TITANES Y OLÍMPICOS,
benefactores y perversos.
La Mitología de la Grecia Antigua es pura fascinación por imaginativa y por creativa. Tan imponente, tan potente fue la cultura de aquellas gentes que aún pisamos sus huellas en nuestros días y nos nutrimos de sus profundos y sabios pensamientos y descubrimientos y de multitud de raíces de nuestra lengua, ¡desde hace más de cuatro mil años! Un rasgo enormemente llamativo de las historias mitológicas a nuestro parecer actual es la crueldad enorme, la violencia que en ellas se desatan: hijos que matan a padres, padres que devoran a hijos, …, con el denominador común de la lucha por el PODER.
Los Titanes fueron las primeras deidades griegas mitológicas, relacionados todos ellos con conceptos primordiales. Inicialmente estuvieron encabezados por Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra). Ésta, como era frecuente entre los Titanes, incitó a su hijo menor, Crono (el Tiempo), para que derrocara a su propio padre ya que Urano, receloso de que sus hijos le arrebataran el PODER, los tenía recluidos en las entrañas de la Tierra. Así, el Tiempo destronó al Cielo.
Crono y su hermana y esposa Rea, reinaron en la conocida como “edad de oro”. Crono, por experiencia propia, temía que sus hijos se sublevaran quitándole el PODER. Por ello decidió devorarlos conforme nacían. Rea consiguió esconder al sexto (Zeus), último de ellos, engañando a Crono.
El pequeño Zeus fue criado en secreto por Gea (Tierra) y amamantado por la cabra Amaltea, en la isla de Creta. Ya adulto, ayudado por su abuela, engañó a su padre y le hizo beber una pócima que le provocó un vómito tremendo, lo que permitió la liberación de todos sus hermanos.
Se inicia entonces una gran guerra (Titanomaquía) que duró diez años ininterrumpidos, entre los dioses menores y los mayores, en la que finalmente ganó Zeus, encerrando a los Titanes enemigos en las profundidades del Tártaro.
A la segunda generación de Titanes pertenece Prometeo (el Previsor). Se distinguió por su compasión hacia los mortales: eligió la solidaridad con la humanidad frente a la obediencia ciega a los dioses olímpicos. Personifica la rebelión consciente, el sacrificio por los demás y la búsqueda del conocimiento y representa la tensión entre la autoridad absoluta y la compasión, entre el poder y la justicia. Fue hermano de Atlante, Menecio y Epitemeo. En la Titanomaquia optó por ponerse del lado de los dioses olímpicos por lo que dispuso de un lugar en el Olimpo.
Prometeo asumió la responsabilidad principal de crear la especie humana. Moldeó a los seres humanos con arcilla, dándoles forma y propósito: imaginó una humanidad digna, capaz y reflexiva, poder de caminar erguidos, mirar hacia el futuro, de soñar y planificar. Zeus, satisfecho de la obra, pidió a su hija Atenea que les diera el soplo de la vida. Pero el rey de los dioses quería a los hombres primitivos y dependientes, garantizándose que le adorarían. Siempre asegurarse el PODER.
Zeus, celoso de su autoridad, decidió que la humanidad no tuviera el fuego, esencial para su desarrollo. El fuego marcaba la frontera entre lo mortal y lo inmortal. Así garantizaba Zeus que la humanidad permanecería eternamente subordinada y débil.
Prometeo hizo lo impensable: robó el fuego y, plenamente consciente de sus consecuencias, lo trajo desde el Olimpo hasta la tierra de los mortales. La humanidad pudo cocinar, calentarse, protegerse, acceder a la tecnología, al arte, a construir ciudades y civilizaciones: había entregado la llave del progreso humano.
El castigo de Zeus fue brutal: Prometeo fue encadenado a una roca por toda la eternidad. A diario un águila gigantesca devoraba su hígado, que cada día se reproducía. Heracles, conmovido por el sufrimiento de Prometeo, le liberó de las cadenas y mató al águila.
La ira de Zeus no se conformó con tal castigo. Encomendó al dios Hefesto que moldease con arcilla una figura de mujer que quedó hermosísima. Afrodita le dio vida a la figura y le enseñó sus artes amorosas. Atenea la instruyó en las labores del hogar y el tejido y la vistió con una toga plateada. Hera le concedió gracia y mesura. Y Hermes la instruyó en el habla, la persuasión, la astucia y la curiosidad. Fue él quien le puso nombre: ¡Pandora! Y la llevó a la casa de Epimeteo, hermano de Prometeo. Aunque éste le había alertado a Epimeteo que no aceptara ningún regalo de Zeus (previendo alguna malicia de éste), no pudo resistir la tentación: ¡tenia enfrente a la criatura más bella que había visto jamás! ¡Y se la ofrecían como esposa!
Epitemeo se casó con Pandora que recibió de Zeus un espléndido regalo de bodas, un ánfora formidable que contenía la amenaza que le había hecho a Prometeo: “Por ultrajar mi poder, a ti y a tu prole he de infligir un daño irreparable. Un mal, con ese fuego, a los humanos daré que les deleite: un mal que ansíen como si fuera un bien”. La condición era que el ánfora no se abriese jamás. El mal era Pandora y, el regalo, una gran vasija de arcilla (“pithos”), que por error de Erasmo en la traducción se convierte a partir de 1508 en la Caja de Pandora.
Según Hesíodo (s. VIII a.C.), Pandora es “el bello mal”, culpable de que los males se dispersaran por el mundo.
Levantar la tapa de la Caja de Pandora o, la expresión popular “abrir la caja de los truenos”, significan liberar, hacer público o airear un asunto o un tema que acarrea todo tipo de problemas, maldades y desgracias.
Tengo repetido que creo que padecemos una invasión de IMBÉCILES. En todos ellos está ausente la prudencia, tan esencial también en la convivencia. Pero, además padecemos un aflorar de la MALDAD, cuya condena social se ha debilitado. Se nos ha inculcado que tras un malvado suele haber una injusticia de la que todos somos culpables. El absurdo es epopéyico: la pretendida sociedad (o familia) malvada también produce (¿aleatoriamente?) individuos que no son malvados. El mismo argumento también se usa (con probado éxito) para exonerar (a priori), de culpa a los pobres (a todos) y condenar (a priori también) a los ricos (a todos), cuando la Naturaleza obstinadamente muestra un deseo humano de querer ser más rico (malo) y estima como una rareza a tratar el deseo de ser más pobre (bueno). Otra falacia de los “progresistas-populistas”.
Existe tan solo una justificación no estúpida: la envidia. Si la envidia llega a conducir hasta el rencor o hasta un deseo de venganza, a los dichos: “quedarse uno tuerto por dejar al otro ciego”, porque “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. De nuevo, ¡el PODER!
Abrir la “Caja de Pandora” es de estúpidos, malvados o malvados-estúpidos (un cruce imbatible). O de otro personaje mítico, el Embaucador (“Trickster”), un pícaro divino, listo y astuto que lo utiliza para hacer engaños, para desobedecer las reglas y desafiar la conducta convencional. Puede ser perfectamente una bestia antropomórfica. Es un violador del orden social y natural mediante triquiñuelas, timos o robos. En algunos mitos griegos Hermes es el Embaucador: es el patrón de los ladrones y el inventor de la mentira.
En la cultura española conecta con el mito de Don Juan, muy magistralmente representado en “El Burlador de Sevilla” (aproximadamente en 1615), del fraile Tirso De Molina, o “Don Juan Tenorio” (1844), de don José Zorrilla. El protagonista de Tirso es un personaje ultrajador y libertino que cree en la justicia divina: “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”. Pero confía que podrá arrepentirse y ser perdonado antes de morir: “largo me lo fiáis”. El don Juan de Zorrilla es religiosamente un descreído, pero igualmente perverso al que, en última instancia le salva el amor.
En cualquier nivel grupal existen especialistas en abrir la “Caja de Pandora”: dentro de las familias, en los centros educativos, en las comunidades de vecinos, …, ¡y en la comunidad nacional! Estos últimos, amparados en el PODER político, son enormemente nocivos, peligrosísimos, porque promueven la quiebra nacional. En nuestra más reciente España hemos “parido” dos campeones del nivel máximo de estos “destapadores de la Caja de Pandora”:
-Rodríguez Zapatero: relanzó el “guerracivilismo”
-Pedro Sánchez: autor del “muro’ entre españoles.
Ambos como jefes de gobiernos de España, traidores obsesionados por la destrucción de nuestra nación mediante leyes corrosivas y complicidades con políticos declarados enemigos de la misma.
El deber primordial de cualquier gobierno es garantizar el bienestar general, la seguridad y derechos de los ciudadanos, manteniendo el orden y proveyendo los servicios básicos para la convivencia en sociedad.
Pues bien, ni Zapatero ni Sánchez han cumplido con su deber principal. Muy al contrario: han generalizado el malestar general, han disparado la inseguridad y han restringido los derechos más básicos de los ciudadanos.
Frente a las crueldades por tener el PODER de los Urano, Crono, Zeus, y a los Hermes mentirosos, ladrones, falsos y embaucadores…, tenemos a “Prometeos”, amantes de la humanidad, de su dignidad y de su progreso y capaces de enfrentarse al PODER injusto, con todas sus consecuencias.
Busquemos, estimulemos y acompañemos a los “Prometeos”.
CM
26-9-2026













