios con absoluto libre albedrío, se colman de sentido la libertad, la igualdad y la fraternidad.






El Cristianismo incorporó y transformó la cultura previa (fenicia, griega y romana). Ni suprimió la cultura anterior ni se dejó dominar por ella. Fue capaz de elevar y purificar el legado grecorromano. Jerusalén transmite los Mandamientos, Grecia una Filosofía y Roma un Derecho que la Cristiandad madura durante los siglos de la Edad Media.

“La Tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego” (Gustavo Mahler). Inmovilismo y Ruptura son los errores interpretativos de la Tradición y el Progreso.

Considero que las raíces cristianas son consustanciales a la civilización europea y esenciales para su supervivencia.



Superdisolvente DMF (PS)


Para terminar, una reflexión que estimo vital igualmente para el concepto y el futuro de la Unión Europea. Como toda unión, precisa actitudes y espíritus aglutinantes. Por desgracia enorme España aporta hoy día a la UE un elemento puro disolvente: Pedro Sánchez. En su currículo: Israel, EEUU, Marruecos, Italia, Argelia, Alemania, Argentina, OTAN, han sido insultados, ninguneados, y enfrentados por el “exquisito” Sánchez.

Evidentemente Europa (y el mundo entero) necesita desprenderse de los Sánchez. España es Europa.

 

CM

9-8-2026         


viernes, 7 de agosto de 2026

  

A SANTIAGO APÓSTOL

PATRÓN DE ESPAÑA

 




Mi señor Apóstol Santiago, galileo, hijo de Zebedeo y Salomé, pescador hasta que nuestro Señor Jesucristo te eligió como discípulo. “Hijo del Trueno”, por tu carácter apasionado.

Tu mandato divino te trajo a Hispania en el 33 para difundir las enseñanzas de Jesús. De regreso a Jerusalén para acompañar a la Virgen María en sus últimos momentos en esta vida, fuiste el primer discípulo martirizado y asesinado por orden de Herodes Agripa. Después, tus seguidores, consiguen traer tus restos a Hispania ¡en una barca de piedra, sin timón ni vela! Llegaron a Padrón, en Galicia.

A los ocho siglos, en el 823, tu sepulcro (Arca Marmárica) fue descubierto por el ermitaño Pelayo alertado por unas “divinas” luces y se hizo acompañar por el obispo Teodomiro, denominando al lugar Campo de Estrellas (Compostela). Allí construyeron un primer templo a ti dedicado. Enseguida comenzaron las peregrinaciones, origen del “Camino de Santiago”.

También la leyenda cuenta que, muy apurado el ejército cristiano de Ramiro I por la recuperación de su territorio, se enfrentó a los moros en la batalla del Clavijo. Al rey te apareciste en sueños y te postulaste como Patrón de las Españas. Ramiro imploró tu ayuda. En medio de la batalla, te presentaste con tu espada, con tu blanco caballo y con tu carácter apasionado, como “hijo del trueno”. Los moros perdieron la batalla y tú quedaste como “Santiago Matamoros” y Patrón de España.

 

Como bien sabes, mi santo patrón, de nuevo los moros han invadido nuestra tierra. Nuestra debilidad es inmensa por un gobernante de España incapaz e indolente y por un rey maniatado por nuestras propias leyes y a ellas acomodado. Tras varios días del asalto a nuestra tierra, miles de invasores, niños, delincuentes y demás, mantienen arrebatada la libertad y la pacífica convivencia de nuestros hermanos ceutíes.

Así te ruego, Santiago Apóstol, que suplas con tus armas milagrosas (adecuadas a los tiempos y circunstancias), la inoperancia e indignidad de nuestros dirigentes y devuelvas a los españoles ceutíes su paz y normalidad.

Lo que encarecidamente te ruego, señor Santiago, Patrón también del arma de Caballería: “Santiago y cierra, España”.

C.M.

7-8-2026

 


miércoles, 5 de agosto de 2026

 CEUTA, INVASIÓN Y AUXILIO

 





La invasión de Ceuta por unas 50 mil personas procedentes de Marruecos ha puesto en evidencia la inexistencia de gobierno en España. No es, por desgracia, la primera demostración de desgobierno ante una situación muy grave, pero sí la primera que no motivó la naturaleza sino la acción directa o indirecta de un país vecino, Marruecos, que desde 1956 reclama la ciudad española de Ceuta (y Melilla) como propia. Somos vecinos y como tales hemos de cuidar nuestras relaciones, pero ninguno somos súbdito del otro. Ni lo somos de ningún otro país, poderoso o no.

Quien debiera ser el gobierno (al que pagamos por ello y le cedemos que nos administre) ha declinado cualquier tipo de responsabilidad: ni en su prevención, ni en las consecuencias. Estamos por tanto de acuerdo: no gobierna España.

Si no renuncia formalmente y desaloja de inmediato nuestras propiedades y persiste en seguir cobrando y manejando nuestras rentas y patrimonio, incurrirá inmediatamente en cualquier delito penal que suponga la apropiación de bienes ajenos.

Para mí es indiscutible que quienes cobran y actúan por lo que no hacen, hay que cesarlos y juzgarlos.

Lo que nos sitúa en otro problema. Somos un pueblo de difícil gobierno (debe estar en nuestra sangre). Personalmente opto por gobernarnos a nosotros mismos (democracia), para lo que debemos hacer un importante ejercicio previo que demuestre que somos capaces.

Tengo más que dudas de que el “sistema representativo mediante partidos políticos” en que expreso mi voluntad emitiendo un voto a una “lista de nombres cerrada, en bloque, elaborada por cada partido”, responda a mi concepto de democracia. Es más, me atrevo a asegurar que no me siento representado: es el que venimos usando y, sin duda, no da ninguna opción a que el ciudadano vote a “su” representante (ni siquiera sabe nada de más del 90% de quienes están en las listas), por lo que, naturalmente, no responde ante su votante. Se añade que demostrado está que los participantes en un partido político no son capaces de colaborar con los de distinta formación: ninguno defiende nuestro “interés común”; defienden todos “sus” particulares intereses personales o gremiales. Se añade otro factor no despreciable: los ciudadanos no somos iguales ante la ley, los “políticos” gozan de unas especialísimas prerrogativas (y, recientemente, también sus familiares).





Planteo por tanto tres problemas de compleja o delicada solución:

1- Quienes ostentan hoy el título de gobernantes de España deben cesar de inmediato. Creo que no lo harán voluntariamente. Es más, estoy convencido de que acudirán a todo, bueno, regular y malo para no dejar el poder que les dan nuestros dineros y patrimonio y nuestra representación oficial (“gobierno de España”, ahí es nada).

    Luego, hemos de encontrar aquellas fórmulas jurídicas que permitan echarlos por la fuerza (una de las “grandezas” del Derecho es su “flexibilidad”, que no hace tantos años permitió pasar de un tipo de régimen, al contrario, dentro de la ley) sin quebrantar “nuestro Estado de Derecho”. Juristas nos sobran (titulados e indocumentados) y algunos excelentes.

2- Propongo un sistema realmente democrático, no sometido a los partidos políticos, que permita a cada ciudadano elegir a quien sus entendederas mejor le dirijan y permitan, por tanto, premiarle o cesarle conforme cumpla con su mandato: el ciudadano debe mandar sobre el gobernante, lo contrario es aberrante desde un punto de vista democrático.

3- Nuestras fuerzas de seguridad y ejército tienen la obligación, por ley y por honor, de “repeler la invasión”, como garantes que son de la soberanía nacional. Se concreta en identificar a todos los invasores y “reintegrarlos” al país desde el que nos invadieron:: Marruecos. Claro que, la atención y cuidado de los menores requerirá del esmero, delicadeza y especial consideración que su edad exige, pero, o tienen familia en Marruecos, o el gobierno de ese país deberá de hacerse cargo de las pesquisas necesarias y, en su caso, de la obligada protección.

 

CM

5-8-2026

 


martes, 4 de agosto de 2026

 EN GADIR COMENZÓ TODO

 







Sobre 1.100 a.C., unos fenicios procedentes de Tiro fundaron la más antigua ciudad de Occidente: GADIR (Cádiz), “recinto amurallado”, sobre un archipiélago de pequeñas islas (Erytheia y Kotinousa). Allí levantaron un célebre templo dedicado al dios Melkart (el Hércules de los griegos).

Los fenicios, los grandes navegantes del Mediterráneo, eran un pueblo comerciante que encontraron el lugar idóneo para aprovisionarse y comerciar con cobre, plata, plomo, oro y estaño, al tiempo que era la puerta de entrada al océano Atlántico.

El impacto en el territorio fue formidable, introduciendo:

-      La metalurgia del hierro,

-      La escritura alfabética,

-      Técnicas agrícolas,

-      El urbanismo.






Pacíficamente comerciaron y se mezclaron con los tartesios, inicialmente establecidos en las márgenes del río Tartessos (Betis para los romanos y hoy Guadalquivir). La civilización Tartesia fue una de las civilizaciones más antiguas de las que los griegos tuvieron conocimiento. Establecida originalmente en el oeste de Andalucía y extendida después hacia Extremadura y Portugal, tenía una importante ganadería, agricultura y minería. Las élites tartésicas, de la mano de los fenicios, adoptaron el lujo, la escritura, la moda y costumbres funerarias de Oriente.

 






Emigrantes fenicios fundaron en el norte de África la ciudad de Cartago a finales del siglo IX a.C. La ciudad se independizó tras la caída de Tiro en 574 a.C. y desarrolló un poderoso Estado rivalizando con Ciudades-Estado griegas y, siglos más tarde, con la República Romana. La hegemonía en el Mediterráneo enfrentó a Roma y Cartago en las tres “Guerras Púnicas”. En la segunda, el prestigioso cartaginés Aníbal ganó varias batallas, pero el general romano Escipión el Africano llevó la guerra a África, y ganó la definitiva batalla de Zama en el 202 a.C.






Gádir (Gades romana) pasó a manos de la República Romana tras la Segunda Guerra Púnica (201 a.C.) y vivió una época de gran esplendor y riqueza gracias a su alianza con Roma y el comercio marítimo. Julio César otorgó la ciudadanía romana a sus habitantes que llegaron a tener cientos de miembros “equites” (caballeros). De la época quedan restos del Teatro Romano del siglo I a.C. con capacidad para unas diez mil personas. Gran parte de su economía dependía de la pesca y de la afamada salsa de pescado llamada “garum”, exportada a todo el imperio. El Acueducto Romano transportaba el agua de los manantiales situados a 75 kilómetros.

 





Los visigodos no eran gente de mar ni tenían interés alguno por la navegación. La consecuencia es que Gadir (Gades Romana) perdió su interés estratégico y comercial. La ciudad se encogió y se amuralló para protegerse de la constante piratería de la época.

Abruptamente, en el 711 pasó a llamarse Qādis. Bereberes y árabes al mando de Tariq derrotaron al ejército visigodo del rey Rodrigo.






Tras la batalla, Qādis adquirió importancia como puerta de entrada militar de África a la península Ibérica. En 712, Musa desembarcó con un importante contingente militar que marchó hacia Sevilla y Mérida. En 716 se estableció de forma definitiva la administración del territorio, bautizado como Al-Andalus.

El poder islámico priorizó los asentamientos agrícolas e interiores. Qādis quedó como una pequeña villa fortificada, pesquera y defensiva de la costa. Se desmantelaron los restos monumentales de la antigüedad. Bajo el dominio almorávide y almohade (siglos XI al XIII), la ciudad recuperó su dinámica comercial y relevancia defensiva.

 






La ciudad permaneció bajo el poder musulmán durante cinco siglos hasta que fue tomada por la Corona de Castilla en 1.262, en el reinado de Alfonso X el Sabio, y repoblada principalmente con oriundos de Santander, Laredo y Castro Urdiales. Cambió su nombre por el de Cádiz, que se ha mantenido hasta la actualidad. Comenzó a crecer y prosperar y se impulsó el puerto convertido en clave para el comercio atlántico. La antigua mezquita mayor se transformó en la primera iglesia catedral y se estableció de nuevo la sede episcopal. Fue muy afectada por la piratería norteafricana y la proximidad del estrecho de Gibraltar, altamente conflictivo. Fue punto de partida de la exploración y conquista de Canarias. Se aumentaron las murallas y fortificaciones.

La mayoría de la población era cristiana, además de mudéjares (musulmanes bajo dominio cristiano) y judíos.

La vida cotidiana giraba entorno a la pesca y un incipiente comercio (atún, sal y aceite) con ciudades andaluzas y del norte de África. El puerto emergió como alternativa al puerto de Sevilla.

 







En el siglo XV fue ganando protagonismo. Y el Descubrimiento de América le supuso a la ciudad un papel determinante como puerto atlántico de primer nivel.

Cádiz se transformó en un gran puerto atlántico, clave para el comercio con el Nuevo Mundo. En 1.717 fue designada sede definitiva de la Casa de la Contratación: centro del comercio y finanzas con América. Ello impulsó su edad de oro económica y cultural. Los ricos comerciantes construyeron torres para vigilar la llegada de sus barcos cargados de mercancías.

En defensa de su riqueza se construyeron fuertes murallas y defensas contra muy diversos ataques. En arquitectura se construyeron casas señoriales y palacios. Llegó a ser tal la riqueza del tráfico con América desde 1.520 que los barcos se organizaron en flotas. Estas flotas salían con destino a Vera-Cruz (México) y Cartagena de Indias (Colombia). Fueron conocidas como “Flotas de Indias”. Rivalizaba con Sevilla por el monopolio de ese comercio. Al ser cada vez mayor el tonelaje y calado de los buques, a lo largo del siglo XVII, el puerto de Cádiz fue desplazando al de Sevilla. Gran parte de su patrimonio civil y religioso procede de esa época.






Además del enorme tráfico comercial se produjo un profundo intercambio cultural con América. Tal relación tuvo gran relevancia durante las Cortes de Cádiz (1.810-1.814) con destacado papel de los diputados americanos.

El modelo gaditano de ciudad portuaria alcanza su apogeo demográfico y económico entre 1.760 y 1.790. Aunque en 1.778 se produce la liberación del comercio español con América, el puerto de Cádiz continuó siendo durante décadas el de mayor movimiento mercantil de la Península.

Pero a partir de 1.790, los bloqueos del puerto, la invasión francesa, la salida de importantes comerciantes y la disolución de compañías extranjeras o mixtas, a más de las guerras de independencia americana, impidieron mantener la ciudad en los niveles de renta y empleo logrados en el siglo XVIII. El tiempo de las glorias vinculadas al modelo monopolístico y al comercio hispanoamericano habían acabado.

Cádiz aguantó el asedio de las tropas francesas entre 1.810-1.812, defendida por doce mil soldados españoles más tropas británicas y portuguesas.







La “Pepa”, primera constitución liberal y democrática se aprueba en Cádiz en 1.812, convirtiéndose la ciudad en símbolo de la libertad en España con la aportación de ideas nuevas: soberanía nacional, división de poderes y derechos de los ciudadanos. Mantuvo un fuerte carácter progresista y revolucionario durante todo el siglo.

Tras el desastre colonial de 1.898 inició su decadencia. A lo largo del siglo XX pasó de un puerto en declive a buscar nuevos espacios de crecimiento. La retirada de parte de las murallas permitió la expansión de la ciudad que fue desordenada por la escasez de suelo y porque la propiedad del mismo no estaba siempre clara.

En 1.947 explotó el polvorín de la Armada (200 toneladas de explosivos) que produjo 152 muertos, más de 5 mil heridos y dejó sin vivienda a un gran número de personas y obligó a un retorno de una importante población al casco antiguo con la consiguiente aglomeración.

La ciudad alcanzó su pico demográfico en 1981, casi 157 mil habitantes. Hoy entorno a 110 mil.







El motor industrial fueron los astilleros y el puerto con la posterior reconversión del sector naval. Se redujo el peso militar en la ciudad, abriéndose espacios culturales y administrativos. El turismo toma un peso fundamental en su economía.

La inversión pública lleva décadas siendo el motor económico de Cádiz. Las principales contribuciones a la producción:

      17,5% del PIB, los recursos marinos

      8,9% el turismo costero y náutico

      6,8% la construcción y reparación naval.







Gádir, Gades, Qādis o Cádiz, siempre asomada al mar, siempre en el mar, depósito de las más variadas y ricas culturas, alma comerciante y libre seguirá siendo, esta “condenada” a ser, la ciudad del mar, de las mil culturas, de la hermandad americana y de la libertad.



© Fátima Martinez


© Fátima Martínez


Mientras, sigamos aturdiéndonos contemplando cómo el sol se acuesta cada día en el horizonte del mar, camino de las Américas.

 

CM

3-8-2026