LA CRISTIANDAD Y EUROPA
(Notas y reflexiones al artículo de José María Carrera en Religión en Libertad)
El filósofo Romano Amelio introduce su obra Iota Unum con las palabras siguientes: “En la precisión del vocabulario estriba la salud de su discurso. Quienes modelan la realidad a través del lenguaje han sabido explotar hasta la extenuación de la verdad.”
Actualmente, los gremios de políticos y comunicadores (no todos periodistas, ni …) nos han impuesto la definición de RELATO que se refiere al “discurso o narrativa dominante que un grupo o movimiento utiliza para interpretar la realidad y darle un sentido a favor de su ideología”.
En definitiva, degradada la VERDAD al punto de estar prácticamente desaparecida de la valoración social, la REALIDAD depende de la INTERPRETACIÓN que quiera dársele, sea a favor de una ideología (tan ausente como la verdad) o la simple CONVENIENCIA.
Por descontado, la “interpretación de la realidad”, cuando queda sometida exclusivamente a la ley de la conveniencia, suele resultar “pura invención”. De tal forma que los políticos acuden constantemente a lo que mejor les permita su imaginación para construir una realidad (falsa) que goza del altavoz y añadidos impactantes de los divulgadores que mejor convengan a las inquietudes de sus audiencias.
La insistencia produce frecuentemente habilidad. Así, no pasa día sin que me sorprenda la pericia con la que gran parte de los dirigentes públicos inventan y sus emisores nos empujan a creer ganadas batallas perdidas, declaraciones solemnes falsas, riquezas inexistentes, …y cuantas trolas convengan a uno u otro grupo (todos “asalariados” nuestros, bien directos, por su oficio público, o indirectos, por su empleo en entes subvencionados con nuestros dineros desde el poder).
En lo personal, creo haber sido más eficaz cuidador de mi salud cuanto menos frecuento noticieros nada ilustrativos por tendenciosos o sesgados.
Desde la “Leyenda Negra” hasta la actual “batalla por el relato”, son muchos los que (“quien nomina domina”) saben que bautizar palabras puede, o bien colonizar la mente, o bien evangelizar las almas.
La “posverdad” es la distorsión deliberada de una realidad.
La verdad define la CRISTIANDAD como el tiempo y naciones en los que, de forma simultánea, regían la cosmovisión cristiana y el Evangelio.
La posverdad reduce la civilización milenaria de la CRISTIANDAD a una mera bisagra entre dos periodos. Y así, el término Edad Media (mucho más vacío de contenido), se ha impuesto como vencedor indiscutible en el imaginario colectivo.
Giorgio Vasari introdujo y popularizó el término RENACIMIENTO en 1550, con una concepción esencialmente negativa del periodo comprendido entre la Antigüedad y el Renacimiento: re-nacer supone condenar lo anterior: “Los hombres que llegaron después de la caída de Roma, toscos y sin educación …, se entregaron a hacer no según las reglas de las artes (que no conocían) sino según la cualidad de sus propios ingenios”. Según Vasari, desde la caída de Roma en el 476, no habría nada de valor civilizatorio en el arte y la cultura hasta la llegada de Giovanni Cimabue, nacido en 1240: ¡cerca de ochocientos años!
Sentadas las bases de una lectura profundamente negativa de la CRISTIANDAD llevará a sus sucesores a considerar el Medioevo con entidad propia. Destaca entre ellos Petrarca: “Edad Media: lo de en medio, tinieblas y basura”.
Lo cierto es que los medievales asumieron la antigüedad releyéndola a la luz del Cristianismo: “despertaron las letras y la filosofía, brotaron las artes plásticas, el color y la piedra, retornó en pleno la sátira, y los largos viajes, y la contemplación” (Belloc).
La CRISTIANDAD, más que un adjetivo, es una CIVILIZACIÓN (La Cristiandad, una realidad histórica. Alfredo Sáenz). Aunque comienza a emplearse el término CRISTIANDAD desde el siglo IV (Christianitas), será a finales del siglo IX cuando cobre todo su sentido terminológico de CIVILIZACIÓN. Es en este sentido en el que el Papa Juan VIII, apeló a la conciencia comunitaria de los cristianos ante peligros cada vez más graves y acuciantes (entorno al 880). Había ya adquirido un sentido de Comunidad Temporal, a más de referirse a la doctrina cristiana.
Inocencio III (1198) llevó la idea de CRISTIANDAD a su culminación, una especie de Naciones Unidas, sobre la base del reconocimiento de una misma doctrina y una misma moral. “Conjunto de pueblos que se proponen vivir formalmente de acuerdo con las leyes del Evangelio”.
La transformación del concepto clásico de CRISTIANDAD lo ejemplifica Jaques Maritain (1882-1973), filósofo católico francés, quien con su “Nueva Cristiandad” propuso abandonar el ideal histórico medieval que durante siglos había quedado asociado al término. Rechazó el ideal del Sacro Imperio y defendió que la Nueva Cristiandad debía ser un régimen temporal cristiano distinto del medieval, una “concepción cristiana profana y no cristiana sacra de lo temporal y cuyo modelo sería el de un Estado laico cristiano”.
En España, la “Crónica Mozárabe del 754”, reconoce la pérdida de España por la invasión islámica (por tanto, su existencia antes de la invasión) y expresa la lucha de los “europenses” contra el Islam: “Por la mañana, saliendo de sus habitáculos al amanecer, los europeos divisan las tiendas árabes dispuestas ordenadamente …”. ¡Ya existía una identidad de “europeos”!
El medievalista benedictino Santiago Cantera (en “La crisis de Occidente. ,,,”), considera que, “incluso a pesar de que se puede hablar de dos Europas, la Occidental romano-germánica y la Oriental bizantino-eslava, se dan cuatro elementos que son la esencia de Europa, la integración profunda de helenismo, romanismo, germanismo y cristianismo. De los cuatro elementos, el que más esencialmente define la Civilización Europea es el Cristianismo, porque une en perfecta armazón los otros tres y configura un conjunto armónico. Europa no puede no ser cristiana, ya no será Europa”.
Si CRISTIANDAD describe una comunidad político-espiritual, y EUROPA su plasmación material y concreta, se suscita la gran cuestión del difuso término de OCCIDENTE. El término se desarrolla en el contexto de la progresiva fragmentación religiosa de EUROPA, la aparición del Estado moderno y la posterior hegemonía anglosajona que fueron desplazando la noción de CRISTIANDAD.
EUROPA siguió existiendo, pero cada vez más reinterpretada desde categorías políticas, económicas y geoestratégicas. Cada vez más alejadas de la raíz fundacional. El concepto se remonta al siglo XVI refiriéndose a sociedades políticas localizadas en la zona más occidental de Eurasia, coincidente con el nacimiento del protestantismo con las tesis de Martín Lutero.
El Occidente contemporáneo se define como una civilización marcada por la herencia clásica, el cristianismo occidental, las lenguas europeas, el pluralismo social, el Estado de derecho, la democracia representativa, el capitalismo y la economía de mercado (Samuel P. Huntington). El peso de Estados Unidos y del mundo anglosajón desplazan al antiguo mundo católico europeo: “sin los Estados Unidos, Occidente se convierte en una parte minúscula y decreciente de la población del mundo”. El nuevo concepto de Occidente implicaría una ruptura total con la CRISTIANDAD.
“Nombrar una civilización, decide su destino”. Es preciso advertir qué mundo presupone cada palabra, puesto que, como arriba se indica, palabras y nombres nunca son inocentes. Emplear un término u otro puede ser tomar partido por una concepción civilizatoria o por la opuesta.
Si una civilización cambia su propio nombre, termina de existir y mutar en el nombre que otros (quizás malintencionados) pensaron para ella.
En junio de 2003, la cumbre europea de Salónica acordó el proyecto de TRATADO CONSTITUCIONAL EUROPEO, presentado por Giscard d’Estaing. Pero la cumbre europea de Bruselas de diciembre dio por fracasadas las negociaciones, tras ser rechazado el proyecto por Francia, en el referéndum de mayo de 2005 (por la movilización de los partidos de izquierda), y por los Países Bajos (junio de 2005). Entre los motivos del fracaso:
-el temor a la pérdida de soberanía e identidad por considerar el texto demasiado centralista,
-miedo al dumping social y laboral por la ampliación de la Unión Europea al este (fantasma del “fontanero polaco),
-tanto en Francia como en Holanda, los referéndums se utilizaron para expresar sus descontentos con sus gobiernos nacionales,
-texto largo y complejo, redactado por las élites políticas y sin conexión con los ciudadanos,
-visiones contrapuestas: o demasiado liberal (libre mercado) o demasiado acelerado hacia un superestado federal.
-como telón de fondo, quizás el factor más relevante del fracaso fue (y sea) la incapacidad de las poblaciones islámicas para integrarse, que además tiene un importante factor cuantitativo (son millones los inmigrantes magrebíes, turcos y paquistaníes).
-finalmente, la desaparición de la Unión Soviética desarmó una razón potentísima de cohesión europea. (Hoy trata de recuperarse la cohesión, frente a la agresión rusa, “a todo trapo”.)
Fracasado el proyecto de constitución europea, en 2017 se firma el Tratado de Lisboa que sustituye y actualiza a los tratados anteriores de Maastricht y de Roma.
Parte de las élites se han acostumbrado a usar las medias verdades en relación con la UE como método permanente de supervivencia política y medro personal.
No obstante, creo que la burocracia elefantiásica europea es un lastre para la democracia y la competitividad de la UE: el volumen creciente de normas, su complejidad y la lentitud de aplicación se suman a que cada vez hay más sectores dominados por oligopolios, lo que reduce gravemente la innovación y las PYME tienen pocas oportunidades de progresar. Europa no se puede permitir un sistema con sobrecarga administrativa que frene la innovación y se aleje de los ciudadanos. La competitividad europea se ha ido debilitando de forma crónica por lo que reducir la burocracia es primordial.
La burocracia en la UE es una vulnerabilidad estratégica en un momento en que compite con superpotencias reguladoras, modelos capitalistas de Estado y economías capaces de tomar decisiones con mucha mayor celeridad. La UE debe mantener elevados niveles de gobernanza, pero con un sistema administrativo dinámico, claro y proporcional. A este respecto, también los partidos políticos europeos deben prescindir de usar a la UE como un nicho dorado de colocación de correligionarios y adláteres, verdadera tumba de elefantes y pago a servidores nacionales de tales partidos. Se estima en más de cien mil la totalidad de funcionarios ligados a la UE.
El Parlamento Europeo es la única institución elegida por los ciudadanos, pero su papel es compartido con el Consejo de la UE y la Comisión Europea. Las propuestas legislativas proceden exclusivamente de la Comisión cuyos comisarios son nombrados por los gobiernos nacionales (y aprobados por el Parlamento). Los sistemas de elección tanto del Consejo de la UE (ministros de los estados), como del Consejo Europeo (jefes de estado o de gobierno), son opacos y totalmente alejados de los ciudadanos. Todo ello está tras la desconfianza popular hacia las instituciones europeas que propenden a un mayor control, incluso de pensamiento y comportamiento. Existe el temor de que el “Observatorio Europeo de los Medios Digitales” (EDMO) actúe como una especie de “árbitro centralizado de la Verdad” (qué es verdadero y qué falso).
En la línea arriba indicada, la UE ha dado luz verde a la nueva “empresa de mediana capitalización”, con menos burocracia. Será un complemento al denominado “régimen 28” que promete reducir todo el proceso del lanzamiento de un nuevo negocio a un máximo de 48 horas. Esa debe ser la línea de actuación. Y que “los observatorios” tengan meridianamente claro el básico concepto de “libertad individual” y lo respeten escrupulosamente, como corresponde a los bienes sagrados.
En INMIGRACIÓN, uno de los más complejos temas capitales es el de la INTEGRACIÓN. Se estima que cada inmigrante ilegal cuesta a la UE entre 4 y 10 mil euros anuales por alojamiento, sanidad y procesos legales. Me sorprende que no se incluya el costo de formación (desde el idioma, pasando por los rudimentos de los oficios de mayor demanda), pues la inmensa mayor parte de los inmigrantes tienen un nivel de preparación muy bajo. No me explayaré en lo que ya tengo escrito para el caso de España, dado que una gran parte de los emigrantes hablan nuestro idioma y poseen fundamentos culturales que compartimos (los hispanoamericanos). Caso tan enormemente alejado de la importante inmigración islámica, muy limitada, a mi parecer, en su verdadera voluntad y posibilidad real de integración, que requerirían procesos y tratamientos muy diferenciados.
En todo caso, abordar el complejo tema de la INMIGRACIÓN se hace imposible si previamente no somos capaces de saber qué somos los europeos, cuáles son nuestras señas de identidad. ¿Qué hay de común entre 27 estados independientes de Europa?
La identidad cultural europea y los derechos ciudadanos se construyen hoy sobre una paradoja:
-la defensa de una ciudadanía global con valores universales y
-el resurgimiento de nacionalismos locales.
Europa ofrece un marco de PROTECCIÓN JURÍDICA único en el mundo que se fundamenta en:
-Carta de los Derechos Fundamentales: libertades civiles, políticas y sociales,
-Libre Circulación: para vivir, trabajar, estudiar y jubilarse sin trabas burocráticas,
-Protección de Datos: estricta defensa de la privacidad digital,
-Justicia Comunitaria: Tribunal de Justicia como garantía última.
Siempre echo en muy grave falta que no se aluda a los deberes con al menos idéntico énfasis que a los derechos.
De aquella joven princesa fenicia a la que Ovidio llamó EUROPA y que prendó a Júpiter quien, disfrazado de toro y alejándose de la costa de Oriente, la llevó hasta Creta, nació una ESTIRPE MÍTICA y el NOMBRE DE TODO UN CONTINENTE.
En la Antigüedad circunscribía una de las tres divisiones del mundo conocido (Europa, Asia y Libia).
En la Edad Media, el término es sustituido por el de CRISTIANDAD LATINA: un espacio cohesionado por la fe y la autoridad espiritual de Roma.
EUROPA y CRISTIANDAD, conceptos superpuestos, construyen gran parte de las estructuras culturales, jurídicas, universitarias y espirituales de OCCIDENTE.
A partir del Renacimiento, con la fragmentación y consolidación de los Estados Modernos se diluye la unidad religiosa y reaparece el término EUROPA. La Ilustración y las Revoluciones Liberales terminaron de configurar una nueva CONCIENCIA SECULARIZADA, basada en ideas de Razón, Progreso y Ciudadanía.
En la época contemporánea, esa nueva noción de EUROPA cristaliza en la UNIÓN EUROPEA.
El fallido Tratado Constitucional Europeo y, después, el Tratado de Lisboa, aluden discretamente a “la herencia religiosa, cultural y humanista de Europa” (¿por qué “religiosa” y no “católica”?), y recogen la crisis de identidad y el problema de UNIDAD POLÍTICA SIN UNIDAD ESPIRITUAL.
Perdida la Unión Espiritual, tras la Segunda Guerra Mundial, se inicia un proceso de UNIÓN ECONÓMICA que desemboca en la UNIÓN EUROPEA. Pero “la gente no se enamora de los mercados” (Jaques Delors). Y yo, apuntándome al mismo sentido, considero que una auténtica integración es imposible sobre puros valores materiales, por importantes y deseables que sean: requiere una transcendencia, una espiritualidad compartida. Porque la integración, o es entre seres humanos o no es. Y yo considero que la grandeza humana estriba en su transcendencia.
La ESPIRITUALIDAD es la búsqueda del sentido y la conexión con algo más grande que uno mismo.
La TRANSCENDENCIA es la capacidad humana de ir más allá de lo material y lo inmediato para encontrar un propósito duradero.
La ESPIRITUALIDAD actúa como el CAMINO y la TRANSCENDENCIA representa la meta.
La joven fenicia partió hacia Occidente, donde se pone el sol, en busca de un sitio más allá de la noche.
CM
8-7-2026












