miércoles, 7 de enero de 2026

 JEFE DURO SIN CONCIENCIA

 




Existen diversidad de tipos de jefe: sabio, clarividente, comunicador, motivador, participativo, empático, honesto, fiable, responsable, firme, flexible, exigente, …, y duro.

Por encima de cualquiera otra de sus características, la que define al “jefe duro” es su capacidad para producir miedo en los demás (“yo prefiero que me teman a que me quieran”). El complemento idóneo a un jefe duro es poder actuar sobre cobardes, viciosos, fanáticos o indiferentes. Su talón vulnerable suele ser la adulación.

Se dice que “el miedo es libre”, al contrario de quien lo padece. La cobardía puede ser innata pero también es cultivable.

Ademas hay viciosos (ellas y ellos) que gozan con el sometimiento y el maltrato. Aunque sea una perversión, no evita su clara existencia.

También los hay fanáticos, carentes de raciocinio, a los que las vísceras ocupan sus cerebros.

Y finalmente hay gente indiferente, que igual nada en aguas gélidas que hirvientes o no nadan. Es más apropiado decir que “están en esta vida social” más que “viven esta vida social”.









La simbiosis perfecta se produce entre un jefe duro con subordinados cobardes, viciosos,  fanáticos o indiferentes. En tal caso, el ejercicio del poder del jefe carece de más límites que los que le ponga su personal conciencia. El jefe duro perfecto es aquel que carece de conciencia.

 

En nuestro Mundo se ha impuesto el modelo del jefe duro sin conciencia y unos subordinados sumisos por cobardía, vicio, fanatismo o indiferencia. Un prototipo de este modelo de jefe es el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Al mismo modelo pertenece el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin. Y un tercer ejemplo similar es el presidente de la República Popular China, Xi Jinping.







Trump, Putin y Xi son hoy día las tres personas operativas más poderosas del mundo. Ninguno de los tres destaca por su nivel moral ni intelectual. Sin embargo, los tres tienen demostrada su excepcional habilidad para alcanzar y ejercer el poder. Los tres son “duros” y los tres producen miedo.



PERICLES

AUGUSTO 

GENGIS KAN

ALFONSO X EL SABIO


CATALINA II DE RUSIA

NAPOLEÓN

GHANDI

ATATÜRK

GORVACHOV


Hubo épocas históricas en que los poderosos del mundo, además de miedo, promovieron avances en los derechos humanos, las artes, la música, las leyes, … (Pericles en la Antigua Grecia, Augusto y Marco Aurelio en el Imperio Romano, Alfonso X El Sabio y Jengis Kan en la Edad Media, los Reyes Católicos, Isabel I de Inglaterra y Catalina II de Rusia en la Edad Moderna, Napoleón, Ghandi, Ataturk, Churchill, Gorvachov … (no consigo seleccionar más) en la Edad Contemporánea).




LENIN Y ESTALIN

HITLER Y MUSSOLINI


Sin embargo, la humanidad ha sufrido en el pasado siglo a algunos de los peores monstruos, responsables de millones de muertos y heridos de los que aún padecemos hoy desdichadas secuelas: Lenin, Estalin, Hitler y Mussolini.

Salvo imperdonable error mío, sufrimos ahora a tres de los más deleznables jefes que históricamente el mundo haya tenido.

¿Es posible que, entre las nefastas secuelas ocasionadas por los cuatro grandes genocidas del siglo XX, nuestra abominable organización mundial actual sea una humanidad embrutecida, que tengamos extraviada la dignidad, tanto en mandantes como en mandatarios, por haber perdido la urdimbre de lo que nos hace seres humanos? ¿Merecemos tener los tres jefes mundiales que tenemos? ¿Estamos entregados anticipadamente a cualquier capricho o barbaridad que se les ocurra? ¿Disponemos de los representantes locales más capaces para afrontar cualquier disparate que salga del trío? Y nosotros, ¿somos cobardes o viciosos o fanáticos o indiferentes, o no? Yo me confieso sumiso por pura cobardía; ni vicioso, porque me repugnan, ni fanático, tan lejos de mi carácter, ni indiferente, como esto mismo acredita.

En mi humilde opinión nos sobra mucha ansiedad por bienes materiales y nos falta el mínimo exigible de vida espiritual. Vivimos la vida con una velocidad como si nos urgiera acabarla, sin tiempo para meditar ni para contemplar. Si tuviera razón, no tendríamos posibilidad de defender una dignidad de la que ya andamos faltos y estaríamos irremisiblemente condenados a lo que manden nuestros jefes mundiales y a repetir una colosal estupidez al elegir a nuestros representantes locales o al sostener nuestro suicida sistema político de elección.

 

CM

7-1-2025


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