jueves, 20 de agosto de 2026

 INFANCIA NULA

 





Una sensibilidad específica hacia la infancia surge a finales del siglo XVII. El filósofo John Locke en su Ensayo sobre el entendimiento humano de 1690 planteó su teoría de la Tabula rasa: el niño nacía con la mente en blanco, siendo deber de los padres inculcar en el infante las nociones correctas mediante libros fáciles y agradables en lugar de usar la fuerza. Se dio comienzo a reconocer que la infancia poseía unos derechos específicos: sustento, pertenecer a una comunidad, educación y formación laboral.





La noción moderna de la infancia comenzó a emerger con la Ilustración. Rousseau (1762) describió la infancia como un corto periodo de santidad. Ya se mostraba a la infancia como física y emocionalmente diferente, considerada como una alegoría de la inocencia (La edad de la inocencia. J. Reynolds).

Comenzó a institucionalizarse la educación de la infancia para proveer a la Iglesia y al Estado de profesionales.





La industrialización (finales del siglo XVIII) supuso un gran retroceso en el cuidado de los niños. La necesidad de mano de obra condujo a la explotación de los menores: en las fábricas y minas por salarios de miseria. Poco a poco, en el siglo XX se fueron implementando leyes laborales limitando y regulando el trabajo de los menores,

En la segunda mitad del XIX comenzaron a aparecer escritores para niños (T. Hughes, L. Carroll), al tiempo que se enfatizó el rol de la familia y la inviolabilidad del niño. Y a lo largo del siglo XX se extendió en Europa la educación estatal obligatoria.








La Declaración de derechos del niño por la ONU en 1959 y la Convención sobre los derechos del niño de 1989 fueron hitos fundamentales que trataron a la infancia como sujeto específico de derechos: protección, educación, salud y bienestar emocional.

La Convención establece que “el niño será inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad, y a conocer a sus padres y ser cuidados por ellos. Los Estados velarán porque el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de estos”.

La infancia está presente en la realidad actual: en los medios de comunicación, en la política, en las administraciones



El niño moderno (Freud) fue concebido como inocente, frágil, indefenso, sin maldad, pecado ni sexualidad. Familia y escuela lo disciplinaban para ser un buen adulto.





Nuestra infancia actual se aparta cada vez más de esa concepción moderna. Se caracteriza por su profunda conexión con el entorno digital, las redes sociales, retos en salud mental (ansiedad, acoso), mayor conciencia sobre derechos y participación activa. Los juegos han pasado de asociativos a conectivos. Naturalmente, la infancia no puede ser ajena a una sociedad en pleno proceso de cambio y desconcierto. La infancia y juventud continúa siendo “víctima” del estado cultural de sus educadores, padres, profesores y medios digitales. En esta cultura inestable, en evidente transición y en una zona de desconcierto, los “educadores” participan de la misma y transmiten lo mismo: desorientación. Y la ausencia de certezas se disimulan con formalidades grandilocuentes.

 





Naturalmente España no se zafa de tal desorden ni, por tanto, de “educadores” dispersos, tornadizos y fragmentados, características que aportan cualquier cosa menos seguridad. Que se pretende cubrir o disimular con un dédalo de “instituciones” del más variado pelaje, encabezadas por un Ministerio de Juventud e Infancia, con su ministra y Gabinete, una Secretaría de Estado y su Gabinete, una Subsecretaría con su Gabinete, tres Subdirecciones Generales y una Vicesecretaría General, una Dirección General y sus dos Subdirecciones Generales, un Instituto de la Juventud, sus dos Subdirecciones Generales y su Secretaría General. Saludar cada mañana a tanto cargo público, agotador. Al ser un ministerio de reciente creación (2023), cuenta con la estructura más reducida del Gobierno: 332 empleados (estos “seres” tienen un crecimiento rápido y potente: “el cargo hace la función”). En 2023 (últimos Presupuestos Generales) tenía una asignación de 203 millones.

 

El Gobierno de España transfiere a Ceuta 30,5 millones de euros destinados específicamente a la acogida de menores migrantes no acompañados. Posteriormente incrementó la asignación en 5,5 millones más. Y, tras la invasión de julio, aprobó una partida extraordinaria de 25 millones.

 

Es obvio que Ceuta, una ciudad de 83,6 millones de habitantes, no podía afrontar una invasión de emigrantes desde Marruecos “estimada” en unas 75 mil personas (nunca se previó, nunca se midió, nunca se supo). Hoy “se estima” en unos 10 mil inmigrantes irregulares los que aún permanecen en la ciudad (el Gobierno no ha sido capaz de censarlos en más de veinte días).

De ellos, “se estima” en más de 2 mil menores. Las noticias (rumores) mientras escribo son que el Gobierno prepara el traslado de unas 500 mujeres menores a la península.

 





Gutemberg inventó en 1440 la imprenta de tipos móviles metálicos reutilizables: permitió fabricar libros sin necesidad de fabricarlos a mano. Una revolución total en la forma de acceder a la información y al saber, hasta entonces recluidos en los monasterios y las universidades.

Comenzó una rápida desaparición del oficio de copistas. Y dio comienzo al desarrollo del oficio de escritor, en sus vertientes de escritores de libros y difusores de noticias. El enorme invento permitió la aparición del periodismo entre los siglos XVII-XVIII.

Los periodistas, articulistas y columnistas han asumido durante siglos gran parte de la creación y difusión de la información sobre papel, en los “periódicos”.

La aparición de la televisión desplazó en gran medida la difusión de gran parte de los artículos y las noticias desde los periódicos hacia los “informativos” de los canales de televisión.





Hoy asistimos a un nuevo desplazamiento del vehículo noticiero desde la televisión a internet y las redes sociales que han excedido el ámbito del periodismo, disparando al mismo tiempo el porcentaje de noticias falsas.

La vertiginosa velocidad que ha adquirido la transmisión de la información también ha supuesto el carácter efímero de las noticias.

Y la irrupción de las técnicas de Inteligencia Artificial permiten con suma facilidad la “creación de noticias”.

 

Otro efecto formidable de la nueva situación es que sólo existe para la masa social lo que tiene cabida en las redes sociales o, cada vez, en menor medida, la televisión. Tal es el cúmulo y celeridad noticiosa que, lo que no difunden redes sociales ni canales de televisión, NO EXISTE.

 Es incuestionable que entre los más destacados perjudicados por la invasión de inmigrantes de Marruecos están los NIÑOS Y JÓVENES CEUTÍES.





No han tenido vacaciones, no han podido acudir al parque ni a la playa, ni a la discoteca, ni reunirse con los amigos, ni siquiera salir a la calle con normalidad. Sería milagroso que pudiesen reanudar sus clases en el muy próximo curso. Porque la calle, el parque, todo, estaba “ocupado” por desconocidos, por extraños y por peligros pavorosos.

En casa han padecido los temores y angustias de sus padres. Huérfanos de protección, educación, salud y bienestar emocional. Víctimas totalmente inocentes, pero sin la “acreditación de menor desprotegido”: NO EXISTEN MENORES CEUTÍES.

Los únicos menores que existen en Ceuta precisados de cuidado y atención, los únicos que existen para la gran masa, irrumpieron sorpresivamente de Marruecos. Ni siquiera se conoce cuántos sean después de tres semanas.




Para los “ignorados”, para los “inexistentes”, NADA. Carecen de la acreditación necesaria, por tanto, NO EXISTEN.

 

CM

20-8-2026


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