jueves, 26 de marzo de 2026

 GOBIERNO Y DELINCUENCIA

 

“Cuando los políticos de tu país incentivan políticamente, protegen judicialmente y justifican ideológicamente la delincuencia, es que estás viviendo en una dictadura”. (Cristian Campos)

 






Me ha llamado la atención la tesis del historiador norteamericano M. Seidman que plantea que comunismo y nazismo generaron deliberadamente una cultura de protección y utilización de los criminales, porque no eran tan subversivos para sus intereses políticos como los contrarrevolucionarios o las minorías raciales y nacionales. Estalinistas e hitlerianos admiraban la solidaridad de grupo de naturaleza violenta que unía a las bandas criminales por leales camaradas y preferían degradar a sus presos políticos permitiendo que los delincuentes comunes los humillaran (Esclavos en la Europa del siglo XX).

 





El periodista Campos afirma en su artículo de El Español que los delincuentes son la herramienta que permite a los regímenes autoritarios acentuar la violencia represiva sobre los ciudadanos porque ejercen la violencia de forma arbitraria, caprichosa y aleatoria más allá y con mayor eficacia de lo que pudiera hacerlo la policía. Los delincuentes comunes son la dosis de caos que el autoritarismo introduce en el sistema para:

-generar terror entre los ciudadanos,

-impedir que se organicen contra el régimen, y

-entretenerse contra la violencia inmediata evitando que reaccionen contra la violencia del propio Estado.

 

En efecto, cuando los únicos derechos humanos que se reivindican públicamente son los del delincuente, pero no los de las víctimas, cabe pensar que lo que realmente se pretende es defender al propio régimen.

 





El Sanchismo es paradigmático de cómo adecuar la respuesta del Estado a la delincuencia según las necesidades personales del jefe del Gobierno:

-indultando y amnistiando a delincuentes convictos,

-modificando el Código Penal en beneficio de políticos corruptos: golpistas catalanes, corruptos ERE, secuestradoras de hijos, y violadores,

-gobernando con filoterroristas asesinos, golpistas catalanes, colaboradores de ayatolás y dictaduras venezolana y cubana,

-debilitando y denigrando a las fuerzas y cuerpos de seguridad,

-siendo notablemente felicitado por los más crueles grupos terroristas internacionales,

-manipulando votaciones, y

-colmando sus círculos personales de encausados judiciales.

 





Durante el mandato de Sánchez se han incrementado colosalmente:

-homicidios y asesinatos, un 22,5%

-tentativas de homicidio, un 76,8%

-riñas tumultuarias con lesiones graves, un 74,1%

-secuestros, un 65,2%

-tráfico de drogas, un 75,4%

-delitos sexuales, un 85,2%

-violaciones, un 286,7%

-ocupación de propiedades, más de 16 mil casos, y

-regularización de 2 millones de inmigrantes ilegales sin control.

 

Datos contundentes (del artículo de  Cristian Campos) que permiten conjeturar la tesis de gobernar con un propósito antidemocrático o, en todo caso, asegurar la ausencia de respeto al derecho y el uso torticero del mismo para el personal interés de Sánchez a costa del Estado de Derecho y la protección y seguridad de la ciudadanía.

 

CM

26-3-2026


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