sábado, 28 de marzo de 2026

 SEMANA SANTA

 


Mañana, Domingo de Ramos, los católicos iniciamos la denominada Semana Santa, rememoración de la PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO, el Mesías, el Hijo de Dios, de doble naturaleza, divina y humana, Redentor de los seres humanos.





Nos dicen los Evangelios que Jesús, sobre un asno, entró en la ciudad sagrada de Jerusalén y que fue recibido por la masa del pueblo con ramas de palma, poniendo a su paso mantos y ramas: “bienvenido el que viene en nombre del Señor”.

El pueblo judío esperaba (y aún espera) al Rey de Reyes, el Mesías bíblico, unificador y salvador del pueblo judío. Los cristianos identificamos a Jesús con el Mesías anunciado en la Biblia y salvador de toda la humanidad.

El mensaje de Jesucristo es AMOR: “amaos los unos a los otros, como yo os he amado”; “amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.





Releyendo la simbología cristiana de la Semana Santa, encontré algo que no sabía o que no recordaba: el Miércoles Santo también se conoce como el Miércoles del Espía, cuando Judas Iscariote negocia con el Sanedrín la entrega de Jesús contra el pago de treinta monedas de plata. También se conoce al Miércoles Santo como Miércoles del Silencio, al no referir los Evangelios ninguna actividad en ese día.

A esta última acepción me acojo para proponerme y proponer la meditación que tanto agradece al silencio. Vivimos tiempos convulsos en que la violencia vence a la paz, el ruido ensordece a la música y el frenesí no deja espacio al sosiego.

 





La PASIÓN hace referencia a los sufrimientos de Jesucristo: traición de Judas, negación de Pedro, oración y aceptación en Getsemaní de su trágico destino, los juicios de Anás, Cayfás, Pilatos y Herodes, la flagelación y corona de espinas, el camino del Calvario (Gólgota) con la Cruz a cuestas y sus caídas, el expolio, y la crucifixión.





La MUERTE en la Cruz tras seis horas crucificado: el sol se oscureció, el velo del templo se rasgó y Jesús clamó: “Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu”. Y expiró.





En el Oficio del Martes Santo, Tenebrae o Tinieblas, con la única iluminación en el templo de las quince velas de un candelabro (Tenebrario), se van apagando conforme avanzan los salmos, permaneciendo encendida al final sólamente la vela del vértice que representa a la Virgen María por ser la única que creyó en la Resurrección. Finaliza con el ruido de carracas y matracas (strepitus) conque los fieles simulan las convulsiones de la Naturaleza por la muerte de Jesucristo.





La RESURRECCIÓN: Jesús Resucitó de entre los muertos al tercer día de ser enterrado, reunificando alma y cuerpo en estado glorioso e inmortal, venciendo al pecado y a la muerte y ofreciendo la esperanza de una Vida Eterna. Es la garantía de que todos los muertos serán resucitados en la segunda venida de Cristo. Ascendió al Cielo, junto a Dios Padre.

 

CM

28-3-2026

    


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