PERSONA Y DEMOS
AUCTORITAS Y POTESTAS
Me ha estimulado un coloquio entre Monseñor Argüello y doña Cayetana Álvarez de Toledo. Él, licenciado y profesor de Derecho, arzobispo de Valladolid, preside actualmente la Conferencia Episcopal Española y es uno de los más significados prelados. Ella, historiadora, periodista, conferenciante y actualmente portavoz adjunta del grupo popular en el Congreso, es una de las más brillantes políticas.
La atractiva conversación entre ambos tocó diversos temas en relación con la democracia, la dignidad de la persona, el bien común, la emigración, la verdad, el derecho a la vida, …, todos ellos de indudable y gran interés que fueron planteados desde una sinceridad natural, tanto en coincidencias como en discrepancias, que también abordaron con recíproco respeto y espíritu de búsqueda de áreas coincidentes, manifestándose ella como no creyente y siendo él un prelado católico destacado.
Ocurre que es un bien tan escaso la aleación de sabiduría, respeto y oratoria que quedé muy agradecido por el agradable rato de enseñanza recibida. No trataré de reproducir aquí su conversación sino aspectos que me despertó el deseo de reflexionar sobre cuestiones que directa o indirectamente estuvieron en su coloquio.
Persona: individuo de la especie humana con conciencia, identidad propia, moral, razón y dignidad, sujeto de derechos inalienables y universales y de sus correspondientes obligaciones y con naturaleza social.
Para los creyentes es el ser creado por Dios “a su imagen y semejanza”, cuyo propósito es amar y relacionarse con el Creador, una unidad de alma y cuerpo con una vocación eterna.
Un gran y desarrollado cerebro permite al ser humano una capacidad intelectual superior al resto de las especies animales.
Dos aspectos creo que merece la pena resaltar en nuestra sociedad actual:
-el “antropocentrismo” que considera a la persona el centro del Universo al que somete a su conveniencia. En el fondo es una manifestación de soberbia desorbitada que eleva al ser humano a la categoría de dios, a quien debe plegarse el resto de la naturaleza. A mi forma de ver es un error destructivo que proviene de una de las maldades más nefastas de los humanos, el orgullo desmedido y el desprecio a lo demás, considerado en la Biblia como el pecado capital primordial (rebelión contra Dios). Como lo es la posición contraria, considerar a la especie humana igual al resto de las especies.
-la “indigestión de derechos”. Coincido plenamente con nuestros dos tertulios en que sufrimos un absoluto empacho de derechos y una ignorancia y desprecio de los inexcusables deberes correspondientes a los derechos. Como en algún momento comentaban, precisamos una solemne “declaración universal de los deberes del ser humano”, inculcar en cada casa, en cada escuela, la necesidad vital de cumplir con el deber de cada uno.
DEMOS: en la Antigua Grecia, pueblo, gente o población. El término fue evolucionando desde el sentido territorial hasta el político.
Es el conjunto de personas que se agrupan como consecuencia del carácter social del ser humano, de la persona.
Considero preciso enfatizar que, primero es la persona y, después, como consecuencia de su naturaleza, es el pueblo, el conjunto de personas agrupadas. Sujeto de deberes y derechos es la persona, lo que deriva en que sus agrupaciones tengan obligaciones y derechos.
De su raíz etimológica proviene:
-democracia: el “poder del pueblo”. Es el principio conforme un grupo humano se gobierna a sí mismo, sin sometimiento a ninguna otra autoridad. La complejidad de las agrupaciones humanas ha requerido mecanismos, fórmulas que permitan el que el pueblo se gobierne a sí mismo.
Operativamente, la complejidad del pueblo ha conducido a distintos sistemas de representación. La representación exige un proceso de selección de los representantes. Naturalmente deben ser “los mejores” de cada Pueblo, ya que de sus virtudes depende alcanzar mediante la justicia el mejor “bien común”, el mayor bienestar del grupo de personas, de los ciudadanos. Para ello, dos conceptos son esenciales:
-la AUCTORITAS: prestigio, autoridad moral y saber reconocido por la sociedad que otorga influencia sobre otros. La mejor reputación, la mayor bondad y la mayor sabiduría han de ser las condiciones para que el pueblo reconozca a los miembros más valiosos para representarlo.
-la POTESTAS: a los elegidos ha de dotárseles de la autoridad, el poder legal y facultad coactiva para que puedan llevar a cabo su “obligación” de procurar el interés general, el bien común, con estricto respeto a los deberes y derechos individuales de las personas. Y al pueblo corresponde retirar la Potestas cuando el comportamiento del elegido se aparta de las razones y motivaciones que tuvo el Pueblo para entregársela.
Llamamos Estado a la organización política, social y administrativa que rige un territorio delimitado y a su población. En democracia, tal organización sólo procede del pueblo soberano, a través de sus representantes elegidos conforme al criterio de la Auctóritas y dotados de la necesaria Potestas. Está al servicio de las personas. Su objeto es el bien común y la convivencia pacífica, protegiendo la dignidad y derechos fundamentales de las personas, garantizando el orden, la seguridad y la justicia.
Existen unos “Principios Universales” por los que debe regirse cada comunidad en cualquier circunstancia. Son objetivos e inmutables y marcan las fronteras para cualquier sociedad. Sustancialmente suponen los siguientes derechos:
-la Vida: es la base de las sociedades organizadas,
-Justicia y Honestidad: dirigidos a la Equidad y la Verdad,
-Libertad e Igualdad: autonomía individual y trato simétrico entre personas.
-Solidaridad: apoyo mutuo.
Convencido de que todo lo anterior tiene una validez suficientemente sólida, procedo a juzgar la situación española desde esos parámetros:
1- La Persona:
Han proliferado en los últimos cincuenta años individuos de conciencia enferma, identidad propia indefinida y voluble, moral relativista, razón escasa y dignidad menor, contrarios a derechos universales pero demandantes de todo tipo de derechos materiales, sin asumir las obligaciones correspondientes, y con un sentido solidario degradado.
Al ya nacido (ha sobrevivido a los ataques fetales), se le ha asignado en cada casa ser el centro del Universo.
Ese título de ídolo se prolonga en la escuela al punto de valorar la “AUCTORITAS” como una peligrosa maldad, percibida como una “POTESTAS” que castra la Libertad Absoluta. Al tiempo, la escuela dejó de transmitir la sabiduría tradicional de nuestra civilización ayudando al alumno a pensar (tradición socrática), poniéndose al servicio de las revoluciones ideológicas de moda que el Estado decide promover.
Y se consuma en la vida social en que, carente de moderación o freno moral (convertida en relativista, circunstancial o productiva), sólo queda sometido por la fuerza a una POTESTAS creadora de Miedo y de Crispación promovida desde el “Populismo” (enfrentamiento dentro de la misma sociedad).
2- La DEMOCRACIA:
El autogobierno del PUEBLO, el grupo de Personas, o Ciudadanos, se organiza mediante representantes cuando su dimensión y complejidad impide gobernar directamente a través de cada ciudadano. Una fórmula de éxito para tal representación fue el “partido político”, organización que agrupa a ciudadanos con formas de pensar (ideologías) comunes, para aplicar un determinado programa de gobierno que somete a la sociedad.
Tengo escrito cómo el sistema de selección de los partidos políticos no puntúa ni el prestigio, ni la autoridad moral ni el saber reconocidos socialmente. Dentro de los partidos políticos, se valora sustancialmente la habilidad para alcanzar el poder, la POTESTAS, por vías de pura utilidad, absolutamente ajenas a la ética y la moral o incluso contra ellas. Se ha instalado la perniciosa idea del Relativismo que, negando la existencia de Verdades Absolutas, “se convierte en una Dictadura al no reconocer nada como definitivo y dejar como última medida sólo el Ego y la voluntad propia” (Joseph Ratzinger). (Sánchez y Trump son relativistas arquetípicos).
Por lo que es perfectamente posible que el líder no sea el mejor para el interés y bien común de la sociedad (DEMO), sino para el bien personal o de su propia agrupación política por más que sea nefasto para la comunidad. De tal manera que el sistema de partidos envilece hasta tal punto el proceso de representación que LA DEMOCRACIA NO EXISTE.
Es inevitable que el proceso envilecedor desnaturalice la organización política, social y administrativa que rige a un territorio y a su población, el ESTADO que, capturado por “élites políticas y económicas”, influyen de tal forma en las Instituciones, que orientan leyes, políticas y decisiones públicas en su favor, en perjuicio del común, de la sociedad, de cada persona. En resúmen, llamémoslo como queramos, unas élites tienen sometido al Pueblo.
¿Porqué no se revela el Pueblo?: porque
-carece de mecanismos reales para recuperar el dominio efectivo sobre su gobernación,
-es víctima del populismo que ha conseguido crisparla y enfrentarla consigo misma,
-ha perdido conciencia clara y firme de los principios universales: la vida, la equidad, la verdad, la libertad, la igualdad y la solidaridad. Casi todo es relativo.
-está muy alejada o evita afrontar sus deberes, ebria de derechos.
-está huérfana de bienes espirituales a los que incluso persigue como enemigos de los materiales.
-su raciocinio medio es penoso, carente de sana formación y de ejercicio.
-huye del esfuerzo y cuanto ocasione sufrimiento.
-atada a la breve vida material precisa vivir el ahora con frenesí y arrebato, propio del esclavo sin esperanza.
-ha perdido conciencia del común, de ser parte de un colectivo.
Creo, en fin, que somos personas humanamente desarmadas, formando una sociedad desarmada, piezas muy fáciles de los depredadores humanos y sociales de donde obtienen su sustento insaciable. Los depredadores por antonomasia no son otros que las élites político-económicas.
La lucha exige conciencia, principios, arrojo, desazón y sacrificio. O conseguimos honrar nuestra dignidad humildemente e introducimos los filtros que depuren los procesos de selección dentro de los partidos políticos o hay que prescindir de ellos; y, o conseguimos mecanismos posibles y razonables de destituir a nuestros representantes, o estamos perdidos para la democracia.
26-4-2026






























