martes, 7 de abril de 2026

 AMNISTÍA

 





Tengo la muy inquietante sensación de que nuestra sociedad va asumiendo en ocasiones cambios que pueden ser sustanciales para la buena convivencia sin que realicemos suficientemente la meditación, la reflexión y el debate sosegado que ameritan muchos de esos cambios.

Algunos se van produciendo de forma imperceptible y lenta conforme van variando las condiciones y costumbres sociales. En pureza todos los cambios que realicemos no deben tener objetivo distinto que mejorar la convivencia, esencia de nuestra naturaleza social.

Las enormes variaciones demográficas, económicas, científicas, tecnológicas y de comunicación propician transformaciones de profundo calado en las sociedades. Ciñéndome a nuestra sociedad española, quienes atesoramos una provecta edad hemos conocido modificaciones formidables a lo largo de nuestras vidas: el transistor llevó información “extramuros” hasta donde no llegaba la electricidad; el tractor, sustituyó en las labores agrícolas a muchísimos trabajadores y acémilas (irracionales); las extensas e intensas campañas de alfabetización mejoraron el lenguaje, y permitieron la escritura y la aritmética a  grandes masa de población (esencialmente rural); la ingeniería hidráulica logró canalizar agua corriente a grandes zonas; los viales y transportes crecieron, mejoraron (hasta Puente) y cambiaron notablemente; la Iglesia Católica acometió unas importantes reformas mediante el Vaticano II (liturgia, ecumenismo, apertura a otras religiones se debatieron por más de 2.500 expertos durante años); la Primavera de Praga y el Mayo del 68 de París fueron un gran revulsivo juvenil contra el poder establecido.





Esas fueron, entre otras causas, las que marcaron distintos moldeados de nuestra sociedad a lo largo de los años. En el lapso de mi vida la metamorfosis social ha sido espectacular en una evolución constante, a veces hasta frenética.

La tecnología agrícola vació aldeas y pueblos produciendo el éxodo de millones de emigrantes y el crecimiento de pobladas ciudades satélites alrededor de las grandes ciudades que también tuvieron un crecimiento formidable. En tan pocos años, que no dio lugar a asentarse una nueva cultura a caballo entre la rural y la urbana. Un acelerado desarrollo económico facilitado por las remesas de los emigrantes y la fuerte expansión industrial en potentes polígonos circundando las grandes ciudades, centros de comunicaciones y de consumo creciente, fueron basculando de jornaleros a obreros y de terratenientes a empresarios. Redes de comunicaciones terrestres y aéreas, tecnologías avanzadas en las telecomunicaciones y un turismo explosivo, derribaron murallas de fronteras cercanas y alentaron la globalización, multiplicando el espacio vital.

El cortísimo plazo en que se han producido tan tremendas alteraciones creo que ha impedido en gran medida que la sociedad haya podido disfrutar de una digestión saludable. Creo que sea uno de los principales motivos de esta sensación constante de convulsión y aturdimiento.





La sociedad aturdida, inestable, también manipulada, ha sido carne de cañón para que algunos dirigentes políticos hayan introducido elementos rompedores que han alterado el clásico proceso que hacía que las sociedades evolucionasen y, sólo después, la política reformase las normas para adecuarlas a la nueva realidad. Han actuado a la inversa: regulan primero y estimulan después a la masa sedada para venderle la nueva mercancía con las más potentes técnicas de persuasión, de comercialización del producto. El vendedor por excelencia es el que es capaz de convencerte de que tienes una necesidad inadvertida y te ofrece el remedio para atenderla. Gobernantes expertos en márketing y creación de opinión que no reparan en medios (con recursos públicos) para “seducir” a la sociedad y dictar normas que supuestamente necesita para continuar progresando. A veces, con la conformidad de la Institución que representa al Pueblo, (el Parlamento), convenientemente “domesticada”. Pero, una vez que el gobernante tiene comprobada la debilidad de la sociedad, incluso evita el trámite parlamentario para “imponer” su muy particular interés.

 

Las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos es un axioma irrefutable que, de por sí, exige regular mediante normas la atención de las aspiraciones. De no hacerlo, el caos conduce a la vida salvaje, la ley del más fuerte. Por otra parte, los anhelos son cambiantes, lo que obliga a que las normas varíen y se adapten a los nuevos afanes. En fin, el exceso y la variación de las necesidades conduce a la adaptación del derecho. En el proceso más natural, el legislador busca cómo adaptar la ley a la nueva situacion en aras de la armonía y seguridad social.

Pero hay gobernantes, convertidos en legisladores, que invierten el normal proceso: alientan o dictan leyes contra las necesidades naturales.

A mi forma de ver, regular por ley como derechos humanos el aborto y la eutanasia contravienen el básico derecho a la vida. Como arriba comenté, el gobernante asigna a la libertad individual la de acabar con la vida de otro o con la propia vida. El gobernante pone en marcha su enorme maquinaria de poder para “vender” a la masa social que son derechos obligados para el ejercicio de la libertad.

 

Otro caso es el del gobernante que impone su autoridad para exonerar a determinadas personas, liberándolas de cumplir con la ley o asumir la pena correspondiente por vulnerarla. Imposible de justificarlo en este caso en aras de la libertad, recurre a la “normalización institucional, social y política, para la mejora de la convivencia, cohesión social y superación de la tensión política y judicial”: ¡agárreme usted esa mosca por el rabo!

El 1 de octubre de 2017, se celebró el referéndum de independencia convocado por el presidente de la Generalitat catalana, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional.

El 27 de octubre de 2017, el Parlamento de Cataluña aprobó la “declaración unilateral de independencia”. Ese mismo día, el Gobierno de España, con el apoyo del partido socialista, aplicando el artículo 155 de la Constitución, intervino parcialmente la autonomía de Cataluña y destituyó al presidente de la Generalitat.

Entre febrero y junio de 2019 se celebró el juicio tras el que el Tribunal Supremo condenó a penas entre 9 y 13 años a los líderes del proceso independentista, por delitos de sedición, malversación de caudales públicos y desobediencia.

El 22 de junio de 2021, fueron indultados por el gobierno socialista de Pedro Sánchez y excarcelados al día siguiente.

El 13 de noviembre de 2023, el partido socialista de Sánchez registró la Ley Orgánica de “AMNISTÍA” en el Congreso de los Diputados que la aprobó con fecha 30 de mayo de 2024 con el apoyo de 178 del total de 350 diputados.

El 26 de junio de 2025 el Tribunal Constitucional declaró la constitucionalidad de la ley.

El 8 de octubre, el Constitucional desestimó el recurso del Tribunal Supremo y ratificó su sentencia.

El jefe del Estado (el Rey Felipe VI), el 3 de octubre de 2017 pronunció un discurso firme contra el llamado “procés catalán”, por deslealtad inadmisible, quebrantar la democracia y dividir a la sociedad, reafirmando la unidad de España y la Constitución, siendo éste el hito más político de su reinado.

El 1 de junio de 2018 el partido socialista promovió en el Congreso un voto de censura contra el presidente del gobierno del partido Popular), proponiendo que fuera sustituído por el secretario general socialista que declaró su intención de establecer un “gobierno de transición” (sin precisar la duración de la misma, desde luego) para luchar contra la corrupción política. La Censura prosperó (180 contra 169; 17 de los 180 pertenecientes a las formaciones catalanas amnistiadas). Así Sánchez se convirtió en presidente del Gobierno de España. Apenas 7 meses después de que el Parlamento de Cataluña declarase la independencia.

En resúmen, el Jefe del Estado, el presidente del Gobierno, el jefe socialista de la oposición, el Tribunal Supremo (reiteradamente), condenaron la declaración de independencia catalana. El nuevo presidente del Gobierno (el mismo anterior jefe socialista de la oposición, experto en cambiar de criterio), el Parlamento y el Tribunal Constitucional, indultaron y amnistiaron a los condenados: el delito no existió (quedó en la amnesia, en el olvido, no hubo tal), ni por tanto delincuentes.

 

En nuestra sociedad, nada es lo que parece, nadie es quien parece.

El Jefe del Estado: “arbitra y modera el funcionamiento regular de las Instituciones”. No es cierto, “no toca bola”. Sí es un muy digno representante en el extranjero (salvo lapsus en la historia de la colonización americana).

El Parlamento: “representa al pueblo español, ejerce la potestad legislativa, aprueba el presupuesto y controla al gobierno”. No es cierto, representa a los partidos políticos, legisla cuando lo permite el gobierno, no aprueba el presupuesto que no existe, ni controla en modo alguno al gobierno. Cumple realmente la principal función de indignos tratantes de feria entre partidos, con un insufrible pésimo nivel (salvo excepciones) parlamentando, de muy escaso conocimiento y sin valor ninguno en la palabra.

El Tribunal Supremo: “órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes”. No es verdad, como se comprueba en la anulación de su sentencia sobre la ley de Amnistía y de otras que no gocen de la aquiescencia del Gobierno.

El Tribunal Constitucional: “máximo intérprete de la Constitución”. No es cierto ya que, de sus doce miembros, seis son elegidos por los partidos políticos del Parlamento, cuatro directamente por el Gobierno y sólo dos por el Poder Judicial, con el único criterio objetivo de quince años de ejercicio jurídico y una indeterminada reconocida competencia.

Motivación para la ley de Amnistía: “para la normalización institucional, social y política, para la mejora de la convivencia, cohesión social y superación de la tensión política y judicial”. Rotundamente falso y mentira; realmente fue el pago a las formaciones políticas condenadas, para obtener su necesario apoyo para ser elegido presidente del Gobierno de España.

 

Demostrado que el Gobierno domina el mercadeo transaccionando sin sonrojo con partidos enemigos de España (el caso de la ley de Amnistía es paradigmático) a trueque de sostener al presidente Sánchez en el poder. Y Sánchez carece de empacho en ceder cuanto a España y a los españoles corresponde a más de desconocer traba alguna para ejercer el poder.

 

Su proceder con todos nosotros (y nuestra muda respuesta) demuestra que nada impide que se perpetúe y nos siga sometiendo a su deseo y capricho.

Se ofreció inicialmente como paladín para la lucha contra la corrupción y ha conseguido convertir a su partido y a parte de la sociedad en la corrupción desatada. Declaró no pactar con los comunistas y los metió y los mantiene en su gobierno. A cada oportunidad levanta el puño y vocea la hermandad socialista mientras conchaba con los amigos de los asesinos de sus compañeros. Está empeñado en la división y enfrentamiento entre gobernados por así asegurar mejor su poder. Ha hecho de España su particular propiedad que malversa y maltrata. Y así seguirá siendo hasta que nuestra sociedad no renazca, tome conciencia de lo que es y actúe en consecuencia. O nada.

 

CM

7-4-2026

 

    


domingo, 5 de abril de 2026

 DOMINGO DE RESURRECCIÓN

 





¡Cristo ha resucitado!

Es el grito de transformación, de cambio total para el ser humano. Cristo vence a la muerte y al pecado tras entregar su propia vida en la Cruz para redimirnos y abrir de par en par las puertas de la Esperanza en la Salvación Eterna.

Es la conmemoración principal para los católicos. Redimido el género humano de sus pecados, Jesucristo, el Hijo de Dios, el que trajo un mensaje de amor para el mundo, une su alma a su cuerpo resucitando en plena gloria.





La fiesta toma también el nombre de Pascua Florida. No en vano la Pascua es sinónimo de transformación profunda. Hunde su origen en la liberación del pueblo judío de la esclavitud egipcia. Para los católicos supone la liberación de nuestra esclavitud del pecado y de la muerte, y la vida nueva que se abre a la salvación eterna mediante el amor: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, sin límite, absolutamente.

La Pascua es la fiesta de la nueva creación. Jesús, resucitado, ha descerrajado la puerta a la nueva vida, la que no conoce la muerte.





Los creyentes conmemoramos el triunfo de Jesús sobre la muerte y esperamos su segunda venida. La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra Fe en Cristo.

El cirio pascual evoca que Cristo es la luz del mundo, disipa las tinieblas.

Una parte esencial de la vigilia pascual es la liturgia del sacramento del bautismo con la renovación de las promesas bautismales y la aspersión del agua bendecida. Finalmente, la celebración de la Eucaristía es el punto culminante porque es el sacramento pascual por excelencia.





El pregón pascual medieval o Exultet (¡Alégrate!), es uno de los himnos más bellos del cristianismo que relata el triunfo de Cristo sobre la muerte: “exulten por fin los coros de Los Ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación …, es Cristo, tu Hijo resucitado, que, volviendo del abismo, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”.

 




Jesús a sus discípulos: “La Paz sea con vosotros”.

 

CM

5-4-2026


sábado, 4 de abril de 2026

 SÁBADO SANTO

 



LA PIEDAD, EN LA BASÍLICA DE LA CRUZ DE LOS CAÍDOS 


El cuerpo inánime de Jesucristo fue desprendido de la Cruz antes del ocaso del Viernes por José de Arimatea y otros, lo envolvieron en un lienzo de lino y lo enterraron en una tumba nueva escavada en la roca y cerraron la entrada con una pesada piedra que, después, por orden de Pilatos, fue sellada y custodiada por soldados romanos.

Al tercer día (Domingo), Jesucristo resucitó de entre los muertos.

A falta de otra información canónica se ha especulado sobre el misterio de lo sucedido entre la muerte y la resurrección de Jesucristo. La explicación más extendida declara que descendió al “reino de los muertos” (como sinónimo del “infierno”) hasta la reunión gloriosa de su cuerpo y alma, su resurrección.

 

El Sábado es momento de soledad, luto, silencio y duelo. Y de meditación.

 



JOSEPH RATZINGER (BENEDICTO XVI)


En su artículo, Cristina Ansotena, expone las Meditaciones para el Sábado Santo del teólogo Joseph Ratzinger (luego Papa Benedicto XVI) en su obra “Ser cristiano”.



TUMBA DE JESUCRISTO 


Primera Meditación: el abismo de silencio en que se encuentra el Sábado Santo conduce a decir que “es el día del ocultamiento de Dios”, la Fe aparece como un fanatismo, ningún Dios ha salvado a quien se llamaba su hijo. Es la gélida ausencia de Dios. La falta de Esperanza. Dios ha muerto, y lo hemos asesinado, encerrado en ideologías y costumbres anticuadas. La tiniebla divina habla a nuestras conciencias, porque la muerte de Dios en Jesucristo es, al mismo tiempo, su radical solidaridad con nosotros: el misterio más oscuro de la Fe es también la señal más brillante de una Esperanza sin fronteras, cuando pudieron comprender los discípulos quién era Jesús realmente y lo que significaba verdaderamente su mensaje. Necesitamos las tinieblas de Dios, el silencio de Dios para experimentar el abismo de nuestra nada que se abriría si Él no existiese.

Hay un pasaje evangélico que parece un retrato de nuestra actualidad: Cristo duerme en un bote que está a punto de zozobrar. Los discípulos, desesperados, gritan al Señor que despierte, pero Él, asombrado, les reprocha su escasa Fe. Nosotros, cuando pase la tormenta reconoceremos qué absurda era nuestra falta de Fe. Ahora, sólo podemos sacudir al Dios silencioso y gritarle: ¡despierta!, ¿no ves que nos hundimos?, ¡haz que las tinieblas actuales no sean eternas, envía un rayo de tu Luz Pascual a nuestros días, no nos abandones en la oscuridad, no dejes que tu palabra se diluya en medio de la charlatanería de nuestra época! Sin Ti, pereceríamos.

 




Segunda Meditación: la impotencia De Dios, a pesar de que es Todopoderoso, constituye la preocupación de nuestro tiempo. Pero ¿qué significado tiene que “Jesús descendió a los infiernos”, a las profundidades de la muerte? La muerte no es la misma desde que Jesús descendió a ella, la penetró y la asumió: el ser humano no es el mismo desde que la naturaleza humana se puso en contacto con el ser de Dios a través de Cristo. Ahora, la muerte es también vida y, cuando atravesamos la fría soledad de las puertas de la muerte encontramos a aquel que es la vida, el que participó de nuestro abandono en la soledad mortal de la Cruz, clamando: “¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Existe un miedo en lo más íntimo de nuestra soledad que no puede superarse por el entendimiento, sino exclusivamente por la presencia de un amante, porque es la tragedia de nuestra soledad última. Cuando nos sumergimos en una soledad en la que resulta imposible escuchar una palabra de cariño, estamos en contacto con el infierno. Hay una puerta que debemos cruzar completamente sólos: la puerta de la muerte, que es la soledad absoluta. Cristo cruzó la puerta de la soledad, “descendió a los infiernos”. 




Pero también, en la última noche, en la que no se escucha nada, resuena una palabra que nos llama, se nos tiende una mano que nos acoge y guía. El infierno ha sido superado desde que el amor se introdujo en las regiones de la muerte: el hombre no vive de pan, sino que, en lo más profundo de sí mismo vive de la capacidad de amar y ser amado. Desde que el amor está presente en el ámbito de la muerte, existe la vida en medio de la muerte.

 




Tercera Meditación: la oración litúrgica del Sábado Santo nos introduce en la realidad de la Pasión del Señor, nos impresiona la profunda paz que respira y, conforme avanza, comienzan a lucir las primeras luces de la mañana de Pascua, la Cruz rodeada de rayos luminosos, señal al tiempo de muerte y de resurrección. En un origen de la devoción a la cruz, los cristianos oraban vueltos hacia oriente, indicando su Esperanza de que Cristo, sol verdadero, aparecería sobre la historia: Fe en la vuelta del Señor. La Cruz es pasado y futuro, Cristo es muerto y resucitado y, también, el que ha de venir.

 







En el Sábado Santo destaca especialmente la figura de la Virgen María, como modelo de Fe y de Esperanza. Su presencia no se retira cuando todo signo se desvanece. La Madre de Cristo representa en el Sábado Santo el puente entre la muerte y la vida. Es la Madre que nos acompaña en medio del aparente silencio divino.

 

CM

4-4-2026