domingo, 22 de febrero de 2026

  

ENFERMEDAD Y TRATAMIENTO

(DE LOS ÁRBOLES Y MÁS)

 





Las causas más usuales de las enfermedades de los árboles incluyen infecciones por hongos, bacterias, y virus, así como daños físicos, estrés ambiental, y la presencia de plagas.

Si no se reconocen y tratan a tiempo, pueden llevar al debilitamiento o incluso a la muerte del árbol.

En la mayoría de los casos, la poda es una de las soluciones más efectivas. Requiere conocimientos y habilidades.  

No todas las enfermedades de los árboles precisan intervención profesional, pero si se aprecian síntomas graves, lo mejor es contactar con un especialista asegurando que los árboles reciban el cuidado para prosperar.

(Texto publicitario de una empresa de jardinería)

 

 JUEGO:

Sustituir árbol/árboles por sociedad/sociedades

 

REFLEXIÓN:




En occidente (al menos) vivimos en tipos de sociedades enfermas. Tanto, que corren serio riesgo de desaparecer sin que conozcamos por qué otro tipo de sociedades pueden ser sustituídas.

-El Malestar Emocional: la soledad, la depresión, la angustia y la ansiedad.

-El Malestar Sociocultural: presión por el rendimiento, culto a la imagen, vacío existencial, alcoholismo, drogadicción, violencia (homicidio, suicidio), terrorismo, desprecio a la verdad y a la responsabilidad.

-El invierno demográfico: el brutal envejecimiento de la población, las dificultades enormes de iniciar un proyecto común de pareja, la ausencia de compromiso, la pérdida de libertad real para las mujeres en planteamientos falsamente feministas, desestructuración familiar (en la cultura occidental, no es cierto que el divorcio, el aborto, el cambio de género hallan aportado libertad responsable a la sociedad), condena de la autoridad familiar, escolar y legal.

Hoy domina la tendencia a cancelar y depotenciar los conflictos, escondiéndolos o aplazando su solución, de forma que el malestar circula clandestinamente, como algo que normalmente no queremos mirar de cerca.





El proceso de decadencia occidental ha devenido en una colectividad vacía de espíritu que experimenta a todo lo real como una nada nula e improductiva, sin darse cuenta. Nietzsche calificó de enfermedad esta decadencia nadificante o nihilizante, un desierto vital plagado de síntomas mórbidos (resentimiento generalizado, nostalgia del fundamento perdido, obstinado en la creación de nuevos ídolos para huir del mundo, necesidad de una vida en anestesia que busca calmantes para camuflar su vacío, todo ello dirigido a la negación de la vida).

Si estimamos en el humano el ser errático (en busca constante de una nueva tierra), la decadencia no sería otra cosa que una erraticidad improductiva, autodestructiva y ficcional (un movimiento que no es movimiento y, por tanto, lo finge).

Nuestra sociedad occidental es una comunidad continuamente ajetreada, en un movimiento febril y vertiginoso que es realmente una parálisis, una transformación puramente cuantitativa, una diversidad de máscaras con una única idea de progreso, puramente tecnológico, material, utilitario. No cambia nada esencial que permita hablar de tránsito a una nueva tierra. Esta sociedad estacionaria vive en la pura ficción de un progreso que en esencia no existe y produce un vacío que augura la muerte en vida. Para ignorar la evidencia, la sociedad vive dopada por puras apariencias, refugiada en consignas huecas: todo debe ser leve, cómodo e inmediato.

“Cuando el hombre deja de creer en Dios no es que no crea en nada, cree en cualquier otra cosa” (Chesterton). “La verdadera batalla no se libra en los parlamentos, sino en el corazón humano, donde lo eterno y lo efímero se disputan cada latido” (Lewis). “Una civilización que olvida la verdad se fragmenta en pequeñas mentiras cómodas” (L. Sabers). “La grandeza no se mide por poder ni apariencia, sino por la capacidad de enfrentarse al mal incluso cuando parece irresistible” (Graham Greene). “La modernidad es como un laberinto de espejos, todo reflejo, nada real” (M. Baring).

No somos los “reyes del mambo” en el Universo, no somos dioses y es urgente liberarnos de la máscara, de esa inmensa mentira y regresar al origen de nuestra identidad verdadera, tomar conciencia de que no somos el centro, no somos eternos: del polvo venimos y en polvo nos convertiremos. En el Cristianismo, el Miércoles de Ceniza es la festividad que anualmente nos recuerda esa implacable verdad.

Desde la década de los noventa el nuevo capitalismo sustituyó la rígida jerarquía de la empresa, por un sistema reticular con autonomía en los módulos que en vez de órdenes directas se mueven por proyectos. Una consecuencia perversa ha sido la dilución de la responsabilidad. Conocí el importante cambio en que proliferaron las reuniones para la toma de decisiones colegiadas, más libres y más irresponsables. Está maraña reticular se ha extendido por el gran barullo de instituciones públicas llegándose a producir la imposibilidad de identificar al responsable de una decisión equivocada o perniciosa (unido al espíritu corporativista -por ejemplo, de los partidos políticos-) hace tortuoso e incluso imposible identificar responsables. Se ha fomentado la ocultación de la responsabilidad individual. Se hace igualmente difícil la distinción entre la creatividad original y la espúria, lo que crea un estado continuo de desazón. Así, nuestra cultura actual está transida por el estrés que ha venido a sustituir a la ética y a la ideología política. Lo semiótico (signos, símbolos, consignas, lemas, emblemas, para comunicar mensajes) y el estrés colaboran y dan lugar a una paranoia que está en la base de las naciones modernas.



MOLOCH, DIOS FENICIO, DEVORADOR DE BEBÉS Y ADORADORES 


La falta de potencia para promover un nuevo mundo lleva a devorar sueños e ideales: éxito, fama, gloria, reconocimiento. La fuerza de una cultura se mide en la capacidad de vacío que es capaz de soportar sin sucumbir a él.

Parece que esté finalizando la era de la Globalización, sustituída por la Gran Fragmentación:

-Estancamiento de las Superpotencias (EEUU y China).

-Declive de las potencias económicas tradicionales (Alemania y Japón).

-Surgimiento de potencias medias (Indonesia, Emiratos y Turquía), que equilibran sus lazos con Occidente y Oriente.

El mundo se ha convertido en un sistema multipolar y fragmentado.

Por otro lado, “toda organización tiende a concentrar el poder, de manera que, el triunfo de las élites puede llevar a la endogamia y la corrupción” (R. Míchels). La cuestión es, ¿qué tipo de élites permite el sistema?

En nuestro sistema, de una baja calidad institucional, prospera el clientelismo y la polarización es rentable. La virtud cívica no compensa. Con tal escenario, no prosperan necesariamente los mejores, sino los más adaptados que, naturalmente, carecen de incentivos para reformarlo. No se derrumba, se parchea. Si funciona el parche, se desactiva la urgencia. No siempre estalla la decadencia. A veces se institucionaliza. Se normaliza el pobre y vergonzoso debate público, se asume que el partido gobernante colonice organismos y se tolera y asume la corrupción. Nuestra sociedad aprende por necesidad, no por virtud.

El mayor riesgo es que nuestra sociedad se habitúe a estar enferma, que la política sea pura gestión de supervivencia y que la ciudadanía se refugie en autoprotección privada. ¿Tendrá capacidad la sociedad española para asumir el protagonismo de su propia historia y actuar sobre los incentivos para corregir su caminar hacia el desastre pastoreada por las élites actuales?

 




El hombre, como ser de la naturaleza, comparte con el resto de los seres todo lo referido a su ser material. Pero se distingue de todos los demás porque posee unas dimensiones espirituales que le hacen persona. Somos los únicos seres compuestos por cuerpo (perecedero) y alma (inmortal). Así nos consideramos los cristianos.

El rasgo distintivo de la sociedad humana es la Cultura. En la historia más reciente de la nuestra hemos padecido (hace 90 años) un brutal enfrentamiento en una guerra civil; y hemos realizado (hace 50 años) una ejemplar transición política basada en el consenso y la concordia. Tenemos pues muy recientemente demostrado en nuestra extensa historia que somos capaces de lo peor y de lo mejor. No veo cómo lo peor pueda ser una opción razonable. Sólo lo es aquello que responda al espíritu del consenso y la conciliación. Y rechazar con contundencia el enfrentamiento y la crispación. En los últimos 22 años nos hemos dejado arrastrar hacia el enfrentamiento, a lo peor.





Nuestra sociedad se encuentra alarmantemente enferma. Como los árboles, necesitaremos una poda, necesitaremos a los mejores especialistas y necesitaremos luchar contra el virus (Zapatero), el hongo (Sánchez) y las plagas (sanchistas/independentistas), que nos han hecho enfermar.

Tenemos identificada la causa de la enfermedad que nos aqueja, conocemos el tratamiento más eficaz. Sólo una persona perversa o una sociedad suicida dejarían de actuar de inmediato.

 

CM

22-2-2026

 

 


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