domingo, 5 de abril de 2026

 DOMINGO DE RESURRECCIÓN

 





¡Cristo ha resucitado!

Es el grito de transformación, de cambio total para el ser humano. Cristo vence a la muerte y al pecado tras entregar su propia vida en la Cruz para redimirnos y abrir de par en par las puertas de la Esperanza en la Salvación Eterna.

Es la conmemoración principal para los católicos. Redimido el género humano de sus pecados, Jesucristo, el Hijo de Dios, el que trajo un mensaje de amor para el mundo, une su alma a su cuerpo resucitando en plena gloria.





La fiesta toma también el nombre de Pascua Florida. No en vano la Pascua es sinónimo de transformación profunda. Hunde su origen en la liberación del pueblo judío de la esclavitud egipcia. Para los católicos supone la liberación de nuestra esclavitud del pecado y de la muerte, y la vida nueva que se abre a la salvación eterna mediante el amor: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, sin límite, absolutamente.

La Pascua es la fiesta de la nueva creación. Jesús, resucitado, ha descerrajado la puerta a la nueva vida, la que no conoce la muerte.





Los creyentes conmemoramos el triunfo de Jesús sobre la muerte y esperamos su segunda venida. La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra Fe en Cristo.

El cirio pascual evoca que Cristo es la luz del mundo, disipa las tinieblas.

Una parte esencial de la vigilia pascual es la liturgia del sacramento del bautismo con la renovación de las promesas bautismales y la aspersión del agua bendecida. Finalmente, la celebración de la Eucaristía es el punto culminante porque es el sacramento pascual por excelencia.





El pregón pascual medieval o Exultet (¡Alégrate!), es uno de los himnos más bellos del cristianismo que relata el triunfo de Cristo sobre la muerte: “exulten por fin los coros de Los Ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación …, es Cristo, tu Hijo resucitado, que, volviendo del abismo, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”.

 




Jesús a sus discípulos: “La Paz sea con vosotros”.

 

CM

5-4-2026


sábado, 4 de abril de 2026

 SÁBADO SANTO

 



LA PIEDAD, EN LA BASÍLICA DE LA CRUZ DE LOS CAÍDOS 


El cuerpo inánime de Jesucristo fue desprendido de la Cruz antes del ocaso del Viernes por José de Arimatea y otros, lo envolvieron en un lienzo de lino y lo enterraron en una tumba nueva escavada en la roca y cerraron la entrada con una pesada piedra que, después, por orden de Pilatos, fue sellada y custodiada por soldados romanos.

Al tercer día (Domingo), Jesucristo resucitó de entre los muertos.

A falta de otra información canónica se ha especulado sobre el misterio de lo sucedido entre la muerte y la resurrección de Jesucristo. La explicación más extendida declara que descendió al “reino de los muertos” (como sinónimo del “infierno”) hasta la reunión gloriosa de su cuerpo y alma, su resurrección.

 

El Sábado es momento de soledad, luto, silencio y duelo. Y de meditación.

 



JOSEPH RATZINGER (BENEDICTO XVI)


En su artículo, Cristina Ansotena, expone las Meditaciones para el Sábado Santo del teólogo Joseph Ratzinger (luego Papa Benedicto XVI) en su obra “Ser cristiano”.



TUMBA DE JESUCRISTO 


Primera Meditación: el abismo de silencio en que se encuentra el Sábado Santo conduce a decir que “es el día del ocultamiento de Dios”, la Fe aparece como un fanatismo, ningún Dios ha salvado a quien se llamaba su hijo. Es la gélida ausencia de Dios. La falta de Esperanza. Dios ha muerto, y lo hemos asesinado, encerrado en ideologías y costumbres anticuadas. La tiniebla divina habla a nuestras conciencias, porque la muerte de Dios en Jesucristo es, al mismo tiempo, su radical solidaridad con nosotros: el misterio más oscuro de la Fe es también la señal más brillante de una Esperanza sin fronteras, cuando pudieron comprender los discípulos quién era Jesús realmente y lo que significaba verdaderamente su mensaje. Necesitamos las tinieblas de Dios, el silencio de Dios para experimentar el abismo de nuestra nada que se abriría si Él no existiese.

Hay un pasaje evangélico que parece un retrato de nuestra actualidad: Cristo duerme en un bote que está a punto de zozobrar. Los discípulos, desesperados, gritan al Señor que despierte, pero Él, asombrado, les reprocha su escasa Fe. Nosotros, cuando pase la tormenta reconoceremos qué absurda era nuestra falta de Fe. Ahora, sólo podemos sacudir al Dios silencioso y gritarle: ¡despierta!, ¿no ves que nos hundimos?, ¡haz que las tinieblas actuales no sean eternas, envía un rayo de tu Luz Pascual a nuestros días, no nos abandones en la oscuridad, no dejes que tu palabra se diluya en medio de la charlatanería de nuestra época! Sin Ti, pereceríamos.

 




Segunda Meditación: la impotencia De Dios, a pesar de que es Todopoderoso, constituye la preocupación de nuestro tiempo. Pero ¿qué significado tiene que “Jesús descendió a los infiernos”, a las profundidades de la muerte? La muerte no es la misma desde que Jesús descendió a ella, la penetró y la asumió: el ser humano no es el mismo desde que la naturaleza humana se puso en contacto con el ser de Dios a través de Cristo. Ahora, la muerte es también vida y, cuando atravesamos la fría soledad de las puertas de la muerte encontramos a aquel que es la vida, el que participó de nuestro abandono en la soledad mortal de la Cruz, clamando: “¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Existe un miedo en lo más íntimo de nuestra soledad que no puede superarse por el entendimiento, sino exclusivamente por la presencia de un amante, porque es la tragedia de nuestra soledad última. Cuando nos sumergimos en una soledad en la que resulta imposible escuchar una palabra de cariño, estamos en contacto con el infierno. Hay una puerta que debemos cruzar completamente sólos: la puerta de la muerte, que es la soledad absoluta. Cristo cruzó la puerta de la soledad, “descendió a los infiernos”. 




Pero también, en la última noche, en la que no se escucha nada, resuena una palabra que nos llama, se nos tiende una mano que nos acoge y guía. El infierno ha sido superado desde que el amor se introdujo en las regiones de la muerte: el hombre no vive de pan, sino que, en lo más profundo de sí mismo vive de la capacidad de amar y ser amado. Desde que el amor está presente en el ámbito de la muerte, existe la vida en medio de la muerte.

 




Tercera Meditación: la oración litúrgica del Sábado Santo nos introduce en la realidad de la Pasión del Señor, nos impresiona la profunda paz que respira y, conforme avanza, comienzan a lucir las primeras luces de la mañana de Pascua, la Cruz rodeada de rayos luminosos, señal al tiempo de muerte y de resurrección. En un origen de la devoción a la cruz, los cristianos oraban vueltos hacia oriente, indicando su Esperanza de que Cristo, sol verdadero, aparecería sobre la historia: Fe en la vuelta del Señor. La Cruz es pasado y futuro, Cristo es muerto y resucitado y, también, el que ha de venir.

 







En el Sábado Santo destaca especialmente la figura de la Virgen María, como modelo de Fe y de Esperanza. Su presencia no se retira cuando todo signo se desvanece. La Madre de Cristo representa en el Sábado Santo el puente entre la muerte y la vida. Es la Madre que nos acompaña en medio del aparente silencio divino.

 

CM

4-4-2026

 

 

 


viernes, 3 de abril de 2026

 VIERNES SANTO

Jesús, Dimas y Gestas crucificados

 





“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

 

La Cruz es la puerta que abre el Cielo.






Dimas, el buen ladrón, suplicó a Jesús en la Cruz:

 “Acuérdate de mí Señor, cuando llegues a tu reino”.

Y Jesús le respondió:

 “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El ladrón Dimas asalta el reino de los cielos con su gran Fe y Humildad (san Agustín).

Gestas, el mal ladrón, movido por la soberbia, se burla de Jesús exigiéndole que le libre de la Cruz.

Dimas, humilde, reconoce que sólo por la gracia divina puede alcanzar misericordia.


La vida cómoda es el camino ancho de la vida que nos hace rechazar a Jesús llagado, doliente y ensangrentado. Dudamos de su amor, despreciamos su gracia y rechazamos el sacrificio.

Dios nos ilumine en nuestros Calvarios y nos permita ser como Dimas. Es el camino al Paraíso.

 

(Tomado de De la Cruz al Cielo, de Angelica Barragán).






“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

 

CM

3-4-2026

 

 


jueves, 2 de abril de 2026

 JUEVES SANTO,

MÁLAGA,

CRISTO DE LA BUENA MUERTE,

LA LEGIÓN

 





Hoy el cuerpo de élite del ejército español, la Legión, desembarca en el puerto de Málaga. Desfilan los caballeros legionarios a 160 pasos por minuto y al ritmo constante de los tambores y al son de trompetas por las calles centrales de la ciudad abarrotadas de público. Cada poco, hacen pequeños altos realizando ejercicios malabares con sus fusiles. Su destino, la Plaza de Fray Alonso de Santo Tomás donde la Cofradía de la Buena Muerte guarda el Santo Cristo de Mena custodiado por la Legión. Se produce la ceremonia de cambio de la custodia por otro tercio de la Legión mediante la entrega del estandarte. Manifiesta un vínculo profundo entre la Cofradía, la Legión y los malagueños.






Caballeros de la Legión sacan la preciosa figura del Cristo de la Buena Muerte de su iglesia y realizan una procesión por el recinto de la plaza al son de tambores y trompetas cantando el emocionante himno “Soy el novio de la muerte”. Inmensa cantidad de público en riguroso silencio respetuoso escuchando el cántico y música solemnísima de los legionarios. Toque de silencio y oración. En un momento determinado de la procesión, los legionarios levantan, “incorporan” al Cristo manteniendo los brazos extendidos. Legionarios presentan y rinden al Cristo los estandartes de la Legión. Estalla la emoción contenida. Finalizada la procesión, los legionarios entronizan al Cristo en su iglesia dominica y acaban cantando el himno de la Legión.

 









Málaga es una preciosa ciudad abierta al mar que durante años ha disfrutado de unas autoridades locales ejemplares, inusuales, que promovieron una impresionante transformación del centro de la ciudad, el adecentamiento y transformación urbana de antiguos barrios periféricos inicialmente industriales y la construcción de un paseo marítimo extraordinario. Un amplio centro de la ciudad encantador, peatonal, alegre, pleno de terrazas al aire libre donde disfrutar su benigno y muy luminoso clima, la alegría natural de las gentes malagueñas y sus excelentes bebidas y viandas. Una ciudad profundamente cautivadora que te contagia de inmediato su enorme personalidad. Tuvimos el privilegio de conocerla de la mano de unos entrañables amigos que residieron allí y nos regalaron reiteradamente con su hospitalidad amorosa y sus fascinantes atenciones.






Nuestra queridísima Laura hizo una Semana Santa el milagro de que pudiésemos vivir las celebraciones desde el corazón de las mismas. Se hizo con unas localidades imposibles en primera línea de la calle Larios, por donde procesionan los distintos pasos de impresionantes Cristos y bellísimas Vírgenes. Allí nos acongojamos al paso del Cristo de la Buena Muerte acompañado por la conmovedora música y canto de los legionarios.





Nos consiguió la entrada en el interior del recinto de donde salía la Virgen de la Esperanza con su inmenso manto y su formidable trono, sostenido por más de 250 porteadores, hombres y mujeres de trono, que cargan el enorme peso (5,7 toneladas) y longitud (más de 14 metros, con un manto de la Virgen de 7,5 metros, preciosamente bordado), directamente sobre el hombro (no son costaleros).

 




La Semana Santa malagueña con 45 procesiones y sus imponentes tronos, transforma la ciudad, impregnándola de un sentimiento compartido religioso, social y cultural.  A partir de la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos, comenzaron a formarse las primeras cofradías y hermandades. El estilo escultórico malagueño se define a partir de la llegada del escultor Pedro de Mena en 1658 y se diluye en el siglo XIX. El enorme y rico patrimonio fue destruído en gran parte durante la república en 1931 y durante la guerra civil.

Los restos (reconstruídos) de la talla más antigua, el Santísimo Cristo de la VeraCruz se remontan a inicios del siglo XVI. Y la cofradía actual más antigua es la Real, Muy Ilustre y Venerable Archicofradía de la Sangre, fundada en 1507.

 

Málaga, siempre seductora, ofrece estos días una de las más interesantes celebraciones procesionales de España, manteniendo muy viva una tradición iniciada en los primeros años del siglo XVI. Y propicia una exaltación de sentimientos y emociones muy apropiados para la meditación serena y profunda.

 

Mañana conmemoramos los católicos el día más triste del año, la Crucifixión y Muerte de Jesucristo, con ayuno y abstinencia. Hoy no y por eso, nos hemos deleitado con un exquisito guiso de carne con patatas y una leche frita divina, ambas obras excelsas de la maga Lourdes. Gracias.

 

CM

2-4-2026