EVALUACIÓN SERVICIOS PÚBLICOS
(Entre pésima e infame)
La ciudad española de Ceuta sufrió una invasión de inmigrantes procedentes de Marruecos entre el 30 y 31 de julio pasados.
Tres semanas después no conocemos ningún dato con rigor. Todo son estimaciones o aproximaciones.
Se movilizó un contingente de más de 80 mil personas, entre ellos mujeres y niños. Penetraron por nuestra (y europea) frontera sin oposición alguna y ocuparon la ciudad.
Evaluación de los servicios públicos a las tres semanas:
1- Servicios de “inteligencia”. Si hay varios, ninguno fue capaz de detectar semejante movimiento de tan gran masa de civiles (no especialistas ni profesionales).
2- Policía Nacional: los refuerzos insuficientes, tardíos, sin órdenes ni planificación, vergonzosamente alojados y remunerados. “Pasean” a miles de invasores por distintas zonas de la ciudad.
3- Guardia Civil: los refuerzos ridículos, tardíos, sin órdenes ni planificación, mal alojados y remunerados.
4- Ejército: desplegaron unos cuantos vehículos, montaron (mal) unas pocas tiendas de campaña y quedaron en espera de órdenes que, a fecha de hoy, no se han debido producir.
5- Autoridades locales: total y absolutamente sobrepasadas, inermes, pidiendo urgentemente auxilio. Manteniendo cordura ante la barbarie y manteniendo las formas. A la desesperada, han tenido que contratar seguridad privada.
6- Autoridades nacionales:
Delegado del Gobierno: inexistente.
Presidente del gobierno: lo calificó de “violación de la integridad nacional”, “pondremos todos los recursos”, agradeció la colaboración y actitud de Marruecos (¿?) y marchó a su veraneo en una de nuestras propiedades, donde permanece (¿?).
Hasta seis o siete ministros del gobierno: salvo la de Defensa, aparecieron camuflados, soltaron cuatro chorradas y tontunas, saludaron a las cámaras y marcharon disimuladamente.
7- Medios de comunicación: documentos gráficos tremendos, de gran valor y valentía. Informativos lánguidos ante la gravedad del caso y la flagrante inoperancia de las instituciones públicas.
Se ha violentado a un pueblo entero de 85 mil españoles, cercenando sus libertades más básicas. Se le ha ofendido reiteradamente desde el gobierno nacional calificando como “normal o prácticamente normal” una situación de “violación” (se le escapó a “su” presidente, el de los ministros, no desde luego el de los españoles ceutíes, ni el mío, ni debería serlo de cualquier ciudadano normal).
No veo hoy un final civilizado a tan grave tropelía (que corre el riesgo de acabar en una gravísima tragedia), que sí ha servido para:
-Esclavizar a más de 85 mil ciudadanos españoles,
-Comprobar que carecemos de servicios de inteligencia (o los enmudecen),
-Averiguar que nuestro ejército no es operativo,
-Confirmar la ausencia de autoridad y capacidad de las policías,
-Constatar que, con toda seguridad, la inutilidad de nuestras fuerzas armadas y policiales, sólamente se debe a la incompetencia, desfachatez e ignorancia de los mandos políticos o politizados.
Las policías tienen como lema “servir y proteger” y “el honor es mi divisa”. Ni los unos han podido proteger ni los otros han podido ejercer su honor. ¡Una ciudad entera aterrorizada, asqueada, formando y guardando sus propios ciudadanos espacios de protección mínima a las personas más expuestas e indefensas!
Nuestro ejército, su “todo por la patria” ha quedado reducido a no hacer nada por nadie.
“Llueve sobre mojado”: ¿en cuántas tragedias recientes han sido los ciudadanos, “el pueblo”, huérfano de representantes, quienes han acudido en socorro de sus vecinos? Llegados aquí, surge la inevitable pregunta: ¿para qué nos sirven los “representantes”? Como con los grandes artistas, nos representamos a nosotros mismos. Si a la “incompetencia, desfachatez e ignorancia” le añadimos la delincuencia, ¡que alguien me diga para qué los queremos!, ¡y por qué los pagamos!
CM
21-8-2026
PS:
A punto de publicar esto, recibo de un querido amigo la poesía de Espronceda que comienza: “Oigo, patria, tu aflicción, …”. Y lloro de pena, impotencia y rabia.

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