POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS
(Mateo 7, 15-20)
Los falsos profetas del mundo actual pretenden confundirnos con su palabrería engañosa.
En este mundo de etiquetas y eslóganes ha quedado fijado que cualquier ciudadano con inquietud y afán de prosperar (un progresista real) no puede simpatizar con “la derecha” y es absolutamente incompatible con tolerar a la “extrema derecha”. Por descontado que nadie se ocupa de intentar explicar en qué consiste “derecha” y “ultraderecha”. El puro etiquetado sin más puede inhabilitar al ciudadano para participar en la política común. De forma que hasta se ha utilizado y ejercido el llamado “cordón sanitario” (?) para excluir de la vida política a los catalogados con tal “estigma”.
Con idéntico rigor intelectual se ha establecido que socialismo-comunismo son sinónimos de “progresismo”, es decir, grupo virtuoso y bienhechor. Cabe sin remilgos grandes aceptar, colaborar, estimular o incluso justificar a la etiquetada como “ultraizquierda” cuando se desmanda y rebosa los márgenes de lo “civilizado”.
Digo que todo el planteamiento es una formidable falsedad. El etiquetaje apriorístico es una falacia, es tan absurdo como poner al carro por delante de los bueyes.
Es evidente que el “nacional-socialismo” fue una inmoralidad cruenta, inhumana, que produjo dolor, humillación, torturas y muerte a millones de personas. No cabe otra a la naturaleza humana que la repulsa y condena más rotunda. Y que las sociedades se protejan de aquellos comportamientos conducentes a similares barbaries.
Tampoco cabe ningún tipo de tolerancia con los actos de otros que, blandiendo la bandera de la “dictadura del proletariado”, realizaron todo tipo de crímenes horrendos. Destacado aquí el “estalinismo” que no me merece parecer distinto que el “nacismo”. Reproduzco a continuación un artículo publicado en FB:
“En 1938, en el orfanato de Khabarovsk, se encontraban los hijos de los ejecutados durante la GRAN PURGA DE STALIN.
Los niños de 15 años o más eran tratados como adultos, lo que significaba que muchos de ellos también fueron fusilados junto con sus padres.
Las esposas de los "enemigos del pueblo" acusados de espionaje o de conspirar contra el Estado soviético también fueron arrestadas y enviadas a Siberia por períodos de cinco a ocho años o ejecutadas. Esto se hacía para "evitar problemas" y para que las esposas no molestaran a los funcionarios con quejas.
Muchas de las mujeres no sobrevivieron al GULAG.
Los niños eran enviados a orfanatos lejanos, se les cambiaba el nombre y los hermanos siempre eran separados.
Los recién nacidos y los bebés eran encarcelados junto con sus madres.
Según las estimaciones más conservadoras, durante las purgas de 1937-1938, más de 1,5 millones de personas fueron arrestadas y 700.000 de ellas fueron fusiladas.
Las detenciones se realizaban de forma absolutamente arbitraria: Stalin daba la orden de cuántos miles de personas había que arrestar, y los jefes locales de la NKVD elaboraban las listas. Por la noche, un coche negro se llevaba a todos los residentes de un determinado apartamento. Los vecinos estaban demasiado aterrorizados como para mencionarlo siquiera. Pronto, una familia de un comunista importante se instalaba allí. Familias enteras podían desaparecer solo porque a alguien le gustaba su apartamento.
Las condiciones en las que vivían los niños huérfanos eran bastante deficientes. No todos los orfanatos contaban con agua potable, y los niños encontraban moscas, gusanos y cucarachas en sus platos con frecuencia.
Los huérfanos morían a menudo por enfermedades, agotamiento, anemia y dispepsia (indigestión).”
(“Descubriendo el pasado”, FB)
Creo evidente que ninguno de los dos casos merece más que la repulsa total.
Sin embargo, nuestras sociedades resultan ser más permisivas con los horrores socialistas-comunistas que con los nacionalsocialistas-fascistas.
¿Por qué? Yo no encuentro motivo racional. Porque ni nuestra ultraderecha ni nuestra ultraizquirda actuales son asimilables a los dos casos mencionados.
Pero, irracionalmente, hay una aceptación muy extendida de que la “ultraderecha” es peligrosa (delenda est) y la “ultraizquierda no” (admitenda est). ¿Cabe mayor estupidez y más grande engaño?
Cualquier “cordón sanitario” en política contiene un afán autárquico, antidemocrático. Y que los límites de actuación de todos sólamente pueden establecerlos las leyes, jamás eslóganes menos o más ingeniosos, más o menos falsos.
CM
17-12-2024