LA DEL PULPO
Tendría yo unos trece años cuando fuimos de veraneo con nuestros padres a Galicia.
Entonces, el viaje de Madrid a Galicia era casi heroico por una carretera (¡la nacional seis!) que, a partir de cierto punto, era un rosario interminable de curvas cerradas. Lo recuerdo como un viaje infernal y eterno.
Viajamos en coches durante toda la noche. Con las primeras luces del alba llegamos a destino: ¡Sangenjo!
Se vislumbraba el mar inmenso entre neblinas. Me quedé atónito ante la imagen de una mujer enjuta, más que madura, pelo corto, ceniza y rizoso, propinando estacazos en unas rocas de un extremo de la playa. “¡Papá, mira, una loca dándole palos a una piedra!”. Mamá, riendo, dijo algo como: “Vamos a dejar el equipaje y bajamos para que veáis lo que hace esa persona”.
En un pispás habíamos soltado las maletas y estábamos en la playa, cerca del apaleamiento. Cambiados saludos, mi madre le pidió a la señora que nos explicara qué y por qué actuaba así.
No golpeaba la roca sino a algo gelatinoso: ¡un pulpo! “¿Está usted matando al pulpo?”. “No hijo, está bien muerto, le estoy ablandando las carnes antes de cocerlo, y comerlo”.
La imagen de la enteca pero enérgica mujer dando de palos a un pulpo sobre las rocas me ha acompañado toda mi vida. Contundente y precisa le atizaba de aúpa al cefalópodo sin dejar zona ni rincón.
El PSOE es (o fue) una asociación política con casi ciento cincuenta años de existencia. Nunca he tenido interés por ningún partido político. Y, en particular, los principios socialistas no coinciden con los míos. Por tanto, desconozco totalmente su organización y tan sólo sigo mis suposiciones. Debe poseer un patrimonio estimable, una dimensión considerable de asociados, una estructura importante, bien organizada, con una muy larga experiencia acumulada de manejar el poder, muchas veces ejerciéndolo y otras combatiéndolo y una sólida red de contactos (y sirvientes) en las diversas áreas del poder.
Yo creo que Pedro Sánchez Pérez-Castejón es una persona enfermizamente ambiciosa, lista y sagaz, sin ningún tipo de escrúpulos, con una perspicacia especial para detectar las ambiciones y flaquezas ajenas, una autoestima insana y patológica, un verbo de predicador, fácil, florido y efectivo (el que facilita enardecer sin sustancia), una frialdad más allá del hielo ante cualquier emoción y condiciones para intimidar.
Pedro Sánchez no destacó por sus dotes de estudiante ni por otro tipo de habilidades emprendedoras que pudiesen abrir paso a su exagerada ambición. No sé cómo, pero de alguna manera debió ver su mejor oportunidad en un gran partido político, en absoluto por razón de ideología (el propio partido se había ido diluyendo en ese campo y él, sencillamente se adaptaba a cualquiera).
Entró pues en el PSOE. Sin duda identificó que una buena parte de afiliados no lo eran tanto por concurrencia ideológica como por pura carrera profesional. Y, entre éstos, reconoció a los de mayor condición aventurera y desvergonzada. Entre ellos encontró fácil acomodo y utilizando a unos y a otros con enorme maestría fue haciendo “su carrera” dentro de la organización, cacareando cuando correspondía y lamiendo lo necesario cuando fue menester. Se fue sintiendo como pez en el agua entre los más indecentes, tunantes, bribones y vividores. Con paciencia y maña fue formando “su banda”, siempre bajo ese principio natural de usar y tirar personas como si de moqueros de celulosa se tratase. Su acomodaticia y flexible conciencia le resultó de utilidad grande como tratante buhonero.
Existe una mariposa africana (taladro del geranio) especializada en destrozar los geranios: sus larvas perforan los tallos de la planta por dentro, dejándolos huecos. Son devastadoras. Las larvas devoradoras son verdaderas máquinas de destrucción, ocultas dentro de los ejes de la planta son invisibles, en tanto que las “ponedoras” revolotean sin ocasionar especial sensación de peligro. La planta muere en poquísimos días desprovista de canales nutrientes.
Las bandas de Sánchez tienen un gran parecido con las mariposas africanas en su forma de actuar: penetran en el organismo y lo destruyen desde su interior. Lo más posible es que el PSOE real haya dejado de existir hace tiempo, sustituido por las bandas “sanchistas”. El “sanchismo” es de naturaleza insaciable, y colonizadora. Del partido supercentenario, el invasor, con sus secuaces, pasaron a invadir el Estado y lo están carcomiendo a toda velocidad y con sorprendente desparpajo. Es la ubre de la que maman cientos y miles de parásitos. Afortunadamente, con un gran foco de resistencia es la judicatura que aún frena en gran parte los embates salvajes de las bandas (a pesar de ciertas necedades inoportunas y ofensivas de algún juez).
La Guardia Civil y la Policía, prestando eficazmente el servicio que juraron, están siendo piezas clave en la investigación y descubrimiento de los cientos de actos delictivos, vericuetos y túneles de carcoma fabricados por la “bandas sanchistas”. Ambos cuerpos de seguridad no dan abasto persiguiendo las múltiples actividades delictivas de tanto malhechor (expresidente de gobierno, responsables de organización del PSOE, familiares del presidente del gobierno), con la sensación constante de que hay muchos y mayores delitos y delincuentes conforme avanzan las investigaciones.
Comencé a usar unas pastillas que, enterradas junto a las plantas de geranios, parecen efectivas para combatir a las larvas. Espero que, en cualquier momento, aparezca un producto que elimine a las mariposas.
Puede que estemos asistiendo en nuestra convivencia a un proceso paralelo: docenas de bandoleros sanchistas están siendo juzgados, y algunos ya severamente condenados por graves delitos, regalándoles pensión gratuita en cárceles y penales. Otros huelen a chamusquina que apestan.
Puede que estemos a poco de que caiga la “mariposa madre”, el “puto jefe” revoloteador. Como la urdimbre de las bandas tiene como lealtad única los puros “intereses creados”, la caída del gallo arrastrará con certeza que a Sánchez le caiga “la del pulpo”, sin que llegue a saber de dónde le van a llover tal cantidad de golpes. Por cierto, esta noche de San Juan se forman formidables hogueras donde incinerar muebles viejos y librarse de espíritus malignos.
Sin desechar que la prudencia aconseja cautela cuando en el devastador confluyen la perversión con la psicopatía, ambas en grado presidencial. El sujeto atacará como sólo pueden hacerlo los insensibles.
CM
23-6-2026












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