jueves, 2 de julio de 2026

 DERECHO AL VOTO

(La Ley de Nietos)

 





En la Democracia Ateniense (s. V a.C.), el voto era directo y restringido: sólo varones, adultos, libres, nacidos en Atenas, que habían completado su formación militar (entre los 18 y los 20 años -efebos- realizaban el ejercicio activo militar). Quedaban excluidos del derecho al voto: mujeres, esclavos, extranjeros (matecos) y deudores con el Estado.





En la Antigua República Romana (ss. VI al I a.C.), el voto estaba limitado a los “cives”: ciudadanos, varones, libres, con estatus reconocido. Mujeres, esclavos y extranjeros, quedaban al margen. El peso del voto no era igual, favorecía a los más adinerados. Los “comitiva centuriata” agrupaba a los ciudadanos en centurias según su nivel de riqueza. Las centurias más ricas votaban antes y se podía alcanzar la mayoría sin tener que votar las centurias menos ricas. Colegialidad de las magistraturas: todos los cargos eran ocupados por al menos dos personas para evitar la concentración de poder. Para los candidatos, vestidos con túnica blanca brillante, el conocimiento personal y la reputación pesaban más que cualquier programa político.

 





En los últimos siglos hemos dado por supuesto que la nacionalidad faculta para ejercer el derecho de sufragio. El “Censo Electoral de Residentes Ausentes” (CERA) registra a los españoles mayores de edad y que viven fuera de España que tienen derecho a votar en las elecciones Generales, Autonómicas y Europeas.

“Pero el crecimiento extraordinario del CERA con personas que no tienen una vinculación real con el territorio nos obliga a replantearnos ese automatismo”. (Agustín Ruiz Robledo).

Como alrededor de dos millones y medio de personas solicitaron la nacionalidad (hasta octubre de 2025), la cifra de tales españoles fácilmente puede superar los tres millones y medio de personas (y votantes) cuando venza la actual legislatura en julio de 2027.   

La Ley de Memoria Democrática de 2022, insertó la conocida “Ley de Nietos”: su intención es otorgar la nacionalidad española a los hijos y nietos de los “exiliados del Franquismo (por razones políticas, ideológicas, de creencias, orientación o identidad sexual)”.

Pero una Instrucción del Ministerio de Justicia, hace una amplísima interpretación de los requisitos para obtener la nacionalidad: simplemente haber abandonado España entre 1936 y 1955 (¡por cualquier motivo!). Se aparta, por tanto, de los “motivos” que justificaron la norma.





La oposición estima que se trata de un amaño, una artimaña del gobierno para alterar el censo electoral (incrementar el número de votantes de izquierda. Los votos CERA así lo indicaron en las últimas elecciones autonómicas).

La interesante opinión de Ruiz Robledo estima que el verdadero problema se centra en “dar por supuesto que toda adquisición de la nacionalidad conlleva necesaria y automáticamente la incorporación al cuerpo electoral”.

Pero el incremento de electores resulta de dos vías normativas distintas:

1- la mencionada Ley de Memoria Democrática: ampliación de las vías para adquirir la nacionalidad española,

2- la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG): atribución automática del derecho de sufragio a todos los españoles mayores de edad inscritos en el censo.

La democracia consiste en que el “pueblo” se gobierne a sí mismo. Pero ¿quién integra ese “pueblo”? La filosofía política lleva tres siglos haciéndose tal pregunta: ¿basta con pertenecer jurídicamente al Estado, o debe existir también un vínculo efectivo con la comunidad política cuyas decisiones van a regir la vida de sus ciudadanos?





En España, tradicionalmente, hemos identificado nacionalidad y sufragio. ¡Pero no son conceptos idénticos! Parece razonable sostener que “quienes no soportan normalmente las consecuencias de las decisiones colectivas no deberían elegir a quienes las deciden”. (Por ejemplo, los menores son españoles como el que más, pero no votan).

En el Derecho español, la nacionalidad jamás ha sido el único requisito para formar parte del cuerpo electoral. En general, el Derecho Comparado priva del derecho de voto a quien no mantiene vinculación territorial con el Estado del que es nacional.

Son muchos los estados democráticos que exigen la residencia para disfrutar del derecho a votar. En Europa, España es uno de los países más permisivos para nacionalizar extranjeros.

La razón es simple: las elecciones generales no son una encuesta sobre el cariño hacia el país de los padres o abuelos. Sirven para decidir quién aprobará las normas que regirán la vida cotidiana de quienes viven bajo la jurisdicción del Estado.

La propuesta (sensata y simple) de Ruiz Robledo es “asumir que nacionalidad y derecho de sufragio son instituciones relacionadas, pero no inseparables”. Para separarlas, bastaría con modificar la LOREG para exigir algún tipo de vínculo efectivo con España para ejercer el derecho de voto desde el extranjero. Una, respetuosa con la Constitución, sería exigir vivir al menos dos años en España dentro de los últimos 35 (sistema griego).

 

Nacionalidad= ¿Quién pertenece a España?

Sufragio: ¿Quién elige a los gobernantes de España?

No confundamos.

 

(Agustín Ruiz Robledo es catedrático de Derecho Constitucional).

 

CM

2-7-2026

 


domingo, 28 de junio de 2026

 LA SANIDAD

 





Aún disponemos de un buen Sistema de Sanidad. Pero es la segunda preocupación que más afecta a los ciudadanos (17,5%).

El Sistema Público no ha dejado de empeorar desde la crisis del año 2008 y la pandemia de COVID. Los expertos apuntan que los principales problemas radican en:

-una accesibilidad deficiente,

-y una infrafinanciación crónica: 9,2% del PIB frente al 11% medio de la UE (2800€/habitante frente a los 4028€/habitante en la UE). El problema se agrava por las grandes diferencias regionales.





Se concretan en:

1-Listas de espera muy dilatadas en Atención Primaria y Especializada, con enormes diferencias entre regiones.

2-Externalización de servicios creciente a la sanidad privada por el deterioro de la pública.

3-Infrafinanciación estructural agravada por el aumento demográfico y el envejecimiento de la población autóctona. Sorprendentemente la disminución del número de camas ha corrido paralelo al crecimiento demográfico.

4-Recortes de servicios en periodos críticos. Especialmente en verano por reducción de personal sanitario más la masiva llegada de turismo exterior.

5-Enorme desigualdad territorial en calidad y presteza de servicios entre las 15 Comunidades Autónomas más dos ciudades autónomas gestionadas por el ministerio de sanidad. Descentralización descoordinada a la que no se ha puesto remedio, se ha “politizado por los partidos”, inevitablemente ha empeorado. (Intervenciones quirúrgicas no urgentes: Madrid (50 días), Andalucía (173 días). Consultas externas: La Rioja (32 días), Canarias (162 días)).

6-Alto gasto farmacéutico (24% del gasto total). El “copago” basado en la renta es manifiestamente mejorable: la asignación a la renta de unos ingresos extraordinarios puntuales por la venta de una propiedad antigua (muy discutible la baremación), supone durante el ejercicio siguiente un extraordinario encarecimiento en los medicamentos (?).

7-Conflicto de intereses entre profesionales sanitarios y la industria farmacéutica.

8-Aunque el número de médicos es alto (4,5/mil habitantes, frente a 3,7 en la OCDE), no lo es el número de enfermeros(as) (6,3/mil habitantes frente a 9,2 en la OCDE). Pero, por especialidades, es muy grave la falta de médicos y enfermeros(as) en atención primaria porque tienen la peor ratio trabajo/remuneración y las peores oportunidades de desarrollo personal. La deficiente atención en los centros de Atención Primaria, (deteriorada y abandonada), también genera un colapso en las urgencias hospitalarias que tienen que atender lo que los centros médicos primarios no hacen.

Por desgracia, la política partidista “emponzoña” también la gestión sanitaria, suponiendo uno de los más graves atentados al bien común.

Personalmente opino que no puede ser nada significativo el número de personas que pudiendo acceder a un servicio sanitario de calidad gratuito, prefiera pagar (¡y qué importe!) por puro capricho. Parece claro que la Sanidad Pública lleva años en regresión, en tanto que la Privada está en auge, (a pesar de sus elevadísimas tarifas). No tengo la menor duda de que un motivo fundamental de tal situación es la inadecuada gestión pública, tanto en la asignación como en la eficaz aplicación de los recursos públicos. En general, la falta de una gestión pública seria y profesional (no política partidista o ideológica) y la ausencia de una colaboración público-privada racional, están en la base de que la Sanidad sea estimada por la sociedad como el segundo principal problema.











El sector privado sanitario es colaborador imprescindible para garantizar la asistencia que precisa la población:

-realiza el 41,5% de las intervenciones quirúrgicas,

-atiende más del 29% de altas hospitalarias,

-atiende el 33,5% de las urgencias,

-supera el 30% de consultas médicas y días de hospitalización,

-en salud mental, sus hospitales suponen el 70%,

-sus residencias cubren un 74% del total.

Obvio es decir:

-el sector privado es imprescindible en sanidad,

-se requiere una inspección pública eficaz de la actividad sanitaria privada,

-la actividad ha de ser de la máxima calidad y rentable

La clave es “colaboración público-privada”, justo lo contrario de “competencia”, como algunos insensatos pretenden.

 






La Medicina Familiar y Comunitaria padece una saturación del sistema y la falta del relevo generacional. ¿Razones?:

1-sobrecarga laboral y burocrática:

       -atención entre 40 y 50 pacientes por día,

       -dedican menos de 10 minutos por paciente,

       -enorme carga administrativa: bajas (1) y justificantes.

2-falta de atractivo y precariedad:

       -plazas MIR vacías, vacantes sin cubrir,

       -contratos inestables que producen huídas,

       -brecha salarial: cobran menos que los hospitalarios.

3-falta de relevo generacional:

       -jubilaciones masivas,

       -éxodo de profesionales,

       -menosprecio académico.

4-presión social y recursos:

       -las enormes esperas desquician a los pacientes,

       -presión asistencial por las enfermedades crónicas de una población envejecida,

       -presupuesto insuficiente: la inversión es menor que en los hospitales.

Los entendidos en la materia manifiestan que la solución no es ofertar más plazas de MIR, sino cambiar radicalmente el modelo organizativo:

-eliminar trámites administrativos. Las bajas médicas (1) alcanzan niveles históricos: absentismo del 7,7%, 53 bajas por cada mil asalariados y bajas más duraderas (46 días de media) y un incremento sorprendente de las bajas psiquiátricas,

-saturación del sistema: las dilatadas listas de espera provocan que los trabajadores permanezcan inactivos más tiempo que el estrictamente médico. ¿Qué hay de las medidas de control?

 




Resumiendo: hemos tenido un Sistema Sanitario Público Nacional ejemplar. Aunque aún merece una calificación notable, la degradación está siendo muy importante: si no es achacable a menores ingresos públicos (muy al contrario, se han disparado), será atribuible a un deterioro en la gestión de los recursos (y, frecuentemente, a una politización partidista que suplanta la profesionalidad y capacitación). A más de un crecimiento demográfico muy rápido por la inmigración (los ilegales consumen, pero no aportan) y el incremento de la esperanza de vida (¿en qué condiciones?).

 

(1) Las bajas médicas equivalen ya a 1 millón 200 mil trabajadores diarios ausentes. Suponen unas pérdidas de 21.200 millones.

  

CM

28-6-2026