viernes, 3 de abril de 2026

 VIERNES SANTO

Jesús, Dimas y Gestas crucificados

 





“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

 

La Cruz es la puerta que abre el Cielo.






Dimas, el buen ladrón, suplicó a Jesús en la Cruz:

 “Acuérdate de mí Señor, cuando llegues a tu reino”.

Y Jesús le respondió:

 “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El ladrón Dimas asalta el reino de los cielos con su gran Fe y Humildad (san Agustín).

Gestas, el mal ladrón, movido por la soberbia, se burla de Jesús exigiéndole que le libre de la Cruz.

Dimas, humilde, reconoce que sólo por la gracia divina puede alcanzar misericordia.


La vida cómoda es el camino ancho de la vida que nos hace rechazar a Jesús llagado, doliente y ensangrentado. Dudamos de su amor, despreciamos su gracia y rechazamos el sacrificio.

Dios nos ilumine en nuestros Calvarios y nos permita ser como Dimas. Es el camino al Paraíso.

 

(Tomado de De la Cruz al Cielo, de Angelica Barragán).






“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

 

CM

3-4-2026

 

 


jueves, 2 de abril de 2026

 JUEVES SANTO,

MÁLAGA,

CRISTO DE LA BUENA MUERTE,

LA LEGIÓN

 





Hoy el cuerpo de élite del ejército español, la Legión, desembarca en el puerto de Málaga. Desfilan los caballeros legionarios a 160 pasos por minuto y al ritmo constante de los tambores y al son de trompetas por las calles centrales de la ciudad abarrotadas de público. Cada poco, hacen pequeños altos realizando ejercicios malabares con sus fusiles. Su destino, la Plaza de Fray Alonso de Santo Tomás donde la Cofradía de la Buena Muerte guarda el Santo Cristo de Mena custodiado por la Legión. Se produce la ceremonia de cambio de la custodia por otro tercio de la Legión mediante la entrega del estandarte. Manifiesta un vínculo profundo entre la Cofradía, la Legión y los malagueños.






Caballeros de la Legión sacan la preciosa figura del Cristo de la Buena Muerte de su iglesia y realizan una procesión por el recinto de la plaza al son de tambores y trompetas cantando el emocionante himno “Soy el novio de la muerte”. Inmensa cantidad de público en riguroso silencio respetuoso escuchando el cántico y música solemnísima de los legionarios. Toque de silencio y oración. En un momento determinado de la procesión, los legionarios levantan, “incorporan” al Cristo manteniendo los brazos extendidos. Legionarios presentan y rinden al Cristo los estandartes de la Legión. Estalla la emoción contenida. Finalizada la procesión, los legionarios entronizan al Cristo en su iglesia dominica y acaban cantando el himno de la Legión.

 









Málaga es una preciosa ciudad abierta al mar que durante años ha disfrutado de unas autoridades locales ejemplares, inusuales, que promovieron una impresionante transformación del centro de la ciudad, el adecentamiento y transformación urbana de antiguos barrios periféricos inicialmente industriales y la construcción de un paseo marítimo extraordinario. Un amplio centro de la ciudad encantador, peatonal, alegre, pleno de terrazas al aire libre donde disfrutar su benigno y muy luminoso clima, la alegría natural de las gentes malagueñas y sus excelentes bebidas y viandas. Una ciudad profundamente cautivadora que te contagia de inmediato su enorme personalidad. Tuvimos el privilegio de conocerla de la mano de unos entrañables amigos que residieron allí y nos regalaron reiteradamente con su hospitalidad amorosa y sus fascinantes atenciones.






Nuestra queridísima Laura hizo una Semana Santa el milagro de que pudiésemos vivir las celebraciones desde el corazón de las mismas. Se hizo con unas localidades imposibles en primera línea de la calle Larios, por donde procesionan los distintos pasos de impresionantes Cristos y bellísimas Vírgenes. Allí nos acongojamos al paso del Cristo de la Buena Muerte acompañado por la conmovedora música y canto de los legionarios.





Nos consiguió la entrada en el interior del recinto de donde salía la Virgen de la Esperanza con su inmenso manto y su formidable trono, sostenido por más de 250 porteadores, hombres y mujeres de trono, que cargan el enorme peso (5,7 toneladas) y longitud (más de 14 metros, con un manto de la Virgen de 7,5 metros, preciosamente bordado), directamente sobre el hombro (no son costaleros).

 




La Semana Santa malagueña con 45 procesiones y sus imponentes tronos, transforma la ciudad, impregnándola de un sentimiento compartido religioso, social y cultural.  A partir de la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos, comenzaron a formarse las primeras cofradías y hermandades. El estilo escultórico malagueño se define a partir de la llegada del escultor Pedro de Mena en 1658 y se diluye en el siglo XIX. El enorme y rico patrimonio fue destruído en gran parte durante la república en 1931 y durante la guerra civil.

Los restos (reconstruídos) de la talla más antigua, el Santísimo Cristo de la VeraCruz se remontan a inicios del siglo XVI. Y la cofradía actual más antigua es la Real, Muy Ilustre y Venerable Archicofradía de la Sangre, fundada en 1507.

 

Málaga, siempre seductora, ofrece estos días una de las más interesantes celebraciones procesionales de España, manteniendo muy viva una tradición iniciada en los primeros años del siglo XVI. Y propicia una exaltación de sentimientos y emociones muy apropiados para la meditación serena y profunda.

 

Mañana conmemoramos los católicos el día más triste del año, la Crucifixión y Muerte de Jesucristo, con ayuno y abstinencia. Hoy no y por eso, nos hemos deleitado con un exquisito guiso de carne con patatas y una leche frita divina, ambas obras excelsas de la maga Lourdes. Gracias.

 

CM

2-4-2026

 

 


martes, 31 de marzo de 2026

 El 2759549

Fue nuestro primer número telefónico de conexión alámbrica.


 


Graham Bell registró la patente de su invento en 1876 que, según parece, se tomó inicialmente como una rareza, puesto que las comunicaciones de la época estaban perfectamente cubiertas por el telégrafo.





Hasta 1883 no se hizo en Madrid el primer ensayo de red telefónica que conectaba el Palacio Real con las dependencias ministeriales y otros centros oficiales. Fue un gran éxito, por lo que el Cuerpo de Telégrafos se encargó de implantar el primer servicio de abonados a particulares, disponible en 1885 al formidable precio de 300 pesetas el abono. Pronto mereció el calificativo de “prototipo de los encantos” que permitía “comunicarse con todo Madrid sin salir de casa”.





En marzo de 1886, mil kilómetros de cable tendido entre los tejados de Madrid, comunicaba a 486 abonados a través de una Estación Central atendida por señoritas hasta las 9 de la noche en que eran reemplazadas por operadores de telégrafos masculinos. Un manual explicaba con precisión la forma de utilizar aquellos primeros aparatos, a partir de la escucha y operación “central”.





En 1924 se funda la Compañía Telefónica Nacional de España. Y en 1928 se inicia la expansión del servicio automático.

Mis padres nacieron en 1909 y en 1918. Fue su generación la que conoció el formidable avance de las comunicaciones a través del teléfono.

No tengo recuerdo de que en casa fuera un acontecimiento el servicio telefónico automático, por lo que deduzco, que, a finales de los 40, el servicio automático del teléfono estaba muy extendido en Madrid.





Creo bastante generalizado que todos teníamos memorizados no menos de 15 o 20 números de teléfono de familiares, amigos, vecinos, … El de mis padres fue durante muchos años (niñez y primera juventud), el 2759549. En algún momento se cambió el inicial 2 por el 5 (5759549). Supongo que obedeciendo exigencias técnicas por la generalización del uso y el enorme crecimiento de líneas.

Mi más antigua memoria está ligada al repetido número y al modelo de teléfono negro (sobremesa y también pared en casa de mis abuelos) con un disco numérico (del 1 al 0) para marcar y un a modo de recipiente de cuatro patas arriba donde depositar el módulo auricular-micrófono sobre un soporte que abría o cancelaba la comunicación (pequeñas perforaciones redondas uno y hendiduras paralelas otro). Creo que fabricados en baquelita, plástico duro y resistente (primer polímero sintético que inició la época de los plásticos).





La socialización del servicio de telefónica la tengo asociada al modelo Heraldo, como el automóvil lo tengo al SEAT 600.





Un avance en las comunicaciones telefónicas llegó de la mano de los “teléfonos públicos” alojados en cabinas levantadas en las calles y accionables primeramente con fichas troqueladas (adquiridas en estancos) y después directamente con monedas. El alojamiento de fichas o monedas permitía ver como la ristra de ellas que depositaba el usuario iban cayendo, desapareciendo en la caja recaudadora conforme avanzaba la comunicación, facilitando el anuncio del corte de la misma (en ocasiones estresante, si no disponías de “material” de repuesto; y un medidor muy visual del encarecimiento de los precios).

 




La aparición del “teléfono móvil” (aunque propiamente no se mueve, se transporta) o “celular” o “sin cables” supuso una revolución total en las comunicaciones telefónicas. Mi generación vivió de lleno su inicio y formidable desarrollo. Supuso la movilidad mediante un aparato transportable que, conectado a repetidores vía satélite, permiten una movilidad teóricamente total y mundial.





Comenzó con Martín Cooper que realizó una llamada “inalámbrica” en Nueva York en 1973 con un aparato de 1,1 kilos. El primer modelo comercial fue un Motorola que se vendía en 1983 por 4 mil dólares. La tecnología fue cambiando modelos analógicos pesados por los teléfonos digitales “inteligentes” (smartphones) de los años dos mil (3G) con conexión a Internet que han evolucionado incorporando velocidades y prestaciones apabullantes, no siendo el uso más destacado el puramente telefónico (son agendas, cámaras y álbumes de fotos, música, relojes, medio de pago e identificación, juegos, redes sociales, mapas, informativos, turismo, diccionarios, …, ordenadores minúsculos con una capacidad tremenda).





En cierta medida nos hemos hecho esclavos de los telefonitos. Alcanzar los 12 años sin un smartfhone suele ser una desdicha profunda y una humillación social importante. Yo mismo caí un día en la cuenta de que, realizando algunas gestiones en la calle, me había olvidado el telefonito en casa. Sufrí un primer golpe de angustia que me impelía a regresar a casa suspendiendo mi plan. Después, fui capaz de reflexionar que había sido capaz de sobrevivir y vivir sin teléfono móvil más de treinta o cuarenta años. Y que jamás se paró el mundo por falta de estos aparatitos tan útiles y eficaces.

Prefiero no asomarme al abismo de angustia que hoy día supone la pérdida del teléfono móvil. Porque hemos hecho depender de él en demasía nuestras ajetreadas vidas (claro que pudo tener una reflexión parecida el que iniciaba el uso de la rueda recién inventada, por ejemplo).





En cualquier caso, hoy solo tengo memoria de mi propio número de teléfono. He dejado al teléfono que memorice el resto de mis contactos. ¿Tendrá algo que ver con mi general sensación de pérdida de memoria? Espero que haya servido para mejorar mi libertad o, al menos, para no menguarla.

 

CM

31-3-2026