jueves, 16 de abril de 2026

 CORTEX PREFRONTAL

Sistemas Reptiliano, Racional y Límbico.

ALMA Y ESPÍRITU

 





Los sistemas Reptiliano (instintivo), Límbico (emociones) y Racional (Neocortex), componentes clave del cerebro humano interactúan, gestionando el primero (Reptiliano) la supervivencia; el segundo (Límbico), las emociones, memoria y motivación; y el Neocortex (el más sofisticado), gestiona la reflexión, planificación, lógica y lenguaje. Descartes situaba el alma en la “glándula Pineal”.

 




El amor, localizado en el Límbico, es una emoción compleja y abstracta que involucra a diversas zonas del cerebro. Se ha descubierto que el núcleo concreto donde se sitúan el amor y el deseo sexual es el “núcleo estriado”, pero la zona donde se activa el amor es más compleja, en un proceso neuroquímico y de recompensa que activa 12 áreas cerebrales que liberan diversos neurotransmisores como la dopamina (placer), oxitocina (vínculo y confianza) y adrenalina provocando euforia, adicción y fijación. Aunque fisiológicamente, sentimos los efectos en el corazón (palpitaciones, nervios).

El amor nos hace intrépidos, brillantes y dispuestos a correr riesgos. El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo y pertenencia entre las personas mediante el afecto, la empatía y el compromiso.

 




Cuando el amor transciende del sentimiento y pasa a ser una manifestación del alma o de la mente, los creyentes lo identificamos con Dios y se basa en la Fe: el Amor proviene de Dios, es una virtud teologal. El Papa Benedicto XVI tituló a una encíclica “Deus, Cáritas est” (Dios es Amor), reflexión del amor divino al ser humano y la distinción entre “Agapē” (amor caritativo, desinteresado, altruista e incondicional) y “Eros” (amor sexual).

Jesucristo señaló como primer mandamiento, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”, y el segundo mandamiento, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el Amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” (San Juan).

Orar es hablar con Dios. Requiere un ambiente de recogimiento, silencio y soledad interior para facilitar la comunicación con Dios. La Virgen María es Intercesora en la oración. La muerte terrena no es el final de la vida sino el inicio de la Vida Eterna con Dios.

 




De la lectura del doctor Manuel Sans Segarra y consecuente reflexión, a continuación, comento algunos pensamientos.

“La muerte no existe; no es un proceso biológico sino espiritual. La vida debe entenderse como una continuación hacia la vida después de la vida”.

 

Yo considero simplificadamente que, en este mundo, estamos formados por un alma eterna, inmortal, que da vida a un cuerpo mortal. Por tanto, una coincidencia básica con el pensamiento de Platón: el dualismo antropológico radical, definiendo al hombre como una unión accidental y transitoria entre un alma inmortal (inmaterial, racional) y un cuerpo mortal (material, pasional) que tiene encarcelada al alma limitándola en deseos y sentidos, mientras el alma busca la verdad y la sabiduría.

 





Los padres de la “física cuántica” (Planck, Einstein, Wigner), dijeron que, cuando buscamos principios fundamentales, siempre nos encontramos con un vacío que obliga a aceptar que existe algo más, una inteligencia superior.

En su libro “Ego y Supraconciencia: buscando el sentido de la vida”, el doctor Sans Segarra, utiliza dos conceptos básicos:

-El Ego: “es fundamental en nuestra andadura vital puesto que nos proporciona la energía y la voluntad para obtener nuestros objetivos interconectados (salud, felicidad y libertad), consecuencia de lo que pensamos, (que depende del carácter de cada individuo). Pero siempre debe estar controlado por la Supraconciencia”.

-La Supraconciencia: “nuestra realidad existencial”.

El desarrollo completo de los tres objetivos sólo se obtiene mediante una dinámica vital fundamentada en la Supraconciencia. Con el Ego sólamente se consiguen momentos efímeros de placer (y sufrimiento), una falsa libertad y un deterioro de la salud.





La Supraconciencia es nuestra auténtica realidad existencial, la que nos hace únicos e irrepetibles y la que perdura tras la muerte física. Todas las experiencias profesionales del doctor Sans sobre las experiencias cercanas a la muerte (ECM) así lo indican. Para la comprensión de esas vivencias ha acudido a las leyes y principios de la física teórica que evidencian la energía como elemento estructural básico del Universo. Aunque existen ciertas analogías entre la física cuántica y las ECM, aún no existe evidencia experimental. Las ECM poseen patrones comunes que las diferencian de las alucinaciones.

La Supraconciencia es holística respecto a la conciencia o Inteligencia Primera y tiene sus propiedades: omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia, que se manifiestan en la intuición, la creatividad y la persistencia tras la muerte física. Su extensa experiencia como médico y cirujano se centra en los fenómenos transcendentes alrededor de la muerte adquirida en la atención, observación y estudio de los pacientes terminales vivenciados.

Existen posibilidades y modos de contactar con la Supraconciencia de manera que sea la que oriente y dirija nuestra vida a controlar el Ego. La Meditación, junto con la Oración Devota centrada en un solo pensamiento, es el método más eficiente para contactar con la Supraconciencia de forma consciente.





Sans Segarra pone especial énfasis en la Muerte, considerándola como un tránsito a otra dimensión energética y no el fin de nuestra existencia. Debe hacer perder el Miedo al final de nuestra vida física.

El Ego es la expresión consciente de nuestra identidad personal (existencia, reflexiones y actos). Pero nos proporciona un mundo de ilusión, no real; la construcción de nuestro Ego es artificial, nos define por lo que aparentamos, por nuestras características externas (nacionalidad, profesión, aficiones, creencias religiosas …). Chopra (médico y escritor indio) y Jodorowsky (poeta y ensayista) coinciden en que el Ego tiene que ver con nuestro rol en la sociedad, con la máscara que nos ponemos para relacionarnos con los demás y conseguir su aprobación. Cuando el miedo al rechazo nos domina, perdemos el control del Ego y nos convertimos en esclavos de él.

Pero el Ego no es un enemigo. Es un componente de nuestra mente con un papel importante en nuestra rutina diaria. Debemos y podemos controlarlo mediante la introspección y el autoconocimiento. El Ego establece un dualismo cuando realmente el universo es Holístico. Todo es uno: observador y objeto están unidos.





El materialismo exacerbado conduce al Nihilismo existencial, a la nada, nada tiene sentido. Nietzsche lo define como la desvalorización de los valores supremos: rechaza los principios éticos y religiosos y conduce a la creencia de que la vida no tiene sentido. En las sociedades occidentales ha llevado a que el suicidio sea la principal causa de muerte entre los quince y treinta y cinco años.

Nuestra sociedad occidental está en crisis al carecer de respuesta a: 1- ¿la vida tiene razón de ser? 2- ¿qué significado tiene? 3- ¿qué propósito tiene?

La vida sólo tiene sentido si es “trascendente”, con el Ego controlado.





Se precisa un cambio de conciencia que permita que el científico materialista se complemente con una ideología trascendente y evolucione a la hegemonía de nuestra realidad existencial, la Supraconciencia. Ghandi lo expresaba magistralmente: “los cambios empiezan en uno mismo: si transformamos nuestra forma de ser y estar en el mundo, el mundo también cambiará su actitud con nosotros”. Cuando la vida se estructure desde el interior seremos realmente libres.

 





El Miedo a la Muerte se debe a distintos factores:

1-el paso de la vida a la muerte suele ser molesto, doloroso, angustiante y de gran soledad

2-supone el paso a una zona desconocida

3-se pierde familia, amigos y bienes materiales

4-tenemos un instinto de conservación muy potente

El Miedo a la Muerte sólo se elimina teniendo la seguridad de que no es el fin de la existencia. Quienes han descubierto su auténtica identidad, la Supraconciencia, consideran la muerte como una liberación. El sentimiento del tiempo limitado que tenemos condiciona el Miedo a la Muerte. Si vivimos plenamente de acuerdo con nuestra Superconciencia, la Muerte supone pasar a una dimensión donde el tiempo es eternamente presente.

Es justo y necesario morir de manera digna, sin sufrimiento. Hay medios suficientes para controlarlo. Pero la inconsciente sociedad actual dispone de una ley para la eutanasia, pero no de una ley para los cuidados paliativos.

 




La Felicidad es un estado de ánimo que supone satisfacción y ausencia de sufrimiento. Es el objetivo primordial de todo ser humano. Se mide por la capacidad que cada individuo tiene para dar soluciones a los distintos aspectos de su vida. El camino que conduce a la Felicidad es la Gratitud: “la virtud más grande y la madre de todas las demás” (Cicerón).

Para san Agustín es un don divino, el gozo de conocer y poseer la Verdad (Dios) mediante el amor y orden de los deseos. Para santo Tomás de Aquino, la felicidad imperfecta (en este mundo) se basa en actuar conforme a la razón y la virtud moral y la felicidad perfecta (sobrenatural) consiste en la contemplación de Dios.

El entorno material no proporciona Felicidad sino placer (de corta duración) y exige estímulos crecientes sin límite. Víktor Frankl considera al ser humano como capaz de soportar el sufrimiento siempre y cuando consiga encontrarle un significado que puede ser en la Fe religiosa o en la liberación espiritual. La auténtica Felicidad sólo es posible en la Supraconciencia. Para ser feliz, la vida debe tener un sentido y un significado que permitan disfrutarla.





La sociedad actual está en crisis porque no es capaz de dar una respuesta que dé sentido a la vida, como consecuencia del materialismo existente y la ausencia de trascendencia. “Nuestra democracia se autodestruye porque se ha abusado del derecho a la igualdad y del derecho a la libertad; porque se ha enseñado al ciudadano a considerar la impertinencia como un derecho, el no respeto a las leyes como libertad, la imprudencia en las palabras como igualdad y la anarquía como felicidad. La educación moral es la única base para mejorar la democracia” (Isócrates, ~400 a.C.)).





El progreso moral de una sociedad sólo es posible si existe un principio universal del que emanan unos valores que son la manifestación de la Conciencia Primera. “Hay que tener la fortaleza y la fuerza de voluntad suficientes para cambiar lo que es posible cambiar, la serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar y la sabiduría para saber diferenciar lo uno de lo otro” (Reinhold Niebuhr).

 




La Libertad es la capacidad del ser humano de actuar conforme a sus valores, a su criterio, razón y voluntad, pudiendo tomar decisiones sin estar coaccionado por fuerzas externas o internas, de forma autónoma, únicamente limitada por el respeto a la libertad de los demás. Es actuar en favor del bien propio o común, pero con la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. El ser libre es responsable de sus actos y de sus consecuencias. Es imprescindible para la Felicidad y para la Dignidad Humana.

 




La conciencia es el conocimiento de nuestra existencia, nuestras reflexiones y nuestros actos. En el procesamiento cerebral, la conciencia ocupa una fracción mínima. Cuanto más se conoce del cerebro más evidencias hay de que este no crea la conciencia.

 

El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, es una unidad integral compuesta por:

-Cuerpo (Soma): es la parte física y material que permite interactuar con el mundo exterior a través de los cinco sentidos.

-Alma (Psique): es la base de la personalidad, compuesta por la Mente, la Voluntad y las Emociones.

-Espíritu (Pneuma): es la parte más profunda y transcendente que permite la conexión con lo divino o lo espiritual, da Conciencia de Dios y abre una vida que trasciende las limitaciones.

En el momento de la muerte, se separan el cuerpo y el alma. El alma esperará la segunda venida de Cristo, el cuerpo será redimido y resucitado y Dios celebrará el Juicio Final. Quienes hayan creído en Jesucristo y seguido sus enseñanzas gozarán de la vida eterna en la contemplación de Dios.





Podemos utilizar dos vías para encontrarnos con Jesucristo:

-la vía externa es la que, desde una excitación de los sentidos nos conmueve de forma que nos conduce a Jesús: un paisaje radiante y sobrecogedor, una música cautivadora y evocadora, …

-la vía interna usa la meditación profunda, la introspección, el autoanálisis que nos haga humildes, que ponga de manifiesto nuestra absoluta pequeñez. San Agustín reflejó con precisión su experiencia: buscando afanosamente fuera a Jesucristo, sin conseguir encontrarlo, en un momento determinado, se dió la vuelta y lo encontró dentro de sí; Jesucristo siempre está dentro de nosotros y nuestro afán debe dirigirse a realizar su búsqueda en nuestro interior. De forma similar, Santa Teresa realiza mediante la oración y la caridad el camino de acercamiento a Dios a través de un viaje en el que va superando las distintas moradas del “castillo interior”, logra llegar a la séptima y definitiva morada en que Dios se desvela y se produce la unión definitiva con Dios.b

 

     

Una última referencia a los valores y leyes morales:

“Como nos enseña C.S.Lewis, las leyes morales son como los colores primarios, siempre las mismas, siempre inmutables; trascienden todas las culturas y todas las épocas, no pueden ser cambiadas, ni reemplazadas ni “superadas” sin destruir nuestra condición humana. No existen, pues, “valores” que en cada época puedan transformar las leyes morales según su “sensibilidad”; puede haber, en todo caso, un refinamiento del discernimiento moral. Pero lo que nuestra época llama “valores” no son sino deseos, conveniencias, apetitos convenientemente rebozados de ideología”. (Juan Manuel de Prada)

 

CM 16-4-2026

 

 

 

            


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