sábado, 12 de septiembre de 2026

 DRY MARTINI CON MI HIJA

 





Con menos frecuencia de lo que yo desearía y más de lo que la razón y circunstancias indican, mi querida hija “me saca” a dar un paseo y me invita a un regocijo. De dónde saca el tiempo que no tiene es un misterio inexplicable. Puede que el motivo sea que me he portado bien o, más probablemente, que ella crea que no he sido tan malo. O, lo más seguro, que piense que hija y padre podemos pasar juntos un buen rato. Con toda honradez, lo pasamos pipa. Y yo se lo agradezco una enormidad porque para mí son muy extraordinarias las ocasiones de disfrutar a tope. De ella primero y, después, de los planes que con total acierto prepara, todos ellos entorno a la música que tanto nos satisface.

También son ocasiones raras para mí porque hace tiempo que salgo poco, como ocurre con el avance de la edad y las circunstancias que con tanta frecuencia lo acompañan.

Ingrediente de primer orden es la “charleta” que, además de lo principal, me da respuesta a algunas cuestiones que, siendo hoy corrientes, a mi me causan estupor. Una fue anteayer conocer por su boca la razón del decaimiento notable de las conversaciones telefónicas y su sustitución por grabaciones por WhatsApp que envían y reciben y que construyen una intercomunicación enormemente extraña para mí. “Es para ahorrar tiempo, evitando dilatar innecesariamente la comunicación. En las grabaciones te ciñes a lo necesario y te evitas enrollarte”.

¡Eureka, tiene una explicación lógica! Pude presenciar una comunicación de mi hija con otra persona por este sistema y sí me pareció claro que lo habían hecho con un evidente ahorro de tiempo comparado con una conversación telefónica. Ambos interlocutores fueron “al grano”, sin disquisiciones.





Recordé después que, en aquellos lejanos años en que yo me fumaba hasta el humo, siempre acudía animoso al estanco regentado por una encantadora abuelita y nos poníamos al día sobre las anginas superadas de su nieto, la mejoría de mi fascitis plantar y su infalible remedio casero para tratarla. Podíamos “perder” el tiempo sin malas consecuencias aparentes. Todos vivíamos, trabajábamos, con menos ansiedad permanente. Percibo hoy una tensión generalizada que hace años no notaba. Es posible que hoy haya que atender más asuntos que antes y que no se disponga de tiempo extra para charlar. Habría que meditarlo (si hay tiempo).

Me he vuelto a enrollar. El caso es que hicimos sin problemas el trayecto hasta el barrio de las letras. Mi hija detesta este Madrid de hoy, pero tiene lucidez y reflejos sobrados para sortear los constantes obstáculos de la saturada y frenética ciudad. Yo también, lo detesto, pero no lo tengo que sufrir. Me gusta mucho menos el ambiente general.

Mi hija había hecho un sobreesfuerzo milagroso, me recogió en casa a tiempo de disfrutar de un rato antes de entrar en la sala del concierto. ¡Una maravilla!





Frente a nuestro destino, una coctelería “con sabor” y una especie de porche con una mesa y un par de silloncitos libres antes de traspasar la puerta, que nos aisló del ruido-música del local.





Un cóctel sin alcohol ella, le gustó. Y yo, ¡un Dry Martini! Muchos años hacía del anterior. Recuerdos entrañables con mi adorada mujer y dos queridísimos amigos en el exquisito Puerta Oscura de Málaga. Formidable aquel trago. Aunque no tanto como el portentoso Dry Martini que nuestro amigo preparaba y paladeábamos en su casa frente al mar, que era simplemente sublime. ¡Cómo os echamos de menos!

El de anteayer, digno competidor de aquellos: seguramente un 6x1 (gin y vermut; un par de aceitunas atravesadas por un palillo). Vino un joven barman extranjero interesándose por la valoración de su trabajo. Simpático y muy satisfecho del resultado.





Cruzamos cogidos del brazo (dudaba ella del efecto en mí del gin) y emprendimos la subida de la generosa escalera del Ateneo. La sala, estupenda, llena (¡todo se llena!). Dos cómodas butacas en la segunda fila.





Cinco espléndidos músicos nos deleitaron con un bien escogido repertorio y mejor interpretación. Solazamos el espíritu que es seguro un formidable remedio.

De regreso, me agarró con mayor firmeza bajando la escalera larga. Atisbaba el peligro de mi torpeza.

Mi hija es guapa y atractiva incluso antes de hablar. Y después, resulta totalmente cautivadora. Yendo a su lado se percibe con claridad en el resto de la gente que nos cruzamos. Y en el dueño de la coctelería, y en el barman.

Para mí, adorable. Seguro que repetimos.

Muchas gracias.

 

CM

12-9-2026


 ESCUELA DE SALAMANCA

 





Leo un artículo interesante firmado por Germán Masserdotti recordando el discurso* que pronunció el Papa León XIV en el Congreso de Diputados el pasado 8 de junio. A mi parecer, espléndido discurso del Papa que, increíblemente, fue ovacionado más que aplaudido durante muchos minutos ¡por todos los miembros de la Cámara! (o no lo escucharon o no lo oyeron, porque nuestros congresistas son manifiestamente mejorables en lo uno, en lo otro y en casi todo lo demás).





El Papa reivindicó con fuerza la vigencia de la Escuela de Salamanca y la figura de Francisco de Vitoria, como referentes éticos y jurídicos imprescindibles para nuestros actuales desafíos.

Los maestros salmantinos comprendieron que la razón no podía legitimar todo lo que el poder imponía, sentando las bases de los derechos humanos y el derecho internacional (¡hace 500 años!).

El fraile dominico Francisco de Vitoria, nacido en Burgos donde recibió una buena formación humanística en el convento de San Pablo, hacia 1508 fue enviado a París, estudió artes, filosofía y teología en que obtuvo el doctorado en Sagrada Teología. De regreso a España en 1523, profesor en el Colegio de San Gregorio de Valladolid y en 1526 obtuvo la cátedra de Teología en la “cátedra prima” de la Universidad de Salamanca, estableciendo como libro de texto básico la Summa Theologiae de Tomás de Aquino, difundiendo el “tomismo” por España y Europa. Fueron muy influyentes sus aportaciones al derecho y también sus estudios sobre teología y los aspectos morales de la economía:

“Si los bienes se poseyeran en común serían los hombres malvados e incluso los avaros y ladrones quienes más se beneficiarían. Sacarían más y pondrían menos en el granero de la comunidad” (Francisco de Vitoria).

El fraile dominico fue el inspirador de la “Escuela de Salamanca” y teorizó abundantemente sobre el aspecto moral de la economía. Según Vitoria, el “orden natural” se basa en la libertad de circulación de personas, bienes e ideas (un sorprendente adelantado a su tiempo y plenamente vigente cinco siglos después). Enseñó que el “precio justo”, basado en la escasez del producto, estaba influido por la oferta y la demanda, y no por el coste de producción.

Contra lo que pudiera sugerir tan largo tiempo transcurrido, la Escuela encabezada por fray Francisco de Vitoria responde con la mejor calidad teórica a los problemas actuales.





“¿Y si los problemas que padecemos hoy es por habernos apartado de la cosmovisión católica de la vida de la que es una gran representante la Escuela de Salamanca?” (Se pregunta el autor del artículo).

Una mirada histórica llama nuestra atención sobre la influencia que tuvieron los teólogos en la vida social y política de la época; los reyes hicieron caso a los teólogos (hoy no tanto, ¿verdad?). También llama la atención la libertad con que estos teólogos pudieron llevar a cabo su labor académica y apostólica.

En las célebres releciones “De Indis” y “De iure belli”, Vitoria enarboló una concepción de la vida política conforme al derecho natural. Fue el primero en plantear lo títulos legítimos (justos) e ilegítimos (injustos) para la dominación de España en las Indias.

Algunos aportes de Francisco de Vitoria en materia moral parecen bastante actuales:

-la juricidad del derecho natural,

-origen, alcance y límites del poder político según el derecho natural y divino,

-naturaleza, alcance y límites de la potestad papal,

-el orden social según el derecho natural y cristiano,

-la doctrina de la guerra justa.

Estos teólogos afirman la debida unión entre la Iglesia y las sociedades políticas, distinguiendo potestad civil y eclesiástica.





Gracias a Francisco de Vitoria y a Bartolomé de las Casas se promulgaron en 1542 las Leyes de Indias: los indios eran seres humanos libres y quedaban bajo la protección directa de la Corona.

En “De iure belli”: es lícito hacer la guerra pero la única causa justa para iniciarla es responder proporcionalmente a una injuria (no es lícito iniciarla por diferencias de religión o para aumentar el territorio).

“De potestate civili” establece las bases teóricas del derecho internacional moderno. Propuso una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural. La actuación en el mundo tiene límites morales. Cuestionó el derecho divino de los reyes a gobernar. No se pueden forzar las creencias porque son un acto de libre albedrío y éste nos lo da Dios. Los Estados guerreros tienen responsabilidades y los no combatientes tienen derechos.





Los derechos naturales del hombre pasaron a ser el centro de atención, tanto los relativos al cuerpo (derecho a la vida, a la propiedad) como al espíritu (libertad de pensamiento, dignidad).

Todo lo que exista según el orden natural comparte ese derecho natural. Si todos los hombres comparten la misma naturaleza, también comparten los mismos derechos: igualdad y libertad. Puesto que el hombre vive en sociedad, la ley natural no se limita al individuo.

La Escuela de Salamanca distinguió entre dos potestades: el ámbito natural o civil y el ámbito sobrenatural (en la Edad Media no se diferenciaban). Por tanto, el rey no tiene jurisdicción sobre las almas ni el Papa poder temporal. En la Nación, los gobernantes son los administradores, pero el poder reside en el conjunto de los administrados considerados individualmente (la idea anterior era que el poder de la sociedad sobre el individuo era mayor que el de éste sobre sí mismo).

Francisco Suárez (teólogo, filósofo y jurista jesuita),  en “Defensio Fidei Catholicae adversus Anglicanae sectae errores (1613) fue la mejor defensa de la soberanía del pueblo. Los hombres nacen libres por naturaleza y no son siervos de otro hombre y pueden desobedecer e incluso deponer a un gobernante injusto. El poder político de la sociedad es contractual en su origen porque la comunidad se forma por el consenso de voluntades libres.

Francisco de Vitoria desarrolló una teoría sobre el “ius gentium”: el ámbito internacional debe regirse por unas normas justas y respetuosas con los derechos de todos, el bien común del orbe es de categoría superior al bien de cada estado.

La Escuela de Salamanca y la economía. Schumpeter (1954) considera a la Escuela como fundadora de la ciencia económica. Martín de Azpilcueta (1556) desarrolló una teoría del “valor-escasez” frente a la teoría medieval del coste de producción como precio justo. El valor de cambio depende de su necesidad objetiva. El precio justo lo determina la “común estimación” solamente si hay muchos vendedores y compradores, si hay competencia. El precio de las cosas necesarias para la vida humana debe establecerse legalmente.





Con todo, lo anterior es una humilde y muy escueta muestra de la formidable y sorprendente aportación de la Escuela de Salamanca: la defensa de los Derechos Naturales del ser humano, la creación del Derecho Internacional y los fundamentos de la Economía de Mercado. ¿Qué neuronas se nos extraviaron por el camino de la Historia?

 

No me parece una propuesta valadí acercarnos a la sabiduría de la Escuela de Salamanca. Es posible que ilumine zonas muy oscuras de la actualidad.

 

CM

12-9-2026

 

 


viernes, 11 de septiembre de 2026

 TOQUE DE RETIRADA

¡Fiel Regular! ¡Hasta morir!

 





El corneta, mientras por sus mejillas resbalaban dos lágrimas de fuego, acercó la “chirimía” a sus labios de ira y rabia para atacar el toque de retirada. El tabor de regulares de Ceuta jamás había utilizado tan fatídico toque durante 115 años de honor y gloria. Las Fuerzas Regulares Indígenas, fueron creadas por el rey Alfonso XIII el 30 de junio de 1911.





El espíritu militar se ha transmitido de generación en generación, apoyado en su glorioso historial y en unas tradiciones únicas. Su vistosa uniformidad de gala conserva elementos singulares: el “tarbush” encarnado, la faja azul y el “sulham” azul. Desfilando mantiene su paso de 90 pasos por minuto y braceo solemnes y la música de las Nubas, bandas de guerra de Regulares (tradición magrebí con música militar).





Hoy, el Grupo de Regulares de Ceuta número 54, acuartelado en el González Tablas en el centro de la insigne y hoy denigrada ciudad se distingue por el fajín azul. Está formado por una unidad de infantería ligera, a su mando un coronel, plana mayor y el Tabor (batallón) Tetuán I/54 bajo el mando de un teniente coronel. Tiene disponibilidad para intervenir de forma inmediata. Adiestrada en combate en zonas urbanas y terrenos de difícil acceso. Depende orgánicamente de la Comandancia General de Ceuta, integrada en el Mando de Canarias. Ha adquirido una gran experiencia en misiones internacionales en los Balcanes, Afganistán, Líbano, Mali, Irak y Ucrania. Y, hasta ahora en España, como apoyo en el Covid-19, Dana de Valencia, prevención de incendios forestales y misiones de refuerzo y seguridad con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El 15% lo forman mujeres. Custodia la bandera más condecorada del ejército español.





El 28 de julio de 2026 el coronel jefe de los Regulares de Melilla recibió información sobre un inminente asalto a la ciudad de Ceuta por más de 70 mil personas, supuestamente desarmadas. De inmediato dio orden de situar en estado de alerta, nivel 3 (preparados para el combate) a su Tabor (batallón), de unos 750 militares perfectamente apertrechados, que en menos de 12 minutos estaban totalmente dispuestos.

En 48 horas se confirmó la invasión. Llegó el momento de reaccionar y actuar contra el ataque. Pero la orden no llegó.





Los españoles de Ceuta asistieron aterrorizados y perplejos a la inmensa invasión, por mar y por tierra, sin oposición ninguna del Estado, nada. Tan solo unos cuantos guardias y policías, empleados en rescatar del mar semiahogados y cadáveres, para lo que no precisaron orden alguna.





Seis semanas de ocupación salvaje de la ciudad por los invasores que decidieron permanecer. Seis semanas de ceutíes secuestrados en su propia ciudad, agredidos y aterrorizados por unos veinte mil salvajes llegados de Marruecos.





Los salvajes comenzaron agrediendo y violando a jovencitas, continuaron con peleas día a día más violentas, siguieron atacando a los agentes de autoridad y prendiendo fuego en las calles y en el monte.

 

No llegó la orden a los Regulares. No llegó ninguna orden a ninguno de nuestros ejércitos.

¿Quién puede dar la orden de mando en nuestro ejército?:

-Capital General, Mando Supremo: el Jefe del Estado, el Rey. Pero sólo tiene un papel simbólico e institucional. Todos sus actos tienen que ser refrendados por el presidente del Gobierno.

-Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD): ejerce el mando operativo de la defensa. Pero depende del ministro de defensa.

-Ministro de Defensa: dirige la actuación de las Fuerzas Armadas. Pero siempre bajo las órdenes del presidente del gobierno.

-Presidente del Gobierno: es el que manda. Es “el Amo”, el “puto amo” en boca de uno de sus perrillos.

 




Dos veces se ha manifestado “el Amo” sobre la invasión de la ciudad española:

-el 31-7: “se ha producido un ataque y una violación de la integridad territorial de España”.

Inmediatamente, el coronel jefe de los Regulares de Ceuta dio la orden de pasar a la alerta de nivel 1: “inminencia del combate”.

-el 9-9, el “Amo” expresó un doble mensaje:

       -“nadie pudo anticipar la inmigración masiva”,

       -“los ceutíes han de acostumbrarse a la situación”. Otro de sus perrillos manifestó que los ceutíes padecían un miedo “subjetivo” del que (yo supongo), deberían tratarse para, superándolo, curarse.

Con el agudo y doloroso toque de retirada el Tabor de Regulares de Ceuta vio anulada la alerta y la sumisión a los salvajes invasores. El “Amo”, el único con capacidad efectiva de la máxima decisión militar, había ordenado rendirse. Jamás, hasta ahora, se habían rendido las Fuerzas Regulares.

En dos jornadas nuestras Fuerzas Regulares liberarían a los españoles de Ceuta de su cautiverio y les repondrían en todos sus derechos. Y yo estaría profundamente orgulloso.

 





En 1808, ante la indiferencia del Estado, el pueblo de Madrid se alzó el dos de mayo contra el ejército francés invasor. Fue el inicio de la “Guerra de Independencia”, primera contienda que perdió el más formidable ejército de la época, el de la gran Francia. Cuatro generaciones nos separan de aquellos antepasados héroes (muchos se jugaron y perdieron la vida) y vencedores.

 

CM

11-9-2026