DON JUAN CARLOS I
Me asombra que ni siquiera aparezca en el circo de suposiciones la de que se use a don Juan Carlos I como un “pin,pan,pun” detestable para socavar solapadamente nuestro sistema de monarquía parlamentaria por uno republicano que tantas y tan profundas desgracias acarreó a España. Hasta percibo ya señales de los primeros venteadores con la pretensión de arrumbar nuestra Constitución.
De don Juan Carlos destaca su crucial aportación al pacífico tránsito a la democracia, su defensa comprometida de la misma y su excelente aportación a la valoración de España en el extranjero. Este es el fundamento.
De sus faltas se ha hecho un charco de refocile y se ha abusado hasta la extenuación de las mismas aprovechando el morbo puritano que su comportamiento también propicia. Esto es lo accesorio.
Pero falta decir que jamás fue condenado por quienes por su profesión y deber hubieran podido y, lo que es aún más importante, fueron (los probados) hechos que en modo alguno supusieron perjuicio apreciable para España.
En fin, don Juan Carlos ha tenido un comportamiento egregio para el bienestar de los españoles en ocasiones y oportunidades enormemente difíciles, delicadas y peligrosas. Y, en ese plano, le debemos gran aprecio, reconocimiento y respeto.
Ahora que algunos pretenden el enfrentamiento y el odio entre españoles, brilla con mayor fuerza el enorme mérito de don Juan Carlos por todo lo contrario: la concordia y la pacífica convivencia entre gentes que pensamos de muy distintas maneras pero que somos capaces de respetarnos y encontrar enormes espacios de colaboración por el bien de toda España.
CM
30-1-2026

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