LAURA Y FEDERICO (1-1-11)
Andaba yo trasteando en mi telefonito “inteligente” con algo que desapareció cuando la mágica maquinita tomó la iniciativa y me sorprendió de manera muy sustanciosa y emotiva.
Estos aparatejos, sujetos de los más variados nombres (móvil, celular, stmartphon, …), comenzaron como teléfonos portátiles, pero hoy son verdaderas computadoras de bolsillo con las utilidades más variopintas. En estos pequeños artefactos hemos depositado una parte tan esencial de nuestra memoria (listín telefónico, máquina y archivo de fotografias, agenda, diccionario plurilingüe, medio de pago, …) y tan colosal fuente de información, que estamos peligrosamente “en sus manos”. El extravío o rotura del móvil se ha convertido en una muy grave tragedia. Los fabricantes, en una enloquecida carrera de incorporar en esos aparatos nuevas funcionalidades han conseguido también obligarnos a una sumisión hasta de prestigio social. Para mí, una locura.
Repentinamente mi móvil tomó una iniciativa tan inesperada como conmovedora: me presentó en su pantalla unas entrañables fotografías del día uno de enero de 2011. Mi emoción entera viajó a las Navidades del 10 y estreno del 11. A Málaga, con nuestros amadísimos Laura y Fede. Residian entonces en una encantadora vivienda frente al resplandeciente mar malagueño, a pie del formidable paseo marítimo. Con ellos disfrutamos en varias Navidades días de total encanto, de los pocos que quedan prendidos en la parte más sensible de nuestra memoria. Un regalo inapreciable.
Ambos nos regalaron siempre con una generosidad inmensa su brillante conversación, sus interesantísimas vivencias, sus alegrías y preocupaciones. Disfrutábamos de una excelente compenetración.
Las Navidades en Málaga son auténticas. Una extensa zona del centro, en gran parte peatonal, es un alegre hervidero de degustadores del estupendo clima, sabrosas tapas y vinos. Decoración navideña a tope en las calles, villancicos en la megafonía municipal, preciosos belenes que compiten en arte y gusto exquisito. Al anochecer, unas copas en Puerta Oscura, la decadente elegancia del bar de conversaciones quedas (los mejores dry martini que he tomado en mi vida, después de los que en su propia casa preparaba Federico).
El primer día del año 2011 (al que corresponden las fotos traídas por mi móvil), un maravilloso paseo por las calles malagueñas aún desiertas, por los jardines cautivadores al pie de la Alcazaba y subida a la azotea del gran hotel desde donde la vista es prodigiosa: la Catedral “La Manquita”, el puerto y el hipnótico Mediterráneo. Paseo de gratísimas conversaciones, recuerdos, emociones, sueños compartidos. Los cuatro pertenecíamos a una sociedad acostumbrada a conversar en directo, sin máquinas de por medio. Tanto Laura como Fede, maestros en el arte de platicar, resultaban un extraordinario lujo.
Un alto en el glorioso paseo para un tentempié en una antigua tasquita malagueña, regio local antiguo con azulejos “de antes” y tapas celestiales de antes, de ahora y de siempre.
Luego, regreso a su casa, impregnada de aroma de cálido hogar y Navidad, en que ambos se esmeraban con pasión para elaborar un almuerzo exquisito.
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| CASA MUSEO DE LA FAMILIA GÁLVEZ |
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| A BERNARDO DE GÁLVEZ EN EEUU |
Escapada con Federico a la Axarquía malagueña, a Macharaviaya, encantador pueblo de la muy ilustre familia Gálvez (dos de los hermanos, ministros de Estado con Carlos III y otros dos, Virreyes en Nueva España). Bernardo de Gálvez, el héroe de Pensacola (su lema: “Yo solo”), teniente general de las tropas españolas enfrentadas en América con los ingleses en apoyo decisivo de la independencia norteamericana, por lo que en EEUU es considerado como un héroe nacional. Pasear por Macharaviaya embriaga de historia por la aportación formidable de los Gálvez.
Recuerdo imborrable también el mágico y largo paseo de los cuatro amigos por el Jardín Botánico-Histórico “La Concepción”, formidable jardín tropical de Málaga con más de cincuenta mil plantas de tres mil especies creado por los marqueses de Casa Lóring en 1850. Perderse por las veredas de sus bosques desbordantes de la vegetación más variada inyecta vida pura en el alma y embriaga los sentidos. Laura y Federico, convertidos en singulares cicerones, suman una nueva joya a su querido recuerdo.
Imposible traer al papel tantos y tan grandes recuerdos de aquellas Navidades con nuestros encantadores y amados amigos.
Para otra ocasión quedan miles de profundos recuerdos en la Semana Santa malagueña. Pero siempre, Laura y Federico, tan presentes.
Muchas gracias, queridos amigos.
CM
25-2-2026




























