jueves, 1 de enero de 2026

 PAZ DESARMADA Y DESARMANTE

 

 




Estrenar un año dando los primeros pasos para regalar al espíritu es una muy acertada forma de iniciar un camino.





Durante años, cada uno de enero nos acercábamos a la misa que se celebraba en la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (hoy Cuelgamuros). La Cruz de imponentes dimensiones se eleva sobre un cerro horadado.

El Valle es un paraje de una enorme belleza natural. En muchas ocasiones la zona estaba nevada.  Tan sólo el canto de los pájaros podía acompañar el silencio excepcional que ofrecía la primera mañana de enero. Un silencio profundo y universal que capturaba el alma.







Así predispuestos penetrábamos en el gran paso subterráneo, abovedado y bastante lógrebo que conducía hasta el altar de la basílica. En el centro del crucero hay un gran Cristo crucificado tras el altar. Todo es sobrecogedor.





Asistíamos a una misa, concelebrada por gran cantidad de eclesiásticos de diverso rango cuyo número superaba en ocasiones al de los feligreses presentes. En la inmensidad del recinto, la sensación era que el grupo completo formábamos un todo. Ayudaba a crear un hondo clima espiritual el ritual ceremonioso de la comunidad benedictina que se ocupaba de atender la basílica, la hospedería y el espléndido coro, a más de orar por vivos y muertos.

Salíamos de allí con el alma reconfortada y emprendíamos el corto camino hasta San Lorenzo del Escorial para atender también adecuadamente al cuerpo con un sabroso aperitivo.

De regreso a casa, almas y cuerpos llegaban muy recompuestos.

De tal manera han cambiado nuestras circunstancias que hace tiempo que tampoco hemos podido regresar al Valle. Que, lejos de ser atendido adecuadamente por los políticos que tienen el deber de cuidar el común, más parece que le estorba a algún mal gobernante.

 





En nuestra actual situación, nos hemos valido esta mañana del canal dos de TVE que ha retransmitido la solemne misa que ha oficiado el Papa desde la basílica de San Pedro en Roma.

El formidable templo repleto, espléndido, casi arrogante, centro religioso de los católicos del mundo. Afortunadamente León XIV, más que respeta, alienta las formas más ceremoniosas del Vaticano. Crea un clima de respeto y seriedad que compensa tan abundantes mármoles y adornos que más parecen dirigidos a crear una imagen de poder temporal.

La enorme personalidad del Papa permite hacer compatible su seriedad con su cercanía espiritual. La homilía de hoy se encuadraba en el pasaje del Evangelio sobre la anunciación a los pastores del nacimiento de Jesús y la celebración de la Jornada Mundial de la Paz. La gran plática papal ha incluído, entre otras, las siguientes consideraciones:





“Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz”. Esta bendición dirigida al pueblo de Israel, un pueblo liberado tras una larga esclavitud. La libertad le supuso perder muchas certezas, pero le abrió un camino de esperanza, un renacer.

La Liturgia nos recuerda que cada día puede ser el comienzo de una nueva vida a la libertad confiados en la bondad del Señor.





Uno de los rasgos fundamentales del rostro de Dios es el de la total gratuidad de su amor por lo que se presenta “desarmado y desarmante”, desnudo, indefenso como un recién nacido. El mundo no se salva afilando las espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino esforzándose por comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin miedo.

Ese es el rostro que se formó en el seno de María, el que contempló mientras Jesús crecía y que siguió como discípula humilde hasta la cruz y la resurrección. En la Maternidad Divina de María vemos dos inmensas realidades “desarmadas”: la de Dios que renuncia a todo privilegio de su divinidad y la de la persona que, con confianza, abraza totalmente su voluntad en un acto perfecto de amor, de libertad.





Cristo pide a los creyentes disponibilidad para anunciar su Evangelio. Acerquémosnos al pesebre como al lugar de la paz “desarmada y desarmante”. Que sea nuestro compromiso para toda nuestra vida cristiana.

 

El Papa León XIV nos marca el camino del amor, de la humildad, de la fe y de la esperanza para alcanzar la paz. Yo creo imposible lograr la paz exterior si no hemos resuelto antes la paz interior.

 

 

CM

1-1-2026

 

 

 


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