¿CON QUIÉN TE QUEDAS?
Convulso puede ser un término muy apropiado para nuestro mundo actual.
En una situación de general desconcierto emergen dos figuras de potente liderazgo en sus respectivas naciones: Putin en la Federación Rusa y Trump en los Estados Unidos (de Norteamérica). El primero gobierna la nación más extensa del mundo que dispone de una gran riqueza económica (agrícola, energética, científica, técnica, industrial, bélica, mineral, …). Trump acaba de inaugurar estruendosamente su segundo mandato en la nación posiblemente más poderosa del planeta con enormes riquezas (intelectuales, energéticas, científicas, técnicas, industriales, minerales, bélicas, …).
Ambos comparten importantes rasgos: consideran a sus respectivas naciones superiores al resto, son imperialistas y no disimulan sus deseos de tomar lo que consideran de su interés, por las buenas o por las malas. Son perfectamente conscientes del poder que ostentan a nivel mundial y no tienen la menor duda en ejercerlo con autoridad.
Ucrania, desgajada del imperio ruso, se independizó como estado en 1918. Pero un año después, derrotada por los bolcheviques, se constituyó como republica socialista soviética de Ucrania y, como tal, miembro fundador de la Unión Soviética en 1922. Declaró de nuevo su independencia en 1991 (año en qué se disolvió la Unión Soviética). En una constante inestabilidad y fraccionamiento entre la población (pro-rusa y pro-europea), Rusia se anexa la península de Crimea en 2014. En febrero de 2022 Rusia inicia la invasión de Ucrania ocupando hasta hoy el 20% de su territorio: guerra de Ucrania.
A Trump le ha faltado tiempo para manifestar su intención de anexionarse Groenlandia, Panamá y Canadá (de momento). Y ha presentado una factura de 500 mil millones por los gastos de la guerra de Ucrania, avanzando que estaría dispuesto a condonarla mediante la ocupación de la mitad de las ricas minas ucranianas. Con tal encuadre, le ha propuesto al Putin invasor estudiar juntos un acuerdo para finalizar la guerra de Ucrania. Acaban de iniciar conversaciones sus representantes.
La (des)Unión Europea ha mostrado su disgusto (algunos miembros su tímido enfado) por no ser invitados a las supuestas conversaciones de paz para Ucrania (tampoco han invitado a su representante político).
La Unión Europea fue el resultado de un bello sueño de quienes imaginaron un resurgir de Europa tras dos espantosas guerras mundiales, sobre un profundo sentir democrático y unos fuertes cimientos económicos. Ideada para acoger y propiciar la integración y gobernanza en común de los estados y naciones de Europa. La realidad es que efectivamente se han creado unas estructuras formidables para una gran democracia representativa y un prolijo y desmesurado desarrollo legislativo que se han concretado en una burocracia colosal, muy poco operativa y muy desvinculada del sueño inicial de unión política. Hoy no pasa de ser un caro club de 27 estados independientes, ausente de liderazgo y de clara definición de esenciales y compartidos principios y valores.
¿Cómo se va a formar una unión entre estados cuando alguno (España, ¡qué dolor!) manifiesta por boca de sus gobernantes que su propio estado es un “concepto discutido y discutible” y actúa desuniendo a sus regiones y enfrentando a sus ciudadanos? ¡Imposible!
Trump y Putin (que tienen una idea bien definida de a quién representan y aman y que son reconocidos ampliamente por sus representados) pretenden actuar con rapidez para encontrar un punto de encuentro de interés mutuo que permita acabar con la guerra. Para ambos, la (des)Unión Europea no es otra cosa que un obstáculo, un estorbo innecesario (y muy caro) para el fin perseguido. ¡Claro que no tiene sentido invitar a negociar a quien no sabe tan siquiera quien es y, además, promueve la cultura “progre” (en cursi “woke”, o concienciado de puro postureo), defensora de los derechos e ignorante de las obligaciones con la consiguiente contradicción, falsedad y carestía.
Que personas como Putin y Trump lideren el mundo es, a mi forma de entender, una enorme desgracia en términos humanos. Pero yo hoy no conozco potentes contrapesos ni intelectuales ni económicos ni políticos que ayuden a un progreso real.
En lo personal, no me quedo ni con Trump, ni con Putin, ni con la (des)Unión Europea. Y del régimen chino de Xi Jinping carezco del conocimiento que me mejore el mal tufo que me da.
Yo me quedo con el individuo, social, bondadoso, sincero, generoso, esforzado, respetuoso, honrado, humilde, responsable, asertivo, tolerante, leal, empático, amable, pulcro, prudente, discreto, adaptable, solidario, tenaz, sensible, autoexigente, calmo, imaginativo, analítico y maduro. Si, además, ha tenido la paciencia enorme de leer hasta aquí, tiene mi agradecimiento profundo.
Socialmente me quedo con mi familia, con mis amigos, con mis vecinos y con todos cuantos más se aproximen a las cualidades de arriba.
Sólo terminar con un pensamiento de Max Aub: las guerras las deciden unos pocos, las hacen muchos y las sufrimos todos. Añado que los pocos que las deciden, ni las hacen, ni las sufren, las aprovechan para su personal medro material.
18-2-2025
CM
PS:
El primer encuentro entre los que parten el bacalao dicen que ha ido bien y que en poco podrán reunirse los amos Putin y Trump. Éste acaba de descubrirnos que fue Ucrania quien inició las hostilidades (nos habían engañado); añade que en el acuerdo se incluirá el cese del ominoso Zelensky, montarán unas elecciones para simular el nombramiento “democrático” del sucesor que a Putin y Trump convenga. Todo limpio, una nueva historia que será la real, una depredación adecuada del patrimonio ucraniano, poner en su sitio (¿al rincón?) a la (des)Unión Europea, los miles de muertos…, “pelillos a la mar” y los miles de desplazados…, al rincón de la (des)Unión para acelerar el despiece de Europa, la liquidación de su decrépita cultura y su total sometimiento al dúo campeón. La “Nueva Era” que anunció Trump: “sólo el negocio, fuera nada” puede ser un lema muy explicativo.