EL PINUS METHŪŠÉLAH
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
(García Lorca)
En un recóndito lugar secreto de las Montañas Blancas de California existe el ser vivo más antiguo (no sé si viejo) de este mundo. Y, por tanto, cuidadosamente preservado de posibles bárbaras o torpes agresiones de la “inteligente” especie humana.
¿Qué edad se calcula que tiene?: ¡4.918 años!
¿Quién es?: el mayor de los “Pinus Longaeva”, o Pinos Longevos, catalogados como la especie terrestre más longeva.
Nos ilustra el profesor de la Universidad de Granada, García Del Moral, sobre la longevidad de los árboles, asentada en un crecimiento muy lento y en llevar una vida muy monótona. Además, la muerte de un organismo no impide que otros órganos y tejidos sigan viviendo. O, incluso dar lugar a nuevas plantas: una colonia de álamos de Utha, Pando (“Populus Tremuloides”, o Gigante Tembloroso) compuesta por unos 47.000 troncos (que forman un único órgano), unidos por un sistema de raíces interconectadas (conocido como organismo clonal), alcanza la fantástica edad de ¡80 mil años! En general, las plantas son capaces de regenerar tejidos y órganos continuamente (son funcionalmente amortales), al contrario que los animales.
Si la tesis del profesor es acertada, el crecimiento lento y la monotonía serían críticos para alcanzar la longevidad. ¿O no será que la propia perdurabilidad produce monotonía (ausencia de variedad), que no necesariamente debe presuponer aburrimiento? Nuestra dificultad de comunicación con estas plantas impide dar respuesta a la duda.
Pero sí sabemos que lentitud y monotonía son características enfrentadas a nuestra alocada vida actual, tan estrepitosamente ávida de todo lo opuesto: prisa y variedad. ¡Hay líderes que manifiestan la necesidad y bondad de cambiar con frecuencia y rapidez, hasta de criterio! Si a mí me asombra y descoloca, ¿qué pensarán aquellas plantas tan longevas? Supongo que inevitablemente considerarán lo efímero de nuestras vidas, la insignificancia temporal de nuestros criterios, incluso de nuestro tránsito terrestre.
Volviendo a nuestro protagonista, el Pinus Methuselah (o sea, Pino Matusalén), hemos de suponerle salud (y ánimo) para vivir otros 5.000 años. Y puede que lo alcance si sus cuidadores son celosos y eficaces en su labor y lo mantienen totalmente al margen de la especie “inteligente”. Para mí, condición indispensable ya que si el “abuelo” conociera cómo venimos manejando las cosas los “Reyes de la Creación”, estoy convencido de que moriría de asco, de pena, de incomprensión y de fatal sufrimiento. Por incompatibilidad esencial con nuestro concepto de vida.
Aunque también es posible que, a lo largo de su extensa vida, haya podido conocer nuestras humanas correrías y, a estas alturas, esté curado de espantos. Y que sepa que los afanes humanos han ido cambiando haciéndoles irreconocibles unos de otros, pero siempre con el común de obtener el poder para, con las más diversas y contrarias fórmulas, tener a los demás sometidos.
Si bien, probado está que se puede mandar apoyado en otros alineando intereses, construyendo confianza y conseguir su respaldo porque les conviene, no porque se les ordene. La confianza se gana con claridad y credibilidad: si prometes, cumples. Para ello se precisa identificar la ganancia a obtener para quien apoya. Y el reconocimiento al otro en público, estimula.
El Génesis cuenta que el gran patriarca Matusalén vivió 969 años, lo que, en términos humanos se antoja hoy como inalcanzable. Pero sabemos que la Biblia está repleta de alegorías, parábolas y símbolos, de manera que, en el caso de Matusalén lo que quiso indicarnos es que se trataba del patriarca que mayor edad alcanzó. También hoy con la expresión “más viejo que Matusalén” queremos indicar que se trata de una persona de edad muy avanzada.
Recientemente, dos de los hombres más poderosos del momento actual (Putin y Jinping) charlaban sobre su oportunidad de vivir (mandando) hasta los 150 años. Supuestamente aún quedarían muy lejos de Matusalén y éste aún mucho más de nuestro Pino Matusalén.
La majestad de nuestro escondido Pino invita a vivir nuestra vida con menos prisas y mayor estabilidad para conseguir alargarla.
Pero ¿tiene interés real alargar la vida sin más? Yo no lo creo. Porque resulta esencial introducir el ambiguo concepto de “calidad de vida” (salud, satisfacción espiritual, bienestar material, relaciones sociales, medio ambiente y seguridad), que la concreta cada individuo.
Dios permita que se siga alargando la vida del Pino Methūšélah, bien oculto en las Montañas Blancas, ya que considero que llevar vividos casi cinco mil años es prueba contundente de que goza de una estupenda calidad de vida.
¿Y para los humanos qué proponemos?
CM
23-1-2026














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