domingo, 8 de febrero de 2026

ATERRORIZAR Y ASESINAR

NO ES POLÍTICA NI AMOR PATRIO



ENTIERRO DE JOSÉ ANTONIO PARDINES, PRIMER ASESINADO POR ETA (1968)


La lectura de un escrito de Ángel Calvo en FB me ha inspirado las consideraciones siguientes:

Los asesinos y terroristas son asesinos y terroristas, sin paliativos. Y los asesinados, heridos, secuestrados y extorsionados lo son sea cual fuere su cuna de nacimiento.

Y tratar de disfrazar de Política o de Amor Patrio lo que es pura degradación e indignidad humana no aporta decoro alguno a la condición de asesino o terrorista, por la que deben dar cuenta unos u otros a la Justicia humana y a Dios.





Porque la Política es consecuencia de que la naturaleza humana exige vivir y convivir. El arte de la Política consiste en articular ambas condiciones. El ejercicio de la Política no debería ser otra cosa que el servicio a los demás, a la comunidad.





Porque el Amor Patrio es la emoción natural que encarna al ser humano con su lugar de nacimiento, historia, costumbres y sentimiento común, que implica una fuerte pertenencia a un grupo y un reconocimiento a la herencia cultural y territorial de los antepasados y una actitud de entrega a los demás.





Cuando la Política se pervierte al punto de revertir su sano sentido con objeto de alcanzar el Poder para someter y vivir de los otros, con enorme frecuencia se acude a manipular el natural Amor Patrio convirtiéndolo en un sentimiento supremacista, de confrontación e imposición a los demás, utilizando incluso el uso de la fuerza y la violencia.






Fue en esencia el proceso pernicioso de sagaces politiqueros y politicastros vascos que envenenaron a las mentes más débiles con la herramienta del Amor Patrio transformado en violencia brutal y perversa máquina de terror para someter al resto (“unos mueven el árbol y otros recogen las nueces”; “son unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta”; “pertenecemos a una raza superior que ha vivido esclavizada durante siglos”).

Muchos se convencieron de que “ser patriota” justificaba, exigía, atemorizar, aterrorizar y asesinar a “los otros”. A tal barbaridad contribuyó incluso la comprensión de parte de la Iglesia Católica Vasca, en el colmo de la degeneración y la contradicción.





De tal crueldad resultaron 856 asesinados, más de 2600 heridos y cerca de 90 secuestrados. A más de más de 180 mil (9%) vascos exiliados huyendo de la barbarie y el terror. Se estima que hoy quedan 379 crímenes sin resolver.

Los “intelectuales” promotores de crear falsos “gudaris” (luchadores patriotas vascos), desde el poder político y también religioso (los que “recogían las nueces”) nunca se enfrentaron a ningún tribunal de justicia. Se cumple de nuevo que “la guerra (la violencia) la deciden unos pocos, la hacen muchos y la padecen todos menos unos pocos (los que la deciden)”.





Lamentablemente, en nuestros días, una banda de politicastros nacionales sostiene su poder apoyado en unos politiqueros herederos directos de aquellos falsos gudaris vascos sin que hallan manifestado su rotunda condena a las innumerables y sangrientas acciones terroristas ni hayan prestado su colaboración para esclarecer tantas acciones criminales pendientes.





El Poder así mantenido no solo carece de cualquier grandeza, sino que pone en brutal evidencia que se ejerce para mantener el dominio sobre los demás asentándose sobre los amigos de los violentos y sobre el estímulo del enfrentamiento civil (“levantaré un muro” entre españoles, aseguró Sánchez). Exactamente lo contrario del objetivo y esencia de la Política.

 

CM

8-2-2026


 VASCOFOBIA. 

ETA HA GANADO LA GUERRA

Dedicado a los vascos que dijeron no a ETA, y a los que ETA venció. (Ángel Calvo en FB)





Hoy me he puesto como Dios en el Sinaí. Es un viejo tema que no me hace muy popular, y por el que me llevo mis collejas feisbukeras. Se trata de ese movimiento emocional de estar con las víctimas de ETA por parte de vascos y asimilados como Aramburu, Savater y otros. Algunos, caso de los Pagaza, víctimas en 1ª y dolorosa persona. Incluso, exiliados a la fuerza, caso de Savater. 

Hemos visto películas y documentales en los que víctimas y asesinos "hacen las paces", véase Maixabel de la siempre sectaria Bollaín. En ellas se pretende, como en Patria, denostar el crimen para luego pedir en cristiana comunión Paz, Piedad y Perdón, al estilo Azaña. Pero hay trampa. Sólo si los muertos son vascos. Del 70% de víctimas que eran de Jaén, Murcia o Badajoz nadie se acuerda. Y ETA mató más fuera del País Vasco que dentro. Allí siempre me he encontrado que mi opinión no es válida, "porque tú no eres de aquí". Es decir, los de Madrid o Zaragoza o Barcelona, donde ha habido más muertos que en el País Vasco no estamos autorizados a hablar. No sabemos. Ellos sí, porque además son seres superiores, vascos de recia cabeza y sublime pensar.

De esa forma los muertos de Toñi (viuda genérica de guardias civiles de Jaén) no son objeto de película o novela. Ni nunca verás a los vascos buenos tener un gesto con ellos ni acercarse a verlos por tierras del Sur. Eso no vende. Los muertos han de ser vascos, de rancio abolengo. No ya por el platelminto llamado Évole, sino por gentes de mayor altura ética y humana, que sé que no son sectarios, como Aramburu, pero que no se atreven a mostrar por los no vascos lo que sí muestran por los sí vascos.

Nos venden que es un problema exclusivamente vasco y no lo es. Nos amargaron la transición y pudieron matarnos en una calle de Madrid con sus bombas indiscriminadas. Así que no me digan que es un problema vasco y que los demás no lo entendemos.

Y aquí entro en lo que no me gustaría decir. Los vascos se enfrentan al mismo problema que los alemanes de posguerra. No todos mataban en los campos del Holocausto. Pero hubo una culpa colectiva a pagar. Muchos vascos que abominan de ETA se han quedado en la inacción y en la frontera de Pancorbo. Y muchos, llenos de pena, se han tenido que marchar. Oigo demasiado el "bueno, ETA ya no mata, a olvidar". Y no se puede olvidar.

Para ser justos, los vascos, que son tan opulentos, podrían tener un impuesto especial para compensar con indemnización a las víctimas no vascas. Y organizar en Andalucía un acto de perdón hacia los no vascos. O en Madrid. O en Zaragoza. Nada de eso habrá.

Nace la vascofobia. Y guste o no, ETA ha ganado. Son los héroes y su relato es el triunfante: matamos por la patria, disculpen las molestias. Y muchos españoles ya dicen a las claras que mejor que se independicen, como un país báltico, y que se las apañen con sus 100.000 ajamónicos en Bilbao.

Si he sido duro no lo siento. Hoy he llamado imbécil a un vasco que me ha dicho "que no me entero de nada", con ese supremacismo tan de la tierra que, si antes era gracioso, hoy da asco.

(Ángel Calvo)


viernes, 30 de enero de 2026

 DON JUAN CARLOS I





Me asombra que ni siquiera aparezca en el circo de suposiciones la de que se use a don Juan Carlos I como un “pin,pan,pun” detestable para socavar solapadamente nuestro sistema de monarquía parlamentaria por uno republicano que tantas y tan profundas desgracias acarreó a España. Hasta percibo ya señales de los primeros venteadores con la pretensión de arrumbar nuestra Constitución.


De don Juan Carlos destaca su crucial aportación al pacífico tránsito a la democracia, su defensa comprometida de la misma y su excelente aportación a la valoración de España en el extranjero. Este es el fundamento.


De sus faltas se ha hecho un charco de refocile y se ha abusado hasta la extenuación de las mismas aprovechando el morbo puritano que su comportamiento también propicia. Esto es lo accesorio.


Pero falta decir que jamás fue condenado por quienes por su profesión y deber hubieran podido y, lo que es aún más importante, fueron (los probados) hechos que en modo alguno supusieron perjuicio apreciable para España.


En fin, don Juan Carlos ha tenido un comportamiento egregio para el bienestar de los españoles en ocasiones y oportunidades enormemente difíciles, delicadas y peligrosas. Y, en ese plano, le debemos gran aprecio, reconocimiento y respeto.


Ahora que algunos pretenden el enfrentamiento y el odio entre españoles, brilla con mayor fuerza el enorme mérito de don Juan Carlos por todo lo contrario: la concordia y la pacífica convivencia entre gentes que pensamos de muy distintas maneras pero que somos capaces de respetarnos y encontrar enormes espacios de colaboración por el bien de toda España.


CM

30-1-2026


miércoles, 28 de enero de 2026

 MI PALABRA DE HONOR

 





“Fuérzame la ley de caballería a cumplir mi palabra antes que mi gusto” (don Quijote)

“Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma es sólo de Dios” (El alcalde de Zalamea)

 

Quien da su palabra deja de ser dueño de ella y pasa a ser propiedad de quien la recibe.

 

En la Antigua Grecia, la diosa PISTIS representaba la Confianza.

En la Antigua Roma, la diosa FIDES toma el relevo de Pistis representando la Fe, Lealtad y Confianza.

En ambas civilizaciones más el Cristianismo (“santificalos en Tu Verdad; Tu Palabra es Verdad”, ora Jesucristo a Dios Padre), hunde sus raíces nuestra civilización.





El Derecho Romano es la base y esencia de muchos códigos Civiles vigentes en occidente, desde luego, el español.

Sigue en vigor el “contrato verbal” entre partes como fórmula jurídica tan válida como el escrito y con idénticas obligaciones y derechos.

La fidelidad y respeto a la “palabra dada” es señal de nobleza, bondad y altura moral y determina el prestigio social (“es persona de palabra”).

 





Lamentablemente ha ido perdiendo valor la palabra conforme en la sociedad se han ido relajando (hasta desaparecer) los valores y principios que sustentaban la calidad de la convivencia porque la vida en sociedad está cimentada en la Lealtad y la Confianza.

Conforme flaquea la Confianza, se dañan las relaciones familiares, se perjudica la amistad, se enturbia la relación vecinal, se obstaculizan las relaciones profesionales, empeora el entendimiento entre naciones y, en definitiva, se degrada la convivencia, seña de identidad de nuestra condición humana.





La Palabra Dada se asemeja al Juramento que, en pureza, significa poner a Dios por testigo del compromiso que se toma. También el Juramento ha ido perdiendo uso al imponerse el criterio “progresista” de estar ligada la Libertad a la laicidad y considerar que la referencia a Dios contrariaba a aquella (absurdo argumento).

Así fue cómo el Juramento fue sustituyéndose por la Promesa, ya como simple expresión de voluntad y no tanto de compromiso.

A mi parecer, el proceso seguido (Palabra dada, Juramento, Promesa) supone claramente una huída del Compromiso y un acercamiento a una “voluntad circunstancial”. Es fácil deducir que, cambiada la circunstancia, desaparece el compromiso.

 

El HONOR en la Antigua Grecia (TIMÉ) era el reconocimiento público y la acreditación para formar parte de la clase dirigente.

En la Antigua Roma (HONOS), se vincula con el coraje y la valentía y representaba el honor militar. Desde entonces la virtud del HONOR quedó firmemente vinculada a la milicia, al ejército.





En la Edad Media constituía una de las más principales virtudes. Menéndez Pidal definió al HONOR como una virtud se se alcanzaba conforme a actos personales y la HONRA era la visión que los demás percibían de esa virtud en el otro. El HONOR era intrínseco al individuo (por méritos propios o por pertenecer a un linaje). La HONRA, más mutable, podía perderse no solo por los actos propios sino también por los ajenos (p.e. el marido “deshonrado” por el comportamiento de su mujer mantenía incólume su HONOR). La individualidad no existía, el individuo estaba supeditado al resto (familia, comunidad, estatus, …). La mujer era la base sobre la que se sostenía el HONOR de la familia o de la casta.

HONRA y REPUTACIÓN son derechos reconocidos por el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (irrenunciables).

La Constitución de 1978 protege el HONOR en su artículo 12.

En definitiva, el HONOR obedece al principio de la DIGNIDAD DE LA PERSONA (“los seres humanos constituyen fines en sí mismos y no pueden ser utilizados solamente como medios de otras personas” (Kant)).

 





En los años 50 del pasado siglo, la sociedad consideraba un valor de primer orden “La Palabra”, reconocido como tal en los diversos estamentos sociales. “Le doy mi palabra” suponía asumir un compromiso cimentado en el HONOR. De alguna forma, tal valor reconocido con carácter general conformaba una sociedad honorable. Tenía una solemnidad semejante al Juramento y, de forma semejante, comprometía el HONOR de la persona, o sea su valor, su REPUTACIÓN social.

Recuerdo bien que, aún niño, tuve un conocimiento profundo del valor de expresar “te doy mi palabra” o “se trata de una persona honorable”. Esas y otras muchas expresiones sociales semejantes incorporaban el conjunto de virtudes que daban valor a cada persona y a la misma sociedad.

Incluso para remachar y enfatizar la solemnidad del compromiso usábamos la redundante expresión “te doy mi PALABRA DE HONOR” como máxima garantía del compromiso.

Paulatinamente nuestra sociedad ha ido perdiendo el valor del HONOR, el valor de LA PALABRA DADA como COMPROMISO MORAL reconocido por los demás y con efectivos resultados y sociales.

Recuerdo que, terminados los estudios, ya en mi primer trabajo (que lo fue en el sector bancario), se usaban unos impresos para exponer una propuesta de préstamo o de establecimiento de riesgo de operaciones financieras. Tales impresos, inmediatamente tras el nombre del cliente solicitante, teníamos que realizar las siguientes valoraciones:

1º: Solvencia Moral.

2º: Solvencia Económica.

Aspirante a apoderado del banco, interesaba conocer mi valoración de la solvencia, de la credibilidad, en primer lugar Moral, incluso antes que económica de un cliente. Y se trataba de un banco, no de una organización no gubernamental de auxilio social.





Creo que da idea de cómo, incluso alcanzados los años setenta del pasado siglo, el HONOR y LA PALABRA gozaban de un enorme peso social. Hoy, apenas se mantiene el HONOR vinculado a los militares.

La pérdida de esos y otros valores ha ido conduciendo a nuestra sociedad a la degradación que conocemos (y que sufrimos).

 

¿Existe alguien que crea de buena fe que para alcanzar o defender la LIBERTAD es preciso desprenderse de los valores PALABRA y HONOR?

¿En serio hemos progresado anteponiendo “Solvencia Económica” a “Solvencia Moral” o incluso eliminando ésta última?

 

Como si tener SOLVENCIA MORAL, PALABRA y HONOR, fuesen obstáculos para el ejercicio de la LIBERTAD, se han arrinconado como características de banderías despreciables opuestas al Paraíso Terrenal. La responsabilidad de los máximos responsables políticos y sociales es imperdonable y la colonización de una gran parte de la sociedad es ruinoso, suicida para una civilización.





Como si una Sociedad (y todos y cada uno de sus miembros) fuese capaz de progresar civilizadamente permaneciendo huérfana de PRINCIPIOS Y VALORES MORALES aceptados y compartidos por la inmensa parte de sus ciudadanos. ¡Una Sociedad fracturada por la ausencia de unos valores comunes que la integren, ordenen, aseguren y estimulen es una sociedad condenada a desaparecer bajo la bota de la esclavitud!

Mi dolor es que España camina desde hace años por ese desbarrancadero sin percibirse de la labor destructiva de sus pastores o asumiéndola como un fatum irreparable (“si vienen a violarte, más vale que te relajes, cierres los ojos, y procures disfrutar”).

 

CM

28-1-2026