jueves, 16 de abril de 2026

 CORTEX PREFRONTAL

Sistemas Reptiliano, Racional y Límbico.

ALMA Y ESPÍRITU

 





Los sistemas Reptiliano (instintivo), Límbico (emociones) y Racional (Neocortex), componentes clave del cerebro humano interactúan, gestionando el primero (Reptiliano) la supervivencia; el segundo (Límbico), las emociones, memoria y motivación; y el Neocortex (el más sofisticado), gestiona la reflexión, planificación, lógica y lenguaje. Descartes situaba el alma en la “glándula Pineal”.

 




El amor, localizado en el Límbico, es una emoción compleja y abstracta que involucra a diversas zonas del cerebro. Se ha descubierto que el núcleo concreto donde se sitúan el amor y el deseo sexual es el “núcleo estriado”, pero la zona donde se activa el amor es más compleja, en un proceso neuroquímico y de recompensa que activa 12 áreas cerebrales que liberan diversos neurotransmisores como la dopamina (placer), oxitocina (vínculo y confianza) y adrenalina provocando euforia, adicción y fijación. Aunque fisiológicamente, sentimos los efectos en el corazón (palpitaciones, nervios).

El amor nos hace intrépidos, brillantes y dispuestos a correr riesgos. El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo y pertenencia entre las personas mediante el afecto, la empatía y el compromiso.

 




Cuando el amor transciende del sentimiento y pasa a ser una manifestación del alma o de la mente, los creyentes lo identificamos con Dios y se basa en la Fe: el Amor proviene de Dios, es una virtud teologal. El Papa Benedicto XVI tituló a una encíclica “Deus, Cáritas est” (Dios es Amor), reflexión del amor divino al ser humano y la distinción entre “Agapē” (amor caritativo, desinteresado, altruista e incondicional) y “Eros” (amor sexual).

Jesucristo señaló como primer mandamiento, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”, y el segundo mandamiento, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el Amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” (San Juan).

Orar es hablar con Dios. Requiere un ambiente de recogimiento, silencio y soledad interior para facilitar la comunicación con Dios. La Virgen María es Intercesora en la oración. La muerte terrena no es el final de la vida sino el inicio de la Vida Eterna con Dios.

 




De la lectura del doctor Manuel Sans Segarra y consecuente reflexión, a continuación, comento algunos pensamientos.

“La muerte no existe; no es un proceso biológico sino espiritual. La vida debe entenderse como una continuación hacia la vida después de la vida”.

 

Yo considero simplificadamente que, en este mundo, estamos formados por un alma eterna, inmortal, que da vida a un cuerpo mortal. Por tanto, una coincidencia básica con el pensamiento de Platón: el dualismo antropológico radical, definiendo al hombre como una unión accidental y transitoria entre un alma inmortal (inmaterial, racional) y un cuerpo mortal (material, pasional) que tiene encarcelada al alma limitándola en deseos y sentidos, mientras el alma busca la verdad y la sabiduría.

 





Los padres de la “física cuántica” (Planck, Einstein, Wigner), dijeron que, cuando buscamos principios fundamentales, siempre nos encontramos con un vacío que obliga a aceptar que existe algo más, una inteligencia superior.

En su libro “Ego y Supraconciencia: buscando el sentido de la vida”, el doctor Sans Segarra, utiliza dos conceptos básicos:

-El Ego: “es fundamental en nuestra andadura vital puesto que nos proporciona la energía y la voluntad para obtener nuestros objetivos interconectados (salud, felicidad y libertad), consecuencia de lo que pensamos, (que depende del carácter de cada individuo). Pero siempre debe estar controlado por la Supraconciencia”.

-La Supraconciencia: “nuestra realidad existencial”.

El desarrollo completo de los tres objetivos sólo se obtiene mediante una dinámica vital fundamentada en la Supraconciencia. Con el Ego sólamente se consiguen momentos efímeros de placer (y sufrimiento), una falsa libertad y un deterioro de la salud.





La Supraconciencia es nuestra auténtica realidad existencial, la que nos hace únicos e irrepetibles y la que perdura tras la muerte física. Todas las experiencias profesionales del doctor Sans sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM) así lo indican. Para la comprensión de esas vivencias ha acudido a las leyes y principios de la física teórica que evidencian la energía como elemento estructural básico del Universo. Aunque existen ciertas analogías entre la física cuántica y las ECM, aún no existe evidencia experimental. Las ECM poseen patrones comunes que las diferencian de las alucinaciones.

La Supraconciencia es holística respecto a la conciencia o Inteligencia Primera y tiene sus propiedades: omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia, que se manifiestan en la intuición, la creatividad y la persistencia tras la muerte física. Su extensa experiencia como médico y cirujano se centra en los fenómenos transcendentes alrededor de la muerte adquirida en la atención, observación y estudio de los pacientes terminales vivenciados.

Existen posibilidades y modos de contactar con la Supraconciencia de manera que sea la que oriente y dirija nuestra vida a controlar el Ego. La Meditación, junto con la Oración Devota centrada en un solo pensamiento, es el método más eficiente para contactar con la Supraconciencia de forma consciente.





Sans Segarra pone especial énfasis en la Muerte, considerándola como un tránsito a otra dimensión energética y no el fin de nuestra existencia. Debe hacer perder el Miedo al final de nuestra vida física.

El Ego es la expresión consciente de nuestra identidad personal (existencia, reflexiones y actos). Pero nos proporciona un mundo de ilusión, no real; la construcción de nuestro Ego es artificial, nos define por lo que aparentamos, por nuestras características externas (nacionalidad, profesión, aficiones, creencias religiosas …). Chopra (médico y escritor indio) y Jodorowsky (poeta y ensayista) coinciden en que el Ego tiene que ver con nuestro rol en la sociedad, con la máscara que nos ponemos para relacionarnos con los demás y conseguir su aprobación. Cuando el miedo al rechazo nos domina, perdemos el control del Ego y nos convertimos en esclavos de él.

Pero el Ego no es un enemigo. Es un componente de nuestra mente con un papel importante en nuestra rutina diaria. Debemos y podemos controlarlo mediante la introspección y el autoconocimiento. El Ego establece un dualismo cuando realmente el universo es Holístico. Todo es uno: observador y objeto están unidos.





El materialismo exacerbado conduce al Nihilismo existencial, a la nada, nada tiene sentido. Nietzsche lo define como la desvalorización de los valores supremos: rechaza los principios éticos y religiosos y conduce a la creencia de que la vida no tiene sentido. En las sociedades occidentales ha llevado a que el suicidio sea la principal causa de muerte entre los quince y treinta y cinco años.

Nuestra sociedad occidental está en crisis al carecer de respuesta a: 1- ¿la vida tiene razón de ser? 2- ¿qué significado tiene? 3- ¿qué propósito tiene?

La vida sólo tiene sentido si es “trascendente”, con el Ego controlado.





Se precisa un cambio de conciencia que permita que el científico materialista se complemente con una ideología trascendente y evolucione a la hegemonía de nuestra realidad existencial, la Supraconciencia. Ghandi lo expresaba magistralmente: “los cambios empiezan en uno mismo: si transformamos nuestra forma de ser y estar en el mundo, el mundo también cambiará su actitud con nosotros”. Cuando la vida se estructure desde el interior seremos realmente libres.

 





El Miedo a la Muerte se debe a distintos factores:

1-el paso de la vida a la muerte suele ser molesto, doloroso, angustiante y de gran soledad

2-supone el paso a una zona desconocida

3-se pierde familia, amigos y bienes materiales

4-tenemos un instinto de conservación muy potente

El Miedo a la Muerte sólo se elimina teniendo la seguridad de que no es el fin de la existencia. Quienes han descubierto su auténtica identidad, la Supraconciencia, consideran la muerte como una liberación. El sentimiento del tiempo limitado que tenemos condiciona el Miedo a la Muerte. Si vivimos plenamente de acuerdo con nuestra Superconciencia, la Muerte supone pasar a una dimensión donde el tiempo es eternamente presente.

Es justo y necesario morir de manera digna, sin sufrimiento. Hay medios suficientes para controlarlo. Pero la inconsciente sociedad actual dispone de una ley para la eutanasia, pero no de una ley para los cuidados paliativos.

 




La Felicidad es un estado de ánimo que supone satisfacción y ausencia de sufrimiento. Es el objetivo primordial de todo ser humano. Se mide por la capacidad que cada individuo tiene para dar soluciones a los distintos aspectos de su vida. El camino que conduce a la Felicidad es la Gratitud: “la virtud más grande y la madre de todas las demás” (Cicerón).

Para san Agustín es un don divino, el gozo de conocer y poseer la Verdad (Dios) mediante el amor y orden de los deseos. Para santo Tomás de Aquino, la felicidad imperfecta (en este mundo) se basa en actuar conforme a la razón y la virtud moral y la felicidad perfecta (sobrenatural) consiste en la contemplación de Dios.

El entorno material no proporciona Felicidad sino placer (de corta duración) y exige estímulos crecientes sin límite. Víktor Frankl considera al ser humano como capaz de soportar el sufrimiento siempre y cuando consiga encontrarle un significado que puede ser en la Fe religiosa o en la liberación espiritual. La auténtica Felicidad sólo es posible en la Supraconciencia. Para ser feliz, la vida debe tener un sentido y un significado que permitan disfrutarla.





La sociedad actual está en crisis porque no es capaz de dar una respuesta que dé sentido a la vida, como consecuencia del materialismo existente y la ausencia de trascendencia. “Nuestra democracia se autodestruye porque se ha abusado del derecho a la igualdad y del derecho a la libertad; porque se ha enseñado al ciudadano a considerar la impertinencia como un derecho, el no respeto a las leyes como libertad, la imprudencia en las palabras como igualdad y la anarquía como felicidad. La educación moral es la única base para mejorar la democracia” (Isócrates, ~400 a.C.)).





El progreso moral de una sociedad sólo es posible si existe un principio universal del que emanan unos valores que son la manifestación de la Conciencia Primera. “Hay que tener la fortaleza y la fuerza de voluntad suficientes para cambiar lo que es posible cambiar, la serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar y la sabiduría para saber diferenciar lo uno de lo otro” (Reinhold Niebuhr).

 




La Libertad es la capacidad del ser humano de actuar conforme a sus valores, a su criterio, razón y voluntad, pudiendo tomar decisiones sin estar coaccionado por fuerzas externas o internas, de forma autónoma, únicamente limitada por el respeto a la libertad de los demás. Es actuar en favor del bien propio o común, pero con la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. El ser libre es responsable de sus actos y de sus consecuencias. Es imprescindible para la Felicidad y para la Dignidad Humana.

 




La conciencia es el conocimiento de nuestra existencia, nuestras reflexiones y nuestros actos. En el procesamiento cerebral, la conciencia ocupa una fracción mínima. Cuanto más se conoce del cerebro más evidencias hay de que este no crea la conciencia.

 

El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, es una unidad integral compuesta por:

-Cuerpo (Soma): es la parte física y material que permite interactuar con el mundo exterior a través de los cinco sentidos.

-Alma (Psique): es la base de la personalidad, compuesta por la Mente, la Voluntad y las Emociones.

-Espíritu (Pneuma): es la parte más profunda y transcendente que permite la conexión con lo divino o lo espiritual, da Conciencia de Dios y abre una vida que trasciende las limitaciones.

En el momento de la muerte, se separan el cuerpo y el alma. El alma esperará la segunda venida de Cristo, el cuerpo será redimido y resucitado y Dios celebrará el Juicio Final. Quienes hayan creído en Jesucristo y seguido sus enseñanzas gozarán de la vida eterna en la contemplación de Dios.





Podemos utilizar dos vías para encontrarnos con Jesucristo:

-la vía externa es la que, desde una excitación de los sentidos nos conmueve de forma que nos conduce a Jesús: un paisaje radiante y sobrecogedor, una música cautivadora y evocadora, …

-la vía interna usa la meditación profunda, la introspección, el autoanálisis que nos haga humildes, que ponga de manifiesto nuestra absoluta pequeñez. San Agustín reflejó con precisión su experiencia: buscando afanosamente fuera a Jesucristo, sin conseguir encontrarlo, en un momento determinado, se dió la vuelta y lo encontró dentro de sí; Jesucristo siempre está dentro de nosotros y nuestro afán debe dirigirse a realizar su búsqueda en nuestro interior. De forma similar, Santa Teresa realiza mediante la oración y la caridad el camino de acercamiento a Dios a través de un viaje en el que va superando las distintas moradas del “castillo interior”, logra llegar a la séptima y definitiva morada en que Dios se desvela y se produce la unión definitiva con Dios.b

 

     

Una última referencia a los valores y leyes morales:

“Como nos enseña C.S.Lewis, las leyes morales son como los colores primarios, siempre las mismas, siempre inmutables; trascienden todas las culturas y todas las épocas, no pueden ser cambiadas, ni reemplazadas ni “superadas” sin destruir nuestra condición humana. No existen, pues, “valores” que en cada época puedan transformar las leyes morales según su “sensibilidad”; puede haber, en todo caso, un refinamiento del discernimiento moral. Pero lo que nuestra época llama “valores” no son sino deseos, conveniencias, apetitos convenientemente rebozados de ideología”. (Juan Manuel de Prada)

 

CM 16-4-2026

 

 

 

            


martes, 7 de abril de 2026

 AMNISTÍA

 





Tengo la muy inquietante sensación de que nuestra sociedad va asumiendo en ocasiones cambios que pueden ser sustanciales para la buena convivencia sin que realicemos suficientemente la meditación, la reflexión y el debate sosegado que ameritan muchos de esos cambios.

Algunos se van produciendo de forma imperceptible y lenta conforme van variando las condiciones y costumbres sociales. En pureza todos los cambios que realicemos no deben tener objetivo distinto que mejorar la convivencia, esencia de nuestra naturaleza social.

Las enormes variaciones demográficas, económicas, científicas, tecnológicas y de comunicación propician transformaciones de profundo calado en las sociedades. Ciñéndome a nuestra sociedad española, quienes atesoramos una provecta edad hemos conocido modificaciones formidables a lo largo de nuestras vidas: el transistor llevó información “extramuros” hasta donde no llegaba la electricidad; el tractor, sustituyó en las labores agrícolas a muchísimos trabajadores y acémilas (irracionales); las extensas e intensas campañas de alfabetización mejoraron el lenguaje, y permitieron la escritura y la aritmética a  grandes masa de población (esencialmente rural); la ingeniería hidráulica logró canalizar agua corriente a grandes zonas; los viales y transportes crecieron, mejoraron (hasta Puente) y cambiaron notablemente; la Iglesia Católica acometió unas importantes reformas mediante el Vaticano II (liturgia, ecumenismo, apertura a otras religiones se debatieron por más de 2.500 expertos durante años); la Primavera de Praga y el Mayo del 68 de París fueron un gran revulsivo juvenil contra el poder establecido.





Esas fueron, entre otras causas, las que marcaron distintos moldeados de nuestra sociedad a lo largo de los años. En el lapso de mi vida la metamorfosis social ha sido espectacular en una evolución constante, a veces hasta frenética.

La tecnología agrícola vació aldeas y pueblos produciendo el éxodo de millones de emigrantes y el crecimiento de pobladas ciudades satélites alrededor de las grandes ciudades que también tuvieron un crecimiento formidable. En tan pocos años, que no dio lugar a asentarse una nueva cultura a caballo entre la rural y la urbana. Un acelerado desarrollo económico facilitado por las remesas de los emigrantes y la fuerte expansión industrial en potentes polígonos circundando las grandes ciudades, centros de comunicaciones y de consumo creciente, fueron basculando de jornaleros a obreros y de terratenientes a empresarios. Redes de comunicaciones terrestres y aéreas, tecnologías avanzadas en las telecomunicaciones y un turismo explosivo, derribaron murallas de fronteras cercanas y alentaron la globalización, multiplicando el espacio vital.

El cortísimo plazo en que se han producido tan tremendas alteraciones creo que ha impedido en gran medida que la sociedad haya podido disfrutar de una digestión saludable. Creo que sea uno de los principales motivos de esta sensación constante de convulsión y aturdimiento.





La sociedad aturdida, inestable, también manipulada, ha sido carne de cañón para que algunos dirigentes políticos hayan introducido elementos rompedores que han alterado el clásico proceso que hacía que las sociedades evolucionasen y, sólo después, la política reformase las normas para adecuarlas a la nueva realidad. Han actuado a la inversa: regulan primero y estimulan después a la masa sedada para venderle la nueva mercancía con las más potentes técnicas de persuasión, de comercialización del producto. El vendedor por excelencia es el que es capaz de convencerte de que tienes una necesidad inadvertida y te ofrece el remedio para atenderla. Gobernantes expertos en márketing y creación de opinión que no reparan en medios (con recursos públicos) para “seducir” a la sociedad y dictar normas que supuestamente necesita para continuar progresando. A veces, con la conformidad de la Institución que representa al Pueblo (el Parlamento), convenientemente “domesticada”. Pero, una vez que el gobernante tiene comprobada la debilidad de la sociedad, incluso evita el trámite parlamentario para “imponer” su muy particular interés.

 

Las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos es un axioma irrefutable que, de por sí, exige regular mediante normas la atención de las aspiraciones. De no hacerlo, el caos conduce a la vida salvaje, la ley del más fuerte. Por otra parte, los anhelos son cambiantes, lo que obliga a que las normas varíen y se adapten a los nuevos afanes. En fin, el exceso y la variación de las necesidades conduce a la adaptación del derecho. En el proceso más natural, el legislador busca cómo adaptar la ley a la nueva situacion en aras de la armonía y seguridad social.





Pero hay gobernantes, convertidos en legisladores, que invierten el normal proceso: alientan o dictan leyes contra las necesidades naturales. Existe un contexto internacional desde hace años dominado por poderosos grupos conectados con la masonería en ataque directo al cristianismo, luchando por la desaparición del matrimonio y de la familia, ignorantes de la ley natural y que han implantado la moral relativista, la ideología de género y la “cultura de la muerte” (la ONU y la UE están hondamente infectadas por tales ideologías). Los llamados “nuevos derechos” se redactan en las logias antes de pasar a los parlamentos. Para defenderse de tan poderosa agresión se precisa formación Antropológica, soportada en la patrística y la obra de los doctores de la Iglesia y volver a los principales filósofos socráticos (Platón y Aristóteles) y a la Doctrina Social de la Iglesia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue al Estado de una banda de bandidos?” (san Agustín). “Fe y razón son las dos alas que nos elevan a la verdad” (San Juan Pablo II).

A mi forma de ver, regular por ley como derechos humanos el aborto y la eutanasia contravienen el derecho natural a la vida. Como arriba comenté, el gobernante asigna a la libertad individual la de acabar con la vida de otro (aborto) o con la propia vida (eutanasia). El gobernante pone en marcha su enorme maquinaria de poder para “vender” a la masa social que son derechos obligados para el ejercicio de la libertad.

 




Otro caso es el del gobernante que impone su autoridad para exonerar a determinadas personas, liberándolas de cumplir con la ley o asumir la pena correspondiente por vulnerarla, la AMNISTÍA . Imposible de justificarlo en este caso en aras de la libertad, recurre a la “normalización institucional, social y política, para la mejora de la convivencia, cohesión social y superación de la tensión política y judicial”: ¡agárreme usted esa mosca por el rabo!

El 1 de octubre de 2017, se celebró el referéndum de independencia convocado por el presidente de la Generalitat catalana, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional.

El 27 de octubre de 2017, el Parlamento de Cataluña aprobó la “declaración unilateral de independencia”. Ese mismo día, el Gobierno de España (con el apoyo del partido socialista), aplicando el artículo 155 de la Constitución, intervino parcialmente la autonomía de Cataluña y destituyó al presidente de la Generalitat.




Entre febrero y junio de 2019 se celebró el juicio tras el que el Tribunal Supremo condenó a penas entre 9 y 13 años a los líderes del proceso independentista, por delitos de sedición, malversación de caudales públicos y desobediencia.

El 22 de junio de 2021, fueron indultados por el gobierno socialista de Pedro Sánchez y excarcelados al día siguiente.

El 13 de noviembre de 2023, el partido socialista de Sánchez registró la Ley Orgánica de “AMNISTÍA” en el Congreso de los Diputados que la aprobó con fecha 30 de mayo de 2024 con el apoyo de 178 del total de 350 diputados.

El 26 de junio de 2025 el Tribunal Constitucional declaró la constitucionalidad de la ley.

El 8 de octubre, el Constitucional desestimó el recurso del Tribunal Supremo y ratificó su sentencia.

El jefe del Estado (el Rey Felipe VI), el 3 de octubre de 2017 pronunció un discurso firme contra el llamado “procés catalán”, por deslealtad inadmisible, quebrantar la democracia y dividir a la sociedad, reafirmando la unidad de España y la Constitución, siendo éste el hito más político de su reinado.




El 1 de junio de 2018 el partido socialista promovió en el Congreso un voto de censura contra el presidente del gobierno del partido Popular), proponiendo que fuera sustituído por el secretario general socialista que declaró su intención de establecer un “gobierno de transición” (sin precisar la duración de la misma, desde luego) para luchar contra la corrupción política. La Censura prosperó (180 contra 169; 17 de los 180 pertenecientes a las formaciones catalanas amnistiadas). Así Sánchez se convirtió en presidente del Gobierno de España. Apenas 7 meses después de que el Parlamento de Cataluña declarase la independencia.

En resúmen, el Jefe del Estado, el presidente del Gobierno, el jefe socialista de la oposición, el Tribunal Supremo (reiteradamente), condenaron la declaración de independencia catalana. El nuevo presidente del Gobierno (el mismo anterior jefe socialista de la oposición, experto en cambiar de criterio), el Parlamento y el Tribunal Constitucional, indultaron y amnistiaron a los condenados: el delito no existió (quedó en la amnesia, en el olvido, no hubo tal), ni por tanto delincuentes. 

¡Se quebró el Derecho en beneficio del político Sánchez! (El Estado, ¿banda de bandidos?)

 



ALEGORÍA DE LA CAVERNA DE PLATÓN, LA IMAGEN Y LA REALIDAD


En nuestra sociedad, nada es lo que parece, nadie es quien parece.

El Jefe del Estado: “arbitra y modera el funcionamiento regular de las Instituciones”. No es cierto, “no toca bola”. Sí es un muy digno representante en el extranjero (salvo lapsus en la historia de la colonización americana).

El Parlamento: “representa al pueblo español, ejerce la potestad legislativa, aprueba el presupuesto y controla al gobierno”. No es cierto, representa a los partidos políticos, legisla cuando lo permite el gobierno, no aprueba el presupuesto que no existe, ni controla en modo alguno al gobierno. Cumple realmente la principal función de indignos tratantes de feria entre partidos, con un insufrible pésimo nivel (salvo excepciones) parlamentando, de muy escaso conocimiento y sin valor ninguno en la palabra.

El Tribunal Supremo: “órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes”. No es verdad, como se comprueba en la anulación de su sentencia sobre la ley de Amnistía y de otras que no gocen de la aquiescencia del Gobierno.

El Tribunal Constitucional: “máximo intérprete de la Constitución”. No es cierto ya que, de sus doce miembros, seis son elegidos por los partidos políticos del Parlamento, cuatro directamente por el Gobierno y sólo dos por el Poder Judicial (con el único criterio objetivo de quince años de ejercicio jurídico y una indeterminada reconocida competencia).





Motivación para la ley de AMNISTÍA: “para la normalización institucional, social y política, para la mejora de la convivencia, cohesión social y superación de la tensión política y judicial”. Rotundamente falso y mentira; realmente fue el pago a las formaciones políticas de los condenados, para obtener su necesario apoyo para ser elegido presidente del Gobierno de España.

 

Demostrado que el Gobierno domina el mercadeo transaccionando sin sonrojo con partidos enemigos de España (el caso de la ley de Amnistía es paradigmático) a trueque de sostener al presidente Sánchez en el poder. Y Sánchez carece de empacho en ceder cuanto a España y a los españoles pertenece a además de desconocer traba alguna para ejercer el poder.

 

Su proceder con todos nosotros (y nuestra muda respuesta) demuestra que nada impide que se perpetúe y nos siga sometiendo a su deseo y capricho.







Se ofreció inicialmente como paladín para la lucha contra la corrupción y ha conseguido convertir a su partido y a parte de la sociedad en la corrupción desatada. Declaró no pactar con los comunistas y los metió y los mantiene en su gobierno. A cada oportunidad levanta el puño y vocea la hermandad socialista mientras conchaba con los amigos de los asesinos de sus compañeros. Está empeñado en la división y enfrentamiento entre gobernados por así asegurar mejor su poder. Ha hecho de España su particular propiedad que malversa y maltrata. Y así seguirá siendo hasta que nuestra sociedad no renazca, tome conciencia de lo que es y actúe en consecuencia. O nada.

 

CM

8-4-2026